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El Consolat del Mar recupera su esplendor

El Institut de Conservació y Restauració interviene los 30 metros cuadrados del mural cubista del Palau de la Generalitat, realizado por José Vento en 1951

El Consolat del Mar recupera su esplendor

El Consolat del Mar recupera su esplendor

El mural cubista que José Vento realizó en 1951 en el Palau de la Generalitat luce hoy como recién estrenado. Ha sido gracias a las manos de los técnicos del Institut Valencià de Conservació, Restauració i Investigació (IVCR+I), que durante un año han trabajado sobre los 30 metros cuadrados de la obra. En equipos de dos personas y de manera continuada, debido a las restricciones sanitarias, los profesionales de la entidad han devuelto su esplendor a las imágenes que reflejan el Tratado del Consolat del Mar.

El pintor valenciano José Vento realizó estas pinturas murales en 1951 en el vestíbulo del segundo piso. Eligió una temática pública, como era el Tratado del Consolat de Mar, y lo hizo con una estética moderna, acorde con las influencias cubistas de la época.

Como ya adelantó Levante-EMV, el mural estaba protegido con papel japonés y había estado tapado también años antes con unos tapices por lo que la intervención de los técnicos consistió, entre otros, en retirar ese papel y arreglar los vestigios de los textiles que habían sido colgados y sellados al mural con grapas, así como restaurar las pérdidas cromáticas del original.

Según explica a este diario Margarita Doménech, técnica en pintura mural del IVCR+I que ha estado presente en todo el proceso de restauración de la obra, ha sido un trabajo «laborioso» en cuanto al tamaño del mural y a las restricciones de equipo por cuestiones sanitarias. Recuerda la restauradora que se han encontrado pérdidas de la pintura debido a la fuerte adhesión del papel japonés a la obra, así como restos de las grapas de los tapices que ocultaron durante algún tiempo la obra de Vento.

En cuanto a la eliminación del papel japonés con el que estaban cubiertas las pinturas, los técnicos han realizado las pruebas necesarios para identificar el producto y el sistema de eliminación más idóneo. El papel japonés se retiró mediante brochas blandas y esponjas naturales empapadas en agua tibia.

La limpieza de las pinturas se realizó con alcohol etílico y acetona, como los disolventes más apropiados para eliminar la suciedad. Y en la fase final se estucaron las lagunas y se realizó la reintegración cromática de los faltantes de las pinturas.

Doménech señala, no obstante, que la pintura presentaba un «buen estado de conservación», que les ha permitido descubrir «sorpresas» como un pequeño «arrepentimiento» del artista. «En uno de los tres paneles hemos descubierto que el artista retocó una cabeza y una mano, aunque casi de manera anecdótica», asegura. Además, para asegurar una correcta conservación del mural se ha sustituido la iluminación anterior por leds que no alteren la temperatura a la que se ve sometida la pintura.

El Consolat del Mar recupera su esplendor

De la beca al Palau

Vento se había formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y al finalizar sus estudios recibió una pensión de la Diputación de València para ampliar su formación en Madrid. Al finalizar, buscó un proyecto que le permitiese ampliar su formación al mismo tiempo que desarrollar su arte. Este proyecto fueron estas pinturas murales.

El boceto fue presentado a la Diputación, que le encargó su realización en 1951. En el muro más longitudinal, y en el centro de la composición, se ve al rey Pedro III, en un trono bajo dosel con las armas de la Corona de Aragón, para conceder en 1283 el privilegio a la ciudad de València de poseer el Consolat del Mar. Junto a él hay personajes de la corte, comerciantes y navegantes, mientras uno le muestra el libro que contiene la jurisprudencia mercantil por la que se debe regir esta institución.

En otro mural se ve la mesa donde se ha ratificado el tratado, con el blasón de la Corona de Aragón en su frente, expresado mediante el abrazo entre dos comerciantes o navegantes ante un mural, o suelo, de azulejos blancos y azules, que tienen por motivo decorativo un bajel y unas aguas en clara alusión al tema propuesto; en el tercer mural, otros comerciantes muestran a los navegantes el libro que alberga las leyes por las que se rige el comercio mercantil de los valencianos en época foral.

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