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Antonio Campos, 'La Margot': la alegría que transformó València

Una exposición en el MuVIM reivindica a través de uno de sus pioneros el papel de liberación social que jugó el transformismo en la Transición

Rafael Company, Glòria Tello, Antonio Campos,Rafael Solaz y Juan Barba. | DIVAL

Huyendo de la oscuridad de los años de la dictadura, una nueva generación acude en los setenta al Cap i Casal en busca de nuevas experiencias y aires de libertad. En aquel nuevo ambiente de desenfado y adolescencia democrática, un joven Antonio Campos Ramos (1948) llega desde Bétera, el pueblo que le vio nacer y crecer, a València. Aquella era una ciudad en plena efervescencia cultural donde la noche se había encendido con la apertura de nuevos locales nocturnos, salas de fiesta e íntimos cabarets. Así nace un personaje que hoy es el símbolo de toda una generación, La Margot.

Vestidos, carteles y fotografías, joyas conforman la muestra «La Margot. Trans(formarse) en libertad», inaugurada ayer en el MuVim y comisariada por Juan Barba y Rafael Solaz, homenaje a un artista de indiscutible éxito, ejemplo de coraje e identidad en una València que transitaba de un pasado gris a unas nuevas formas de relación social. Un indicio de que el mundo del transformismo también ha contribuido a que tengamos la sociedad que disfrutamos hoy.

«La Margot representaba la alegría y las ganas de querer cambiar el mundo. Daba luz a un mundo hasta entonces oscuro como el de la homosexualidad» destacaba Carmen Alborch en una entrevista que encontraremos reproducida en la exposición.

Alentado por tres grandes amigos de la infancia, Campos se transformó en La Margot en el escenario de La Cetra. Este local, pionero en ofrecer espectáculos transformistas todas las noches, se convirtió en referente de la cultura nocturna de finales de los setenta.

En 1977, en plena transición hacia la democracia, subió a un escenario y deslumbró a todos transformándose en Sara Montiel. Algo que pronto le valió el apelativo de «La Sarona». Su fama dio origen a un estilo personal e intransferible. De local en local, del escenario al cine, Campos triunfó y se convirtió en alguien importante para las siguientes generaciones, en un referente visible al que admirar.

«Esta es la historia de una generación y de un modo de vida que no se ha visto reconocido. De una cultura obligada a ocultarse que ahora el MuVIM recupera y homenajea, en plena consonancia con las actuales políticas de reconocimiento y ampliación de derechos», señaló Glòria Tello, diputada del MuVIM.

Por su parte, Rafael Company, director del MuVIM, defendió la idoneidad del museo que dirige para albergar una exposición de estas características: «al fin y al cabo -dijo ayer-, la historia de la Ilustración, de nuestra modernidad, es la historia del paulatino reconocimiento y ampliación de los derechos y las libertades del individuo frente al poder, empezando por la libertad de conciencia en el siglo XVII y continuando con la libertad de expresión, de reunión, de circulación, etc. La voluntad de ser, el ejercicio de autoafirmación que hizo Antonio Campos, se inscribe plenamente en ese linaje reivindicativo».

La Margot, La Condesa, Sareta-Sareta... artistas de una València en transformación en los que la ciudad se transfiguró a ritmo de cabaret y lentejuelas. Espacios como La Cetra, Claca o Belle Époque allanaron el camino a la convivencia entre dos culturas, contribuyeron a dar a conocer esa parte de la sociedad que había sido victimizada y perseguida por un régimen autoritario y un concepto de la virilidad y la masculinidad trasnochado, que convirtió al transformista y al travesti (en el contexto del significado de la palabra durante la transición), en icono político y cultural del cambio social.

«Un homenaje a todos los transformistas que sentaron las bases de una protesta con canciones, con lentejuelas. Un canto a la libertad», afirmó Rafael Solaz, comisario de la exposición.

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