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Alta Definición

Incómoda 'Euphoria'

Zendaya en una imagen promocional de la segunda temporada de ’Euphoria’. HBO Max

Entrar de lleno en la cuesta laboral de enero de precampaña electoral es agotador informativamente hablando. De nuevo sufrimos unos comicios autonómicos interpretados en clave nacional, macrogranjas mediante. Por un lado, el muy estudiado «Más ganadería, menos comunismo» al que no se le puede negar capacidad de síntesis de todo un fondo ideológico. Por otro, el vaivén de ocurrentes declaraciones de líderes socialistas que incluso niegan la importancia del tamaño de las cosas. Como resultado, un inagotable recurso para las escaletas del periodismo de declaraciones y tertulias por doquier.

En este tedioso ambiente el cuerpo me ha pedido entrar en el oscuro universo de «Euphoria», cuya segunda temporada acaba de estrenarse. Como la primera la vimos en 2019, antes de la pandemia, toda una eternidad, y teniendo en cuenta que HBO la emite a la antigua usanza -un episodio a la semana-, he disfrutado de nuevo de los capítulos antiguos antes de volver a la vida de Rue (Zendaya). Recordaba lo mucho que me gustó esa visualmente deslumbrante visión problematizada de la adolescencia que vuela por encima de los tópicos del desenfreno sexual, las drogas y el alcohol en que se mueven los estudiantes de secundaria, según nos cuentan tantas películas y series, sobre todo las ambientadas en Estados Unidos, con esos bailes y fiestas en casas de tres plantas que ya se veían en la muy distinta «Sensación de vivir» y siguen triunfando en reformulaciones de por aquí como «Élite».

A partir de la narración de la drogadicta Rue, en la temporada inicial conocíamos a todo su entorno tratando con naturalidad temas tan complejos como la salud mental, las adicciones, la realidad de las personas trans, el maltrato y los embarazos no deseados. Ahora se retoma la historia explicando al joven traficante, Fezco, a quien su abuela introdujo en el negocio, y los orígenes de su socio, conocido como «Cenicero» por su gusto por las colillas cuando era un bebé. Con la familia de delincuentes en primer plano, la violencia explícita a lo Tarantino ha reabierto la polémica sobre si los menores deben ver la serie. HBO advierte sobre este tipo de escenas y no olvida el indicativo de para mayores de 18.

También Zendaya lo ha dejado claro en sus redes: es un contenido para adultos. Véanla pero, como dice la otrora estrella infantil de Disney Channel, solo si se sienten cómodos y con ánimo para sumergirse en la crudeza de situaciones que pueden no estar lejos de nosotros.

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