12 de enero de 2011
12.01.2011

Los filósofos de la indiferencia

12.01.2011 | 01:00

José Luis García Nieves

L
a psicología, esa ciencia que no deja pose con cabeza, define el complejo de superioridad como un mecanismo de reacción ante el propio sentimiento de inferioridad, tratando de que los demás se sientan aún más débiles. Lo identifico en la Valencia deportiva cada vez que se acerca un derbi. Ya van para seis los años que llevamos escuchando la cantinela de la ausencia de rivalidad, concretamente desde que mi equipo cometió la insolencia de ascender a Primera División y ocupar apenas una esquina de ese espacio de la ciudad en el que el Valencia CF lleva arrellanado por méritos propios algo más de 80 años.
"No hay base histórica para la rivalidad." Qué perspicacia destila el artículo del lunes en estas mismas páginas de mi amigo, el xoto Vicent Chilet, metido ahora a psicoanalista. Los autores de la Historia del Llevant UD somos los primeros en aclarar los términos sin complejos en cada revisión histórica del derbi en la ciudad de Valencia, un trabajo de arqueología hemorográfica en su mayor parte. Lo curioso viene cuando la idea se usa como arma arrojadiza ante la inminencia de cada duelo; y no en una charla de café, sino negro sobre blanco, desplegando todo un andamiaje ideológico como el de Chilet.
Por fortuna el domingo tuvimos en Orriols a la elegante representación de Mestalla para bajarnos de las alturas y explicar la situación de un modo más prosaico. Al recital de improperios de costumbre se añadió este derbi el homenaje a Ballesteros y sus mejores deseos para todos nosotros en este 2011. Debe ser cosa mía, que no entiendo la forma que los xotos han escogido para expresarnos su cariño paternal.
Comprendo el desconcierto y hasta la reacción -los granotes somos expertos en traumas-. Debe de ser complicado asumir la aparición de un nuevo actor, por marginal que sea, para una afición acostumbrada a ver cómo sus circunstancias ocupan cada plano de la realidad. Y la reacción más instintiva es la autoafirmación, ya sea en forma de balido desde la grada o como análisis presuntamente desapasionado y amistoso. No hay forma más humana de hacerlo que comunicarle al otro lo insignificante que le parece. En Orriols también añoramos un enfrentamiento como los que colapsan las grandes ciudades futbolísticas. Pero no me trago que esa argumentación tan bien armada del lunes sea la fórmula con que la intelectualidad mestallera define la indiferencia. Yo también os deseo que las cosas os vayan bien -tú ya me entiendes, Chilet-. Y que crezca el derbi.

?Co-autor de Historia del Llevant UD

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