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Entrevista

Santiago Sierra: "Vivimos en un régimen sádico, solo así se explican las dificultades y el deseo de hundir"

Una instalación que simulaba una cámara de gas en una sinagoga alemana, la pieza ‘Presos políticos’ o el ninot de Felipe VI que levantó ampollas en ARCO son algunos de los hitos de un creador que ha levantado en Artà un muro de 171.000 litros de agua para recordar el drama que viven los inmigrantes en el Mediterráneo

El artista Santiago Sierra ha dividido Artá con un muro de 171.000 litros de agua del Mediterráneo

El artista Santiago Sierra ha dividido Artá con un muro de 171.000 litros de agua del Mediterráneo. B. RAMÓN

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El artista Santiago Sierra ha dividido Artá con un muro de 171.000 litros de agua del Mediterráneo. Gabi Rodas

Santiago Sierra es uno de los grandes atractivos de una nueva edición, la número 17, del Cool Days Festival. Una instalación suya clama contra el drama de la inmigración en el Mediterráneo en la plaça del Conqueridor de Artà.

¿Qué le atrae de un festival como el Cool Days? 

Sé que el año pasado estuvo Regina [José Galindo] y que el festival acaba de introducir las artes plásticas en su programación, así que yo, encantado. El lugar, además, me parece que no es carente de interés, tiene magnetismo y potencia como para plantear algo.

¿Qué es lo que decidió plantear?

Pues trabajar con lo que había aquí, con esos bidones de mil litros de agua tan presentes en el campo. Al final la obra ha sido un poco coral, porque los vecinos, gente que tiene pequeñas industrias, han ido colaborando. Me gusta mucho esa idea de participación popular en la construcción de una obra. Hay veces que casi te traes la obra en helicóptero al lugar, en este caso no, ha surgido aquí, y pretende ser lo más natural del mundo.

¿Cómo surgió la idea de levantar un muro de 171.000 libros de agua del Mediterráneo en medio del pueblo de Artà?

En el origen está la pronunciación de una metáfora. Río Bravo es una muralla, como también lo es el Mediterráneo. Esto, que lo podemos decir a nivel metafórico, de repente con la escultura lo puedes hacer real, lograr que la metáfora sea algo visualizable, algo que en efecto parta la plaza y no se puedan ver los que lo hacían habitualmente. 

No es el primer muro que construye. 

El muro es un elemento que define muy bien nuestra época. De hecho mi trabajo empieza con la caída del Muro de Berlín. Aquello me dejó muy marcado. He hecho muchos muros con este carácter militar, como el de Wiesbaden [en la Bienal], que eran 333 metros de un bastión prefabricado, enrollado en contenedores, que se sacó en cuestión de minutos para dividir el pueblo. O el que hice en Londres, con un alambre de espino muy chungo, que se te mete en la piel y te destroza, de un sadismo… Son obras con ese sentido de aplicar el ideario libertario en contra de las fronteras, de la gente que impide el movimiento de la persona que busca una vida mejor, en contra de la barbarie. Porque si entendemos como civilización la solidaridad y la ayuda mutua, lo que tenemos actualmente es barbarie pura, sobre todo por parte de lo que llaman países del primer mundo. 

Una barbarie que parece no tener fin.

Creo que todo se pondrá peor. Los tiempos se pondrán mucho más chungos sencillamente porque se están agotando los recursos. No habría por qué preocuparse, se podrían repartir, y estudiar la manera para que todos tuvieran acceso a todo, pero las cosas en el mundo no son así y me imagino que se lo quedarán tres o cuatro y el resto intentará huir de su condición, y esto irá a más, a más y a más. Las migraciones que estamos viendo por ejemplo ahora de Centroamérica hacia Norteamérica son inéditas, y lo que está viniendo ahora, desde que se sacudió todo el polvorín de Oriente Medio con la guerra de Siria. Ahora mismo, los tipos que ponen fronteras, muros y alambres de espino, y los que fabrican armas están más felices que nunca. Ya no es que estemos en un momento de negación de la solidaridad y la ayuda muta, parece que estamos en un momento como de sadismo, con un régimen sádico, solo así se explican las dificultades y el deseo de hundir. También me gustaba, en este ambiente que hay ahora en el que solo se habla de una guerra, de un problema, abrir un poco el objetivo. La realidad es muy compleja. El estar callándonos tantas guerras y situaciones que podrían mover nuestra empatía como las de México, donde es más fácil morir asesinado que en una zona de guerra, dice mucho de un racismo institucionalizado, de una pertenencia a una organización militar. Está claro que lo que nos estamos chupando es propaganda de la OTAN.  

¿El arte sirve para derribar barreras?

No. Los artistas no podemos hacer mucho. Lo hacemos porque los pajaritos pían y los artistas hacen arte, y hablamos de lo que pensamos, pero la realidad está muy bien armada, con armas nucleares, polis, porras y muros. El arte bien poquito puede hacer.  Tengo la impresión de que vamos en un coche a toda velocidad con un conductor pirado que nos va a estrellar y no podemos hacer nada. Creo que estamos en esa situación. Esta pantomima de civilización que tenemos montada está en una crisis de existencia. Tiene la pinta de que todo se va a ir al carajo.

Quizá un día nos rebelemos y le demos la vuelta a la tortilla.

Quizá estemos muy cómodos. Yo creo que las revoluciones se acabaron y los que están al mando tienen a la gente más inteligente, a los más poderosos. Estamos muy jodidos como para poder cambiar las cosas. 

¿Usted se siente un artista en la trinchera? 

Yo soy un artista disidente occidental. Los que gustan en Occidente suelen ser los disidentes chinos o cubanos, pues yo soy un disidente español. Cada país trata la disidencia de una manera. 

Recientemente se ha instalado en la vecina Menorca. ¿Le reprocha algo a Mallorca, la isla de la calma frente al horror de los migrantes, la isla de los millonarios, el cemento y la corrupción?

¿A quién se le voy a reprochar? Al Estado y al capital se lo reprocho todo, de hecho creo que no deberían existir. La gente realmente tiene un problemón aquí, parece que vivir en un sitio bonito es una condena. No me explico dónde van a vivir los enfermeros, los camareros, los que construyen las casas. Si todo es turismo y todo vale una fortuna... ¿Cuál es el futuro?, ¿se van a poner copas los millonarios entre sí?

Siempre polémico, la lió incluso durante el confinamiento, con las colas del hambre.  

Han sido dos años de poco trabajo. La última pieza que hice fue muy criticada. Salimos de la pandemia y me puse a grabar las filas del hambre que había en Madrid, unas colas que no se veían desde la posguerra. Lo hice público y empezaron a decir: este se quiere beneficiar, quiere sacar pasta de la pandemia. Trabajar en España es eso, te dan cera por cualquier cosa.

Cuando le dan cera, ¿señal de que va por el buen camino?

Claro, ladran luego cabalgamos. Lo que pasa es que yo tengo una difícil situación, porque también tengo que conseguir seguir subsistiendo, vendiendo. Y ahí te lo dificultan un poco. Por ejemplo, cuando me dieron cera por la pieza de los Presos políticos la verdad es que me vino muy bien porque nadie hablaba de ese tema y al día siguiente lo hacía toda España, incluso se tuvieron que inventar un término nuevo, políticos presos, como para desdecir lo que yo estaba diciendo. Eso me gustó. Pero a veces te asfixian, como sucedió con el ninot [del rey Felipe VI] que hicimos en ARCO. La asfixia fue tal que no pudimos vender. El interés del Estado era que aquello no se vendiera. Y se hizo todo lo que se pudo para ello, incluso el director de ARCO salió en los medios diciendo que no se comprara. 

¿Tiene las puertas cerradas de ARCO?

ARCO no puede. Yo tengo galerías que van a ARCO y seguiré yendo. Pero por supuesto no me lo pondrán fácil. 

¿Usted asiste como espectador a ARCO?

No, no me gusta. Paul McCarthy, el artista de Los Ángeles, decía que las ferias de arte es como ver follar a los padres. Es decir, sabes que existe pero prefieres no verlo. Que el evento artístico más importante de España sea ARCO es muy triste.

¿Trabaja con la música?

He hecho varios discos, pero de ruidos, como el de Europa. Una cara es el himno de Europa al revés, suena como satánico; y la otra cara son todos los himnos de Europa a la vez, un bonito escándalo. Uso el sonido como uso los objetos en la arquitectura, por su carga simbólica, por el impacto. 

¿Le gusta Albert Pla, otro artista marcado por la polémica?

Sí, le vi en Menorca el verano pasado y me gustó cómo empezó, diciendo «buenas noches Madrid». Y cantó aquella de «sálvese quien pueda que están cayendo bombas en Madrid». Se me cayó el lagrimón. Albert Pla tiene esa capacidad de emocionarte con lo político. Me mola su propuesta. 

¿Está cómodo viviendo en una ciudad como Madrid?

Cuando entró el fascismo en Madrid cantaban «ya hemos pasado». Y es que ya han pasado, se quedan en Madrid, es suya, es una ciudad de fachas, un horror. Y ganan y ganan y ganan y sabemos a lo que van, son ladrones, gente que tiene una concepción patrimonial del Estado, todo es suyo y los demás somos gentuza que merecemos ser excluidos y marginados. Sea Ayuso o sea quien sea. Si te quitan a esa te ponen a otra sinvergüenza. A los delincuentes los fabrican en el barrio de Salamanca. 

En el Teatre d’Artà algunas de sus obras serán protagonistas de una proyección, como ‘126 fotografías de dientes de migrantes en Tijuana’ o ‘Bandera nacional sumergida en sangre’. ¿Santiago Sierra tiene bandera o prefiere quedarse solo con el palo?

Mientras existan banderas ondearé la bandera negra libertaria, que va en contra de todas las demás. Es una bandera provisional. 

¿Alguna vez le han amenazado?

No hay que darle tanta importancia a eso. Creo que es normal. Tengo el correo que echa humo, pero esto es así en España, ya me he acostumbrado. Aquí parece que los fachas son buenos. 

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