04 de julio de 2018
04.07.2018

«Estamos rotos, pero hay que tirar hacia delante»

Decenas de personas despiden a Jesús en el tanatorio de Alaquàs «No creo que denunciemos», dice el tío

03.07.2018 | 21:31

Alaquàs despidió ayer por la tarde a Jesús, el joven con diversidad funcional de 26 años que murió ahogado el pasado lunes en la piscina de Alaquàs. Eran poco más de las siete de la tarde y los alrededores del edificio se presentaban llenos de gente. Entre abrazos, lágrimas y muestras de cariño, familiares, amigos y conocidos dieron el último adiós al alaquasero en el tanatorio de Alaquàs. «Hemos venido toda la familia de Mora de Rubielos para despedirle, él se lo merecía todo», contaba ayer a Levante-EMV el abuelo del fallecido. «Llegué a mi puerta y me encontré a muchos de mis vecinos, a algunos de ellos les caían unas lágrimas enormes...me dije: algo malo ha pasado», recuerda. Y así fue.

El tío de Jesús no cree que la familia emprenda acciones legales contra el ayuntamiento por estar el joven realizando una actividad a través del programa municipal Diversia. «Mi hermana está muy afectada, no creo que haga nada en contra del ayuntamiento que le ha dado tanto apoyo», apuntaba ayer. «Es lo que nos ha tocado...» añadía el abuelo del fallecido, visiblemente afectado. «Aunque estamos rotos...ahora hay que tirar hacia delante», comentaba cabizbajo. Sin embargo, una tímida sonrisa del abuelo asomaba al admitir que, «todo el pueblo le conocía y le quería mucho, mira, toda esta gente está aquí por él», reconoció.

El hermano de Jesús, también con diversidad funcional presenció el desgraciado suceso, pues se encontraba también en la piscina. En este sentido, explicó a este periódico que en un momento dado vio que estaba inmóvil y «le gritaba, ¡Hermano, Hermano! pero ya no se movía... es algo que no nos esperábamos», lamentó.

A las puertas del tanatorio, unas amigas de la familia recordaban al fallecido con una sonrisa. «Todo el mundo le quería muchísimo», decía una. «Era muy buena persona, si», añadía su compañera. Una de las tres contaba a este diario que desayunaba con él y su madre todos los lunes y destacaba de Jesús su vitalidad y su alegría. «Le operaron y a la semana ya estaba comiendo y haciendo de todo, la verdad es que no se perdía una», rememoraba. Además, añadía una amiga,«Iba con su madre a todas partes, era muy buen hijo».

Las tres coindicían: «Es un palo. Esto no nos lo esperábamos. Cuando tienes una enfermedad y te lo esperas es diferente, esto nos ha pillado de sorpresa», apuntaban. Ayer a las 19:30 horas, Alaquàs despidió al joven Jesús.

Un tanatorio en el que ya no cabía ni un alfiler fue testigo de ello. Y así, con toda su familia y amigos con él, Jesús también tuvo la oportunidad de despedirse de los suyos de la mejor forma posible, arropado.

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