Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La novela que deslumbró a Luis Landero

Lola Mascarell publica su primera novela ‘Nosotras ya no estaremos’ (Tusquets), una metáfora sobre la casa contra la cultura de usar y tirar

Lola Mascarell (València, 1979) Fernando Bustamante

A la escritora Lola Mascarell no les molesta ser la tercera Tusquets de Russafa. El editor Juan Cerezo ya se había percatado de la coincidencia en un mismo barrio de Elisa Ferrer y Bárbara Blasco, premios Tusquets 2010 y 2020. ‘Nosotras ya no estaremos’ tiene como escenarios La Pobla de Vallbona, València (calle Quart, Malilla) y Xeraco. «Son unas prosas sobre mi infancia que van tomando vida propia, donde aparecen personajes ficticios que van transformando la historia de mi familia», dice la autora.

Lola Mascarell debuta en novela, pero es una poeta consolidada. Ha dirigido un taller de narrativa y también ha escrito cuentos, prosas poéticas y diarísticas. «Ha sido un proceso lento», confiesa que «no estaba convencida, la leyeron buenos amigos y Luis Landero, a quien le gustó mucho. Me expresó que le gustaba tanto que le veía más páginas».

Y es que la primera novela de Mascarell se queda corta. «Esta es la versión ampliada, sin embargo como procedo de la poesía a lo mejor peco un poco de género breve, me da miedo ponerme pesada», sostiene. Escribe que «La casa es nuestra madre», y defiende la metáfora. «Es una llamada de atención a un mundo en que la cultura del usar y tirar se lo está llevando todo, y es una lucha que debemos tomarnos es serio». El origen está en la crisis del ladrillo de 2008.

La protagonista de ‘Nosotras ya no estaremos’ descubre que la casa de su infancia y adolescencia está en venta, y la amenaza de un comprador acelera todos sus intentos para comprar su memoria. «La protagonista descubre que querer preservar toda esa memoria le está costando un precio muy grande», aclara. 

Durante todo ese proceso intenso se aparecerán todos los fantasmas familiares. «Dentro de la casa está la infancia. Los sujetos que la casa contienen disfrutan de ese doble fuego, por un lado la puerta que abre la puerta del camino a la infancia, a la que todos queremos volver; y por otro lado, la rabieta de que se nos va a ir el mundo».

Huellas

Algunos pasajes recuerdan a ‘La Casa de los Espíritus’ de Isabel Allende. «Es verdad -dice-, y aunque especialmente no es mi libro favorito, como ha estado tanto tiempo en el temario de selectividad y lo he explicado tantas veces, puede que me haya dejado una impronta».

La novela es una rotonda de voces temporales. Mascarell explica que «los primeros textos que escribí estaban en tercera persona, porque hablaba de la niña, y me parecía alguien muy alejado, que no era yo, pero esa trama se fue encontrando con lo que pensaba la adulta en primera persona». La narración cambia las personas del verbo según la vida y a veces se confunden, porque la madre es la hija también, y la abuela.

Hay un poemario de Joan Margarit titulado ‘Trist el que mai ha perdut per amor una casa’. Para la escritora «los amores a veces nos llevan a hacer cosas terribles. Un amor posesivo te hace comportarte como un verdadero idiota», y en el caso de la novela, «el amor por la casa, que es una metáfora, acaba metiéndose en la vida de la protagonista de una forma enfermiza». Con un final imprevisto un 14 de abril, la fecha republicana por excelencia.

Mascarell, Blasco y Ferrer son novelistas de una editorial influyente. Es obligado hablar de si existe una literatura de mujeres. «Existe una voz femenina que está en la novela», responde la escritora y «es importante que la mujer tenga la presencia que no ha tenido en la historia». Aunque no es nada partidaria de hablar de literatura de mujeres o de hombres.

«Feminizarse»

Lola Mascarell insiste. «Al mundo le hace falta feminizarse un poco, prestar más atención a los cuidados. Algo que las mujeres sabemos a hacer y la literatura femenina que habla de eso ayuda a que el mundo se cure un poco».

Ella también estaba en Serra aquel 1 de mayo de 2017 cuando el poeta amigo Antonio Cabrera se accidentó de forma tan grave que murió dos años después. «Fue una de las mayores injusticias que he conocido en mi vida», rememora con aflicción. Aunque se rehace con un aforismo vital: «Los que escribimos es porque no nos queremos morir».

Vivir es escribir, así que Mascarell tiene primera novela, otro poemario a punto de ver la luz -‘Lo demás es del viento’-, y otra novela medio empezada. Ella es la niña que aparece en la fotografía familiar de la portada, que por cierto, será llevada a la pantalla por una cineasta joven.

«La niña no es Lola Mascarell, pero puede ser que sea un trasunto», advierte.

Compartir el artículo

stats