07 de septiembre de 2020
07.09.2020
Levante-emv
Arranque

Las Fallas se juegan el futuro con el inicio de su actividad

Esta noche se reanudan los concursos oficiales en la Junta Central Fallera En los casales pervive la duda de hasta dónde llega la «nueva normalidad» y si comprometerá la continuidad

06.09.2020 | 22:35
Un miembro de la Junta Central Fallera toma la temperatura a la fallera mayor, Consuelo Llobell, antes de asistir a un acto.

Unas simples partidas de padel, que enfrentarán a jugadores falleros de Borrull-Turia contra Virgen de Lepanto, Duque de Gaeta contra Doctor Olóriz o Pintor Segrelles contra otro equipo de la falla de Castellar, marcan el inicio de las actividades oficiales de la Junta Central Fallera. Los falleros se reúnen tras el parón del verano y el parón de la pandemia y afrontan desde ya la segunda parte del ejercicio fallero más atípico de la historia. Pero, a la vez, es un momento crucial. Por muchos motivos, las Fallas se están jugado el futuro desde el primer golpeo de la pala.

La fiesta se asienta sobre un equilibrio que parecía sólido, pero que la epidemia ha demostrado, como con muchas otras cosas, que puede derrumbarse con un soplo en forma de virus. La fiesta, además, es una concatenación de causa-efecto, una rueda dentada que si se rompe, amenaza con resultados catastróficos. Tanto como cualquier otro aspecto social si se quiere, pero que afecta al fenómeno de convivencia más importante de la Comunitat Valenciana.

La clave: «hacer cosas»


La ecuación es muy sencilla. Las comisiones de falla sostienen y sufragan la fiesta. Si no hay actividad, los falleros pueden desertar. Si se pierden falleros, no hay recursos económicos y sin recursos económicos no hay forma de sostener a los artistas falleros. Ni a las industrias o artesanías adyacentes. En consecuencia, un «crack» que se sostuvo en la gran depresión de 2008 precisamente porque entonces la fiesta sí que podía permitirse lo que, ahora mismo, está todavía en entredicho: hacer cosas. Esa es la clave. El fallero lo es porque vive la fiesta todo el año. Y ser fallero «para nada» es un altísimo riesgo.

La pasada semana, Levante-EMV publicó unos datos esperanzadores: el censo fallero se ha reducido tan sólo un 4 por ciento. Una pérdida perfectamente asumible. La fiesta ha parado el primer golpe. Pero ahora llega su particular hora de la verdad.

En los meses anteriores, siendo la situación general el gran problema, se ha podido soportar la ausencia de actividad. Las comisiones han tenido que echar mano de la imaginación y los casales han estado abiertos para actividades compatibles con las restricciones. Fundamentalmente, acciones solidarias. Y mucha actividad «virtual»: concursos a través de la red. Pero salta a al vista que eso es un antibiótico de efectos limitados.
Ni siquiera por el hecho, incontestable, de que el ejercicio sale más barato a los falleros. Por aquellos que han visto rebajadas, congeladas o suprimidas las cuotas y porque es un año en el que no hay que pagar tickets de cenas –que suelen ser una particular sangría– ni bebidas o comidas a lo largo del año. Pero ni siquiera esa austeridad compensa la falta de actividad.

Una deserción de falleros comprometería, además, el compromiso suscrito por gran parte de las comisiones con sus artistas de invertir en los dos próximos años el 75 por ciento de lo pagado en 2020 por las fallas que aún permanecen guardadas.

De ahí también los mensajes lanzados contínuamente por el concejal de Cultura Festiva, Carlos Galiana, de empezar la actividad. Lo que pasa es que será dentro de las limitaciones que permitan las disposiciones.

El acto del día 12, con límites

Sirva el ejemplo del acto del próximo sábado, en el que las comisiones están citadas para recibir el estandarte de los premios ganados antes de la cancelación de las fiestas. No habrá concentraciones de personas. Las comisiones entrarán por una puerta y saldrán por otra. Y la presencia en el interior del Palacio de la Exposición será lo menos parecido a los actos de intercambio de fotos o el brindis de Navidad. Aforo limitado. Lo mismo ocurrirá el día 26 con la imposición de bandas a falleras mayores y cortes de honor, un acto que será en la intimidad.


El grupo de baile de Castielfabib-Marqués de San Juan ensaya, pero aprovechando la amplia acera fuera del casal. (Foto Falla Castielfabib)


En las comisiones aún se duda sobre si pueden o no abrir los casales (puede ocuparse el 75 por ciento del aforo si éste está calculado). Pero es el casal, el espacio social por definición, lo que hace temer posibles contagios. De momento, por ejemplo, la Agrupación de Fallas del Marítimo ha aplazado el inicio del campeonato de parchís previsto para el día 22.

Por contra, las reuniones limitadas se están desarrollando. Tanto es así, que los grupos de teatro y «play back» se preparan para los ensayos. La JCF tiene convocados los concursos, que se celebrarán bastante más tarde del calendario habitual. Pero siguen totalmente en marcha.


El casal de Exposición ha acogido la entrega de mascarillas homologadas y corporativas de la comisión. (Foto Falla Exposición)


Y hay comisiones que se lanzan a la aventura de actos «tradicionales», que sugieren presencia. Por ejemplo, Escultor García Más se traslada el sábado al Salón del Gremio de Artistas para celebrar la proclamación de las falleras mayores. Al día siguiente, Industria-Santos Justo y Pastor anuncia un Quinto y Tapa en el casal, advirtiendo que «es obligatorio el uso de mascarilla». Será la antesala de un «Mig Any» de final de mes y primeros de octubre, inviable en su concepción actual puesto que ya se ha advertido que no podrá haber ni cenas ni verbenas. Dos pilares de esa socialización tan básica.

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