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Las terneras van a la guardería

Rosalía Uría, en el centro 
de recría de Cowvet en 
Titaguas.  fernando bustamante

Rosalía Uría, en el centro de recría de Cowvet en Titaguas. fernando bustamante

Se puede contar de dos formas. La primera: Una ternera recién nacida es separada de su madre y su entorno y no vuelve hasta dos años y medio más tarde, cuando, ya convertida en vaca, está a punto de parir. Entre medias, la han cebado, ha crecido, la han inseminado y ha estado ocho meses gestando. Regresa a casa para quedarse como productora de leche y para que su hija, con tan solo siete días, vaya a la granja donde la concibió su madre para tener su mismo destino. La segunda: Esa misma ternera evita convertirse en «carn d’escorxador», como cantaba Raimon, y, al poco de nacer, es enviada a un centro de crianza donde permanecerá entre selectos cuidados hasta que se haga mayor y pueda reproducirse, momento en el que regresará a sus orígenes para vivir como vaca lechera hasta que no dé más y, entonces sí, acabe en el matadero. En realidad, no son dos historias diferentes, sino complementarias. La misma, si quieren.

Buena parte de esta aventura transcurre en una granja ubicada en Titaguas, una de las tres que existen en España -las otras dos están en Lugo y Zaragoza- dedicadas en exclusiva a la recría de vacas, según cuenta su copropietaria, Rosalía Uría, una asturiana de Cangas de Narcea que vino a València a estudiar interiorismo y se acabó enamorando de un veteriano y (a lo que parece) del ganado vacuno en general. Su marido, Francisco Sebastián, y Xavier Valldecabres, los dos ‘médicos’ de animales, crearon hace siete años Cowvet gestión y servicios veterinarios, una empresa especializada en dar un servicio integral -no solo sanitario, sino también técnico y económico – a explotaciones lecheras y cárnicas. Tras un lustro de actividad, la empresa se embarcó en la creación de un centro de recría de vacas como servicio complementario a sus clientes. Fue cuando Uría compró el 85 % del capital de la compañía. Valldecabres se quedó con el 15 % restante. Y Sebastián, como administrador y veterinario.

las terneras van a la guardería

Cowvet empezó alquilando una granja de engorde en Bétera. Poco después, un ganadero de carne puso a la venta sus instalaciones en Titaguas «y las compramos junto a más tierras que había en los alrededores». La inversión fue de 800.000 euros. La empresa factura ahora 1,2 millones de euros y tiene siete trabajadores fijos.

El centro de Titaguas tiene capacidad para la recría de 1.400 terneras. La empresa empezó con 750. Ahora proyecta alcanzar las 3.500, una cifra que la seguiría manteniendo en el tercer lugar del escalafón nacional. ¿Cuál es el trabajo de Cowvet? Pues, como ha quedado dicho, hacer grandes a las infantas del ganado vacuno. La firma cobra a sus clientes de la Comunitat Valenciana, Cataluña, León, Murcia y Zamora una cantidad por cada día en la granja, en la que están incluidos los medicamentos y el semen, que lo suminitran empresas de Madrid y el País Vasco.

Cuando las terneras tienen entre una semana y quince días, son apartadas de sus madres y de la explotación ganadera donde nacieron para ser trasladadas a Titaguas, donde permaneceran en torno a 32 meses. El tiempo que precisan para crecer, alcanzar la madurez reproductiva y ser inseminadas. Un mes antes de parir, son devueltas a la granja en la que nacieron para que lleguen a este mundo sus hijas. Está programado que salgan hembras. Las madres se convierten en vacas lecheras y pasan a la cadena de producción, mientras que su progenie marcha hacia Titaguas para seguir el proceso. Según explica Uría, miembro de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA), el ordeñado de la vaca provoca que esta siga produciendo leche pese a que solo tuvo a su ‘vedellot’ un máximo de quince días. Las terneras son alimentadas con biberón tres meses -también se las cubre con mantas cuando llega el frío- y luego, ya agrupadas por tamaño y edad, con pienso y paja. Las lactantes viven en casetas individuales. Las otras, en grupos, en otras partes de la granja. Tras la inseminación, se las lleva a la zona alta, el monte, donde permanecen los ocho meses de gestación, hasta que están a punto de parir y vuelven a donde todo empezó.

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