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León Benavente

León Benavente: "Intentamos no ser derrotistas, pero el mundo lo pone difícil"

«De la fiesta hay que saber irse cuando dejas de sorprenderte o te acomodas en una fórmula»

León Benavente

El próximo 4 de marzo el Palau de les Arts de València acoge la presentación en València de ‘Era’, su cuarto disco, un trabajo cuyo título apunta «al paso del tiempo y a la idea de nuevo comienzo» en el que la banda liderada por Abraham Boba -que contesta a esta entrevista- sigue la senda electrónica iniciada por su anterior álbum.

¿«El ruido de una era al caer», una de las primeras frases del disco, es a lo que suena hoy en día León Benavente?

Sí, podría resumir perfectamente el hilo conductor de todo este trabajo. El tiempo en sus diferentes acepciones acaba siendo la temática general de las 10 canciones, tratadas de diferentes formas. Y más que como un cambio de era o de paradigma, el disco acaba tratando esa palabra «era» como lo que deja de ser, lo que ya no es.

Pero acaba con una canción a ritmo 3/4 y arreglo de cuerdas que más clásica no puede ser.

Es una canción clásica pero no me desentona con el resto, parece una canción de créditos finales. En este caso, «La cámara de ecos» la hicimos cuando ya teníamos el disco compuesto y sabíamos que íbamos a seguir ese camino entre el rock y la electrónica. Después de explorar otros caminos y llevarlos al extremo, está bien como contrapunto hacer este tipo de cosas.

Piden que el oyente preste «atención completa» al disco al menos una vez. ¿A qué punto hemos llegado para tener que pedir estas cosas?

Al punto de que hay una sobreinformación, que la información que tenemos que consumir cada día es cada vez más amplia y eso reduce el tiempo que se dedica a atender cualquier cosa. La forma de consumir música es cíclica: ahora se consumen canciones cada vez más cortas y eso es algo que ya pasaba hace décadas. Venimos de una generación que entendió la música y a los artistas por unos discos que tenían unas canciones que estaban ahí siguiendo un orden por alguna razón.

Yo, con todos los medios que tenemos ahora a nuestro alcance, lamento no tener la curiosidad, el tiempo, que tenía a los 20 años para explorar discos o discografías enteras.

Totalmente. Pero es verdad que si hubiésemos tenido tanta información seguramente tampoco hubiéramos indagado tanto. Al final es tanta la información y tantos los caminos que podrías seguir que te acabarías perdiendo. Pero ojo, no estoy diciendo que lo de antes era mejor que ahora. Al final todas las formas de escuchar música son válidas, pero a veces sorprende que no tengamos 40 minutos al día para tener una experiencia completa escuchando música.

Cantan que «los viejos rockeros viejos siguen creyendo en el poder de las canciones para el cambio» ¿Ustedes han dejado de hacerlo?

Quizá transformar el mundo sea un poco utópico, pero sí transformar las mentes de los que las escuchan y que cuestionen el mundo en el que viven con más herramientas. Es una de sus grandes magias.

Y otra frase para los viejos rockeros viejos: «Hay que saber irse de una fiesta». ¿Cuáles son las señales para darse cuenta de que ya toca?

Ya no creo que sea tanto cuestión del paso del tiempo o la edad sino las pocas ganas de sorprenderse o acomodarse en fórmulas que se repiten. A nosotros nos guía la necesidad de sorprender y sorprendernos, y creo que ahí las posibilidades son infinitas.

¿Se sorprenderían los León Benavente de hace una década con canciones tan electrónicas como «Mítico»?

El otro día pensaba que ahora que llevamos una década con esto y que nunca hemos dejado de ser un grupo de rock. Pero es verdad que a partir del segundo disco empezamos a meter elementos propios de la electrónica y quizá sea éste en el que lo hemos llevado más al extremo.

También cantan contra la nostalgia.

La nostalgia tiene algo de bueno, que es ver el pasado como una fuente de sabiduría. Pero también tiene mucho de trampa, que es de lo que habla esa canción. Echar la vista atrás y reconfortarte en un tiempo que no va a volver a existir es una trampa.

¿Somos usted y yo, que ya pasamos de los 40, una generación especialmente nostálgica?

Creo que sí. Es un punto en común que encuentro en muchas personas de nuestra generación, bien sea ante objetos o ante referencias pop que están metidas en nuestro subconsciente y que reconfortan de alguna manera y nos hacen sacar los dientes y las uñas ante lo que no entendemos.

¿Y qué tiene la evolución de León Benavente de intento por romper con esa nostalgia generacional?

Bastante, aunque también es verdad hay muchos sonidos que pueden evocar a la década de los 80 en nuestra música. Es la música que escuchábamos cuando estábamos desarrollando nuestro cerebro musical, son cosas que se quedan en el cerebro y que acaban saliendo aunque después hayas escuchado muchas cosas distintas.

El rock «es ir a lo que dé la máquina». Cuando voy a un concierto suyo tengo la sensación de que su público va a eso, a dar lo que dé la máquina.

Dentro de lo reflexivo que puede ser el discurso de León Benavente, e incluso a veces solemne, puede llegar a ese punto, sí. Puede ser hedonista pero no frívolo. Sin ser un grupo de canciones hiperluminosas o hiperfestivas, sino que más bien suelen partir del lado oscuro de la vida, esa mezcla entre cuestionarse la vida a tu alrededor con un desenfreno y una energía vital es la que hace que los conciertos sean especiales.

La «era de acuario» invitaba a la alegría hippy, pero la «era» de León Benavente no parece demasiado optimista.

Intentamos no ser derrotistas y tirar de vitalidad para seguir adelante como seres humanos, pero nos lo ponen difícil, el mundo no pinta nada bien.

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