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Responsable del proyecto "Màtria"

Irene Ballester: "El arte ha representado a la mujer como madre, santa o pecadora"

"Es importante que un museo se actualice como se actualiza la sociedad"

Irene Ballester Levante-EMV

El Museo de Bellas Artes se ha propuesto profundizar en la perspectiva femenina de su colección y para ello incorporará nuevos itinerarios que ofrezcan una mirada renovada de sus obras. ‘María Magdalena’, de Pedro Orrente, o ‘Éxtasis de santa Filomena’, de Vicente López Portaña, ejemplificarán como el arte ha reducido a la mujer a santa o pecadora. ‘Sagrada familia con santa Ana’, de Nicolás Borrás Falcó o ‘La caridad’, de José Capuz, mostrarán la iconografía de las «madres desobedientes». ‘Venus en la fragua de Vulcano’, de Valerio Castello, y las pinturas de denuncia social de Antonio Fillol se centrarán en los «lastres patriarcales». «Disolviendo fronteras» revisará las masculinidades hegemónicas con obras como el ‘Retablo de los siete sacramentos’, de Starnina, o ‘San Sebastián atendido por santa Irene’, de Ribera. «Tierra, cuidados y familia tejidos en comunidad» se adentrará en la feminidad en el mundo rural a través de ‘Playa de València’, de Sorolla o ‘Salida de misa en Rocafort’, de José Benlliure.

El último itinerario, ‘La construcción del mito del amor romántico’ abordará la ideología patriarcal que sostiene que las mujeres no están completas sin un hombre a su lado, como se aprecia ‘Convite nupcial de Sara y Tobías’, del taller de Marten de Vos, o en el ‘Retrato de Joaquina Candado’, de Goya. La gestora cultural y miembro del Consell Valencià de Cultura, Irene Ballester, es la responsable del proyecto.

¿Plantea una visión feminista, femenina o femenizante del museo?

Planteó un discurso feminista. Parto de cómo han sido representadas las mujeres a lo largo de la historia del arte, con unas iconografías que han sido perversas con nosotros. Hemos sido representadas como madres, como santas o como pecadoras, principalmente. Tenemos unos lastres patriarcales que se han ido produciendo a lo largo de la historia de la humanidad y que incluso hoy, en la cultura visual que nos rodea, se mantiene.

Y ante eso, ¿qué propone?

La posibilidad de deconstruir desde una perspectiva feminista y de género esas formas en las que hemos sido representadas. Hablar de cómo la maternidad, por ejemplo, se ha visto como una obligación; o de cómo hay una constante violencia hacia a las mujeres, como se ve en los martirios. Siempre representamos el pecado y se nos ha representado como jóvenes para ser miradas como objetos sexuales y de deseo. Y ya, cuando entramos en años, nos convierten en brujas.

¿Se puede dar esa vuelta feminista al discurso del museo que apenas tiene obras de mujeres?

La historia del arte ha estado protagonizada por hombres, que son los que tenían la posibilidad de pintar. Las mujeres no tuvieron acceso a las academias y al conocimiento en las mismas condiciones que ellos. Cuando hablamos de genio siempre se habla en masculino, no hay «genias». Nosotras solo hemos sido las musas inspiradoras de los grandes genios. Lo que pasa es que en los últimos años, y gracias al feminismo, se empieza a hablar de Sofonisba Anguissola, de Artemisia Gentileschi, de Dorotea y Margarita, que eran las hijas de Joan de Joanes...

¿Un museo puede ser machista?

Yo no diría eso. Pero sí diría que el conocimiento científico y del arte está narrado y escrito desde el punto de vista masculino. Entonces el museo, como contenedor de conocimiento, es un espacio de predominación masculina porque los reyes, la nobleza, los papas o la iglesia encargaban las pinturas a los hombres. Pero ahora sí depende de los museos la posibilidad de mostrar otras narrativas.

¿Por qué ha titulado el proyecto como «Màtria»?

Porque significa volver al origen. Porque el conocimiento, conforme lo hemos recibido en esta sociedad, es patriarcal y nos ha separado de los afectos, los cuidados y la diversidad. Matria significa para volver a hablar de los sentimientos y los afectos. Y creo que los museos del siglo XXI también han de formar parte de este nuevo lenguaje y de las nuevas relecturas que hablen del género y el feminismo o que reconstruyan mitos como el del amor romántico.

¿Qué puede hacer un museo como el Bellas Artes, que se sustenta del arte de edificios religiosos, para suplir la escasez de artistas femeninas?

No es fácil suplir un siglo XII, XIII o XIV con pinturas de mujeres. Pero sí es importante deconstruir la manera en la que se han narrado y expuesto en los museos. Las obras son las que tenemos pero, por ejemplo, Joan de Joanes nos permite hablar de Margarita y de Dorotea, sus hijas, que trabajaban con él; o podemos hablar de las vírgenes de la leche, que son características del gótico o del Barroco, desde una perspectiva de género. O que al hablar de María Magdalena demos importancia a la huella feminista.

¿Este giro feminista puede ir más allá de las cartelas que explican las obras?

El proyecto tiene un inicio pero yo diría que no tiene un final. Es importante hablar de los itinerarios, de los temas que van a tratar -el cuidado, la tierra, el feminismo, o cosas más concretas como cómo han sido tratadas las mujeres gitanas en el mundo del arte... Eso se ha de explicar en los itinerarios, y una vez estén y la gente pueda recorrerlos, ampliar la información.

¿Qué hay que hacer con las pinturas evidentemente machistas? ¿Esconderlas?

La solución no es eliminarlas pero sí hacer una didáctica, una docencia, como se ha hecho por ejemplo con ‘Lo que el viento se llevó’. Por eso este proyecto de relecturas de género y multiculturalidad lo que nos acerca es otro discurso, que además es transversal y que se puede llevar a cualquier museo, filmoteca o teatro. El feminismo lo que hace es abrirnos los ojos.

¿En vez de en seis itinerarios, no se podría mostrar toda la colección desde esta perspectiva?

El museo tiene personal cualificado que ha establecido cuál es el itinerario principal. Pero es cierto que, desde que lo dirige González Tornell, se le ha dado otra mirada a la colección del Bellas Artes y está abierto a renovarse. Es importante que el museo se actualice como se actualiza la sociedad. El discurso feminista está ahí, y que el museo se pueda adaptar y se abra a la feminización de su colección es maravilloso.

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