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Adiós a los 'días festivos'

"Hoy hay gente que ya no cree en esos días festivos, sino que más bien los aprovecha para seguir construyendo sobre los pedazos rotos de su estabilidad"

Más de uno estará mirando el calendario y sintiendo cierta nostalgia de esas pequeñas pausas que nos han dado los días festivos durante estos primeros meses del año. Solo en algunas localidades, y especialmente en Alicante con las fiestas de San Juan, tendrán alguno más antes de las vacaciones de verano, en algún caso, o del 15 de agosto, en el de todos. Estos días festivos se han movido siempre en la sintonía de un supuesto efecto «recuperador» clásico: nos han enseñado a mirarlos como aquellos días en los que por fin podemos hacer otra cosa distinta a trabajar, y así desconectar o disfrutar del simple paso del tiempo. Pero ahora, tanto en lo obvio cada vez cuesta más tener o mantener un trabajo como en lo menos palpable pero igualmente real nuestras emociones son ahora diferentes, la llegada de esos días adquiere un matiz sensiblemente distinto.

Ya no son lo mismo porque en esta era del cambio y de terremoto permanente, los cambios tecnológicos se han topado con un aliado instigador de nuestro desasosiego: la crisis económica. Y también la política y, por qué no decirlo, también la social. La base sobre la que durante tantos años hemos construido nuestra tranquilidad se ha desplazado y amenaza con no volver. Son, para muchos, días de lucha, de mirar la cuenta bancaria, de buscar implacablemente la mejor manera de ahorrar, de buscar formas y caminos de ganarse la vida; y para los que la situación no es grave en su particularidad, son días de encontrar alrededor solo tristeza y desamparo, que les lleva a bajar el volumen de su felicidad en este clima de generalizada depresión. Y en medio de todo eso, ahí llegan los días festivos. «¿Para desconectarnos de qué exactamente?», se empieza a preguntar más de uno, que lo que en realidad desea es poder «conectar» de nuevo o por fin. Y con ellos llega también el descontrol para comercios, empresas y profesionales, que tienen que compaginar su ritmo con el de sus clientes o consumidores, que van desapareciendo en días alternos.

Para cualquiera que trabaje dirigiendo sus esfuerzos a conectar marcas con sus audiencias, este prisma debe ser plenamente conocido y correctamente aplicado. Pero no basta con quedarnos en la superficie visible, sino que tenemos que ir un poco más adentro. En este consabido clima de tensión, los días festivos suponen también el encumbramiento de un movimiento igualmente evidente: el optimista y que reclama en voz alta un futuro mejor. Porque en mitad de este caos, empieza a salir a flote una corriente en alza de personas que se enfrentan al negativismo, que le dan la espalda y quieren recuperar los mandos de su presente desbocado. Gente que se retroalimenta en las redes sociales con mensajes evocadores, que empiezan a practicar deporte con retos en mente, que intentan ganarse la vida con sus propias manos, que recorren sus recuerdos o hábitos para encontrar algo por lo que luchar con fuerza. Gente que se reinventa, por motivación o necesidad. Gente que no cree ya en esos días festivos, sino que más bien los aprovecha para seguir construyendo sobre los pedazos rotos de su estabilidad. Es gente, en definitiva, que le da el mismo valor a cualquier día en el calendario, independientemente del color de fondo o de esos viejos mensajes de «descansos merecidos».

Optimismo o negativismo

Ni uno ni otro movimiento es mejor o peor que el opuesto. Es solo una dualidad que se evidencia aún más en los días en los que el calendario demanda una pausa. Esta crisis ha partido en dos muchas cosas, y entre otras nos ha vuelto más emocionales, acercándonos a los extremos de las sensaciones y formas de ver la vida. Nos ha polarizado en torno al optimismo o negativismo. Y desde el mundo de las empresas y de la comunicación o publicidad, comprender estas emociones sobre las que el consumidor construye su mirada al hoy y al mañana, es vital para ser capaces de seguir conectando con ellos.

Y dentro de estas tensiones, entender la responsabilidad desde las empresas por ayudar a nuestro público a visualizar un futuro más optimista es toda una declaración de intenciones que encaja hoy más que nunca en sus emociones revueltas, que necesitan de miradas positivas. Percibiendo también que muchas cosas están poniéndose en tela de juicio ante un presente que se aleja a pasos agigantados de un ayer en calma. Significados divergentes a los conceptos de siempre. Incluso una «pausa» marcada en el calendario de la nevera tiene ya una connotación variable en función de cómo observamos la vida.

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