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Consumo luego existo

Empleo en la era digital

Las nuevas tecnologías han implantado un nuevo sistema de relaciones, de ritmos y actitudes en el ámbito del consumo. No cabe ya ninguna duda de que las generaciones nacidas al amparo de los medios de información y comunicación digitales tienen otros impulsos, buscan otro tipo de contacto y mueven un futuro ya mucho menos lejano —y por tanto de creciente trascendencia económica—. Lo vemos día a día en infinidad de contextos y situaciones, que evidencian sin tapujos los diferentes puntos de partida en el calendario de las últimas décadas. Cambios que en mayor o menor medida las empresas y marcas adoptan como propios, tratando de seguir tendiendo puentes hacia generaciones que cada vez más circulan y maduran a una velocidad diferente, sabedores de que entre ellos están sus futuros clientes. Pero también lo hacen estos, los nuevos ciudadanos de datos y bits en los genes, en otros ámbitos más allá del puramente comercial. Y una de esas esferas, que estas fechas tras el regreso de las fiestas y celebraciones varias concatenadas a lo largo y ancho de la Comunitat Valenciana comenzará a estar en primera línea de prioridades de universitarios y estudiantes, es la de la búsqueda de empleo.

La comprensión e interiorización de la gran mutación sufrida por la clásica forma de abordar la búsqueda de trabajo es aún hoy una ventaja para muchos jóvenes, y también un obstáculo para otros tantos. Idéntica ecuación se encuentra en edades más adultas y en experimentados, y en reconvertidos a otro sector. Hoy, en la búsqueda de empleo y en las oportunidades para obtenerlo se incorpora un ingrediente nuevo que marca la diferencia y que hace caer cruelmente de uno u otro lado: la adaptación tecnológica y la visión y cuidado sobre su vida digital del propio candidato. Estar en uno u otro equipo no depende ya tanto de edades, ni de formación, ni de experiencia. Depende más bien del propio interesado y de los procesos para lanzarse en la búsqueda —o para posibilitar ser encontrado—, de comprender la importancia de una «marca» personal cuanto menos cuidada en la esfera digital o de entender cómo y qué valoran ahora los reclutadores de un talento cada vez más disperso y que es fácil de encontrar en la Red que a todos nos ve. En este mercado cada vez más cambiante, son ahora vitales profesiones que no existían hace escasos años y serán muy relevantes otras tantas que los estudiantes que cierren los libros en unos meses ni siquiera conocerán de su existencia porque aún no han sido creadas.

Para comprender mejor qué está pasando y por qué es tan relevante, solo hace falta poner el foco en cómo la tecnología modifica nuestra forma de actuar. Cómo ha calado en esferas de edad que crecieron en vidas analógicas, hasta el punto de convertirse en insustituibles. Para más tarde girar la vista hacia los que vienen por detrás, que solo han conocido esa realidad digital que a muchos aún asusta. Con las primeras Fallas con meme incluido —el ya célebre «caloret»—, se han consolidado procesos de contacto en tiempo real que han cambiado para siempre la forma de quedar para ver un castillo o de desplazarse por la ciudad, que ahora pueden ser de todo menos privados en el universo digital.

Comprender que este mismo ámbito digital abre igualmente un abanico de oportunidades para trabajar, para encontrar trabajo o para ganarlo es dar con el enfoque correcto en el campo aplicando este mismo prisma tecnológico. Sin duda, currículos a doble espacio, conocimientos ampliamente testeados y formalismos en la forma y el fondo están en el ADN de unas generaciones que hoy copan esferas de poder, pero que deberán pronto dar la alternativa a otras que ya están llegando. Movidas por otro corte, maduradas al calor de etéreos datos que viajan por el mismo aire que respiramos y tan valiosas ahora y en el futuro como el oxígeno que contiene.

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