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Gato Fernández: "Al día siguiente de que tu padre abuse de ti, la vida sigue"

La dibujante argentina narra en la historieta autobiográfica 'La sombra de la cucaracha' cómo vivió siendo una niña los abusos sexuales a los que la sometió su progenitor

Gato Fernández, en Barcelona. Ángel García

En las guardas de ‘La sombra de la cucaracha’ (Astiberri) aparece la pequeña Lucía vestida con armadura en actitud de guerrera medieval. En páginas interiores usará su espada para partir en dos a un demonio negro, a esa cucaracha del título, que de noche, desde que tenía unos cinco años, entra en su habitación y abusa sexualmente de ella y que no es otra que su padre. Lucía es en realidad Cecilia. Hoy tiene 34 años. "Dar con esa licencia de la espada fue un alivio, hallé la forma de defenderme después de tener un ataque de pánico al dibujar la escena de la violación unas páginas antes". Prefiere que la llamen Gato, apodo tomado de un personaje femenino de El Loco Chávez, serie del reconocido guionista argentino Carlos Trillo, del que aprendió y para el que dibujó algunos trabajos. También fue su maestro el dibujante Horacio Lalia.

Gato Fernández (Buenos Aires, 1987) ya leía cómics y dibujaba de niña junto a su hermano, algo mayor. Ahora, antes de ir a Madrid y a Italia, acaba de llegar a Barcelona en el que ha sido, enumera divertida, su primer viaje en avión, su primer viaje sola y la primera vez que sale de su país para presentar su primer cómic largo: ‘La sombra de la cucaracha’, autobiográfico, valiente, honesto, duro y necesario. Prevé tres volúmenes más. El título original es ‘El golpe de la cucaracha’, que en francés alude a sufrir una profunda depresión, porque, asume, sigue lidiando con ella. "Hacer el cómic fue como el palo y la zanahoria que me lleva a continuar. Cuando lo vi en papel y pude agarrar con mis manos el libro, con sus tapas... el haber elegido yo el género, escrito yo cómo narrar esta historia real de mi vida, desde mi pluma, mi lápiz... Hacer el cómic fue empoderante, pero no me salvó de nada. Tengo un trastorno de ansiedad, pánico y depresión, pero definitivamente soy una persona más estable y ansío seguir adelante". 

'La sombra de la cucaracha'. Gato Fernández

Gato vivía con sus padres, a los que ella siempre llama "progenitores", su hermano y su abuela. "Es impresionante el número de supervivientes de abusos sufridos en el entorno familiar", lamenta. "Al día siguiente la vida sigue. Es así: la casa, el abuso, la violencia, pero también el jardín de infancia, los compañeros del colegio, las maestras… la vida de una niña".

Mi progenitora me confesó que ella sabía que mi progenitor abusaba de mí y que no le parecía importante

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Los abusos duraron una década. "No hay una manera correcta de rehacer tu vida. Haces lo que puedes. Yo intenté suicidarme antes de hacer el libro. No me considero valiente por haberlo hecho. ¡Me intenté suicidar! No fui valiente. Pero fue mi manera de llevarlo", se sincera. "Ahora tengo una psicóloga fantástica, ha habido varias que me han ayudado muchísimo. Pero antes pasé por un montón de psicólogas del horror", lamenta. La primera aparece en el cómic: brusca y tan directa que solo consiguió que la niña enmudeciera.  

Gato Fernández. Ángel García

A la consulta la había llevado su progenitora, psicoanalista, cuando la madre de una amiga le contó que la había oído preguntarle a su hija, mientras jugaban, si su "papá también la tocaba bajo la ropa". Pero no la protegió. Sus padres tenían continuas peleas, él le gritaba que la iba a matar. Acabaron divorciándose, pero no por los abusos. "Ella no era una persona estable, tenía mucha agresividad y se desquitaba conmigo. Tenía muchos conflictos internos y era violenta. Al divorciarse yo entonces me sentía en deuda con ella por haberme sacado de la casa de mi progenitor y abusador. Necesitaba pensar que mi madre era mi protectora, porque si no era así significaba desamparo. Pero me confesó que ella sabía que mi progenitor abusaba de mí y que no le parecía importante y no había hecho nada. Decírmelo fue lo mejor que hizo en su vida". Gato explica por qué: "Las madres cómplices nunca lo dicen. Y ella lo dijo para que supiera que no era buena y me alejara de ella. Y me fui de casa. Irme fue mi salvación. Si me hubiese quedado me habría vuelto loca". Tenía entonces 20 años.

Llevamos una marca que no se borra, que queda para siempre y es una mochila muy difícil de llevar. Somos sobrevivientes de abusos

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"A otras víctimas solo puedo decirles que ni yo puedo llevarlo. Que pasaron por situaciones difíciles y que merecen todo el respeto hagan lo que hagan -recalca-. Que no somos seres de luz, ni guerreras, solo personas que pasamos por algo terrible, que llevamos una marca que no se borra, que queda para siempre y es una mochila muy difícil de llevar. Somos sobrevivientes de abusos". 

'La sombra de la cucaracha'. Gato Fernández

Gato, que ha publicado en revistas como ‘Fierro’ o ‘Clítoris’, ha sido activista contra la violencia machisten movimientos feminista y LGTBIQ+ en Argentina y ha ayudado en muchos casos de abusos a menores y de adultos que denunciaban lo que les pasó de niños. "Vi que muchos patrones se repiten", dice apuntando a efectos como "la hipersexualización o lo contrario, la negación del sexo". "Como activista, lo último que hice fue armar un grupo contra el músico Cristian Aldana, un violador serial de menores. Llegaron muchos testimonios y amenazas. Hicimos una denuncia conjunta y acompañamos a víctimas a declarar". Fue condenado a 22 años. 

Una niña no puede soportar recordar tantas escenas de abusos. Hay que reprimirlos hasta que puedas afrontarlos

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En el cómic, Gato utiliza como recurso seres imaginarios: unos ratones antropomórficos. "En mi casa, desde niña la sexualidad estaba muy presente, no solo por el abuso. Yo estaba hipersexualizada y descubrí la masturbación a edad muy temprana. Por un lado, los ratones son como compañeros de las fantasías de Lucía, que no tienen nada de malo porque la sexualidad infantil existe, lo malo es cuando un adulto interfiere en ella. Pero los uso también como herramienta de protección y mecanismo de defensa. La protegen de la realidad". Cuando su padre se mete en su cama, los ratones le tapan los ojos y le dicen: ‘No veas, Lucía. Para esto sos muy chiquita’. "Dicen que no debes reprimir los recuerdos, que hay que sacarlos. Pero una niña no puede soportar recordar tantas escenas de abusos. Se volvería loca. Hay que reprimirlos hasta que puedas afrontarlos".  

'La sombra de la cucaracha'. Gato Fernández

Tiene también Gato palabras para los adultos. "Lo importante es que siempre crean a las hijas. Es imposible que una niña invente una escena sexual porque es algo que desconocen completamente. Y cuanto antes les den protección mejor lo llevarán después. Saber que las proteges les puede cambiar la vida". 

Puse una denuncia, aunque sabía que no iba a progresar, porque mi progenitora y mi hermano no iban a declarar a mi favor

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Gato denunció a su padre. "Me pareció que era lo que un adulto tendría que haber hecho por mí. Aunque sabía que la denuncia no iba a progresar, porque mi progenitora y mi hermano no iban a declarar a mi favor". Hacerlo habría significado que eran cómplices. "Pero creo que yo era una persona adulta y era lo que debía hacer. Denunciar es un derecho, incluso si el delito ha prescrito, incluso si no llega a juicio, incluso si te tratan de loca. Hay que denunciar para que quede constancia del abuso sexual", dice con firmeza. 

'La sombra de la cucaracha'. Gato Fernández

Tiene claro que, aunque hay lectores a los que les cuesta acercarse a temas tan duros, seguirá escribiendo y dibujando. Espera que del libro salga una película de animación. Lamenta que haya tan pocos cómics que traten el abuso, dice citando ‘La muñequita de papá’, de Debbie Drechsler, o ‘Una entre muchas’, de Una. "Y seguiré hablando de ello en voz alta. Cuanto más se hable, mejor: ayuda. No hay que ocultarlo porque no es una vergüenza. No es tu culpa". Gato, una superviente, a la que en casa esperan su perro, su gata y su gato. 

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