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Análisis

El segundo pie de Feijóo

El presidente gallego está a un paso de liderar el PP nacional en una batalla sin rival, justamente lo que siempre deseó

Alberto Núñez Fejóo.

En los últimos días los exegetas de la política, esa grey de expertos mesetarios de la cosa pública, capaces de explicar el día después y con todo lujo de detalles la materia más inverosímil, pero negados en su mayoría para anticiparla, han agotado las metáforas sobre el presente y el futuro del presidente de la Xunta y del PP gallego, Alberto Núñez Feijóo. Desde la más clásica que se remonta a la batalla de las Termópilas y a los ya míticos 300 a la más manida, la ferroviaria: ese tren que está pasando por segunda vez por delante de la puerta del gallego.

Todos, o casi todos, creen saber qué va hacer Feijóo, cuáles son sus planes, qué decisión tomará, pero curiosamente ninguno apostaría hasta el último minuto su patrimonio y reputación en ello. ¿Por qué? Porque tras lo vivido en el verano de 2018, la famosa espantada maquillada de un acto solemne titulado “Galicia, yo me quedo”, con Feijóo todo es posible, hasta lo que hoy parece prácticamente imposible, a saber, que renuncie a dar la batalla por el liderazgo el PP nacional.

Como expresivamente tituló ayer 'Faro de Vigo', medio que pertenece al mismo grupo editorial que este diario, Feijóo ya ha puesto un pie en Madrid, ¿pero qué debe ocurrir para que coloque el segundo? La respuesta seguramente la encontremos hoy mismo, durante la reunión de todos los barones autonómicos con Pablo Casado en la calle Génova. Si se confirman los augurios, la inmensa mayoría (los cálculos apuntan a 16 de 17) le exigirá a su hasta ahora presidente que convoque un congreso extraordinario y se eche a un lado para dar paso a una etapa liderada por el gallego. Ayer ya lo hizo la dirección del grupo parlamentario. Y la dimisión del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, como portavoz del PP nacional y la de otras personas de sus confianza son otros pasos en esa misma dirección. La suerte está echada pero… Sí, pero, porque con Feijóo siempre hay un pero, un quizás, un ya se verá o un vamos a esperar. Será por desconfianza, cautela, experiencia o temor. O por las cuatro razones al mismo tiempo.

Pero lo cierto es que las circunstancias de febrero de 2022 no tienen nada que ver con lo vivido en 2018. Entonces Feijóo, si hubiese dado el paso, debería haberse enfrentado a Soraya Sáenz de Santamaría (la candidatura de Pablo Casado entonces era pura anécdota). Además, su intento de que Mariano Rajoy apostase por él públicamente o que al menos no apoyase a su apreciada vice fue desoída. El pacto entre gallegos no se produjo y la historia es conocida por todos. Feijóo, y volvemos a las metáforas, se bajó del tren en marcha, María Dolores de Cospedal, enemiga de Soraya, indignada con el tembleque del gallego, movió sus apoyos hacia Casado y de ahí salió un líder por accidente que vive sus últimas horas acorralado en un despacho.

La imagen política de Feijóo, hasta ese momento un ejemplar ganador de elecciones, quedó entonces seriamente dañada entre sus conmilitones y parte de los media. Fue acusado de falta de valor en el campo de batalla y de pretender un congreso a la carta que le eligiese por aclamación. Alguno, arrastrado por su indignación, llegó a hablar de cobardía. Y es precisamente esa mancha en el expediente el que alimenta de nuevo las dudas sobre su decisión. ¿Volverá a tener un ataque de pánico o esta vez irá hasta el final? Todo apunta a que no, que esta vez el segundo pie sí tocará Madrid.

Las razones son múltiples. La primera es que en esta guerra entre Díaz Ayuso y Casado, Feijóo no ha ejercido en esta ocasión de observador privilegiado, viendo cómo los dos se despellejaban, sino que quizá olfateando la oportunidad que se avecinaba, se ha movido con instinto depredador. Primero, censurando el supuesto espionaje a la presidenta madrileña, alineándose con ella y urgiendo explicaciones. Segundo, manteniendo contactos con todos los barones regionales para conocer su opinión y para sondear un supuesto apoyo a su persona. Feijóo se erigió en una suerte de coordinador general, en el salvavidas al que aferrarse mientras el partido amenazaba con zozobrar. Y, tercero, cerrando un acuerdo vital con la propia Ayuso: sería el fin de la era Casado, se convocaría un congreso extraordinario y él sería designado “el líder de la unidad”. Por eso, las declaraciones de Ayuso y Feijóo del lunes son perfectamente intercambiables: si ella hablaba de un partido desangrado, él de “colapso”. Y los dos urgían decisiones. Es decir, señalaban a Casado la puerta de salida. No había marcha atrás.

El apoyo de los principales medios de comunicación de la capital, en especial aquellos más afectos a la causa del centro derecha, es otro pilar sobre el que Feijóo cimentará su candidatura. Porque desde el minuto uno de la batalla el gallego ha sido ungido como el salvador, se ha loado su auctoritas, sus victorias electorales, su carácter mesurado, su éxito para frenar a Vox, su visión plural de España, su lealtad al partido… En fin, el botafumeiro mediático, en feliz expresión de un articulista de la Corte, ha funcionado como nunca. Así que la importante batalla de la opinión publicada también está ganada.

Garantizado el apoyo de los principales barones, comprometida la no beligerancia de Díaz Ayuso en la lucha por la presidencia del PP (la líder madrileña de momento tendrá que seguir lidiando con el caso de su hermano y las mascarillas, aunque pocos dudan de que su ambición y el monitoraje de Miguel Ángel Rodríguez pesan demasiado como para que no intente dar el salto nacional más adelante), con el viento mediático a favor, con el llamativo silencio de Rajoy y la reprobación de Aznar a Casado, ¿qué podría hacer dudar a Feijóo? Pues lo mismo que hace tres años: el temor al rival.

Una vez más a Feijóo le encantaría salir a competir… sin adversario. Que Pablo Casado aceptase su derrota, recogiese las cosas de su despacho y se fuese con elegancia y dignidad a su casa. Pero eso no ha pasado…. Hasta hoy. Porque Casado seguía ayer atrincherado con un puñadito de leales. Nula artillería para tamaño combate. Casado está KO y Feijóo ya solo espera, un verbo de inspiración mariana, que el todavía presidente del PP nacional asuma su situación y tire la toalla… sin siquiera subirse al ring.

Es verdad, será una victoria por claudicación, incontestable, humillante, pero carecerá de épica. Nada heroica. No pasará a la historia de España por su intrepidez, osadía y arrojo. Más bien al contrario. Será una crónica de deslealtades, traiciones y medias verdades. No levantará pasiones. No habrá sangre ni sudor ni lágrimas. Se quedará en una escaramuza. Un paripé.

Exactamente el triunfo que soñó en 2018 Alberto Núñez Feijóo y que ahora está a punto de sellar de la forma más imprevista. Así que pronto el presidente gallego tendrá los dos pies en Madrid. El lunes metió el primero, el segundo está en camino.

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