Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Anatxu Zabalbeascoa | Periodista.

«En cada entrevista tiro del hilo sin saber lo que me voy a encontrar»

«Hay una diferencia entre lo que es cotilleo y lo que cambia la percepción de una persona»

Anatxu Zabalbeascoa en València. Fernando Bustamante

La periodista Anatxu Zabalbeascoa lleva muchos años llevando a cabo algunas de las entrevistas más interesantes y conmovedoras del plano cultural nacional e internacional. Cada encuentro lo planea al detalle, lee cada letra de la biografía de quien se le pone por delante y, si le dejan, el reloj se para en sus encuentros. La editorial Círculo de Tiza recopila ahora en el libro Gente que cuenta cerca de una treintena de sus entrevistas con prólogo de Antonio Muñoz Molina. Zabalbeascoa presenta hoy el libro en el Ágora de la plaza del Ayuntamiento en el marco de València Capital Mundial del Diseño.

En el libro, al final de cada entrevista, recoge las circunstancias de cada encuentro. ¿Cómo se le ocurrió?

Tengo una frase que es «las dificultades del periodista para acceder a la información no forman parte de la información». Por eso, cuando me propusieron esta antología decidí hacer estas codas que significaran algo más cercano y real para todos: para un estudiante de periodismo, para un periodista o cualquier persona. El mayor avance que se está haciendo en la sociedad es la transparencia y la verdad y esto se refleja en todo.

Ahora es usted la entrevistada. ¿Cómo se ve desde el otro lado?

Desde el otro lado es raro, pero cuando haces una pregunta tú también te la haces a ti. Estás acostumbrada a pensar las cosas. Una pregunta nace, a veces, de una inquietud y, otras veces, de una respuesta que tú ya tienes pero quieres cuestionar. En realidad, no veo tan distinto preguntar y responder.

¿Le han dejado muchas preguntas sin contestar?

No. Seguramente porque elijo bastante a los entrevistados. Nunca he trabajado para un medio, siempre he estado fuera. Nunca propongo cosas de agenda o presentaciones. Siempre son inquietudes propias. No es gente que dé 30 entrevistas y ponga sus normas. Son gente que quiere hablar y tiene algo que contar. Nunca me han dejado un pregunta sin responder. En todo caso, no responder es también una respuesta y lo he intentado reflejar. Sí recuerdo dificultad en una contestación o adelantarme en algo que veía que iba a tropezar. Yo lo que hago es tirar del hilo sin saber lo que me voy a encontrar. Hay que preparar la entrevistas y leer todo lo que puedas.

¿Cómo ha hecho la selección de personajes de este libro?

Ha sido a golpe de estómago, corazón y cabeza. Las que me parece que aportan más y que reflejaran una diversidad. Tendemos a encasillar a la gente. A mí me han encasillado porque llevo muchos años escribiendo de arquitectura, diseño, ciudad, cómo se vive en ellas. Por eso quería que el espectro fuera muy amplio, que el diseño y arquitectura representara el papel que tienen en la sociedad y en la vida, que es uno pero no el principal. Quería hacer un puzzle con todos mis intereses y la gente fantástica que he tenido la suerte de entrevistar.

La nómina de sus entrevistados da para segundas partes.

¡Sí! En principio quisimos seleccionar 20 pero la editora es una entusiasta. Ahora quiere hacer otro libro pero yo también quiero dejar respirar un poco a los lectores.

¿Quién le ha sorprendido para bien?

Voy preparada para que a quien entrevisto no sea simpático. Yo creo que es parte del oficio. Me sorprende cuando son generosos con el tiempo, la información, la autoexigencia. Eso es el mayor goce. Me pasó con Luis Rojas Marcos hablando de sus problemas. Imagínate a un psiquiatra que te habla de sus problemas no resueltos. Me pasó también con Elvira Sastre, que me contó una confidencia que está en sus poemas pero que no la había tratado. Me dijo que cuando alguien se ha tomado el interés de querer saber de tu vida, merece saberlo.

Su primera entrevista fue atropelladamente en un taxi, hoy defiende la paciencia en los encuentros. La era digital no parece permitir esos lujos.

Mis entrevistas son a gente que tiene una vida por contar y esto es lo que yo quería hacer cuando empecé a estudiar. Lo quería porque siempre me han interesado las biografías, de la vida de los demás se aprende y desaprende, sobre todo cuando comunican verdad. Eso es algo que no se puede forzar. Sientes que hay una verdad y eso requiere un tiempo. Propongo a la gente que creo que tiene ganas de hablar y creo que puede ayudar a ampliar la mirada de los demás. En una hora no me sale bien.

¿Qué queda de la Anatxu de esa primera entrevista?

Creo que he cambiado poco. Se madura, pero soy una persona con ese componente de locura de lanzarme. Ahora presento en València un podcast. ¿Quién me iba a decir que con 55 años iba a tirarme a esa piscina? Pero no quiero arrepentirme. Si cumplo 75 años no quiero arrepentirme de lo no hecho.

¿Cómo sabe hasta dónde arriesgar con las preguntas?

Es instinto, pero si te pones a hablar con alguien que no conoces no empiezas por ahí. Empiezas como con alguien que te encuentras y tienes cosas en común. Hay veces que piensas que ya no puedes seguir. Hay muchas cosas que he decidido no publicar porque veía que alteraban la trayectoria vital de la personal. Hay una diferencia muy grande entre lo que es mero cotilleo y lo que cambia la percepción de una persona. Es como desnudarse en una película. Hay veces que es necesario y otras que no y solo es para ganar público.

¿A quién le hubiera gustado entrevistar?

A Milan Kundera, Philip Roth,... A muchos escritores porque me interesa mucho sus vidas. Soy mucho de la parte cultural y científica por curiosidad. También a algunas de las grandísimas mujeres a las que les costó tantísimo entrar en la historia, como Aino Alto, mujer de Alvar Alto. Y Marie Curie hubiera sido un flipe.

De hecho, en su antología hay mucha entrevista a mujeres.

He entrevistado a más mujeres que hombres. No era intencionado es que era un campo por explotar. Yo se lo decía a mis compañeros: os las estáis perdiendo.

Compartir el artículo

stats