Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Estado transitorio

Tambores de guerra en el estrecho de Formosa

La tensión entre China y Taiwán ha aumentado en las últimas semanas tras los 150 vuelos de aviones militares sobre la zona de exclusión aérea | La debilidad creciente del partido Kuomintang, afín a Pekín, aleja las opciones de Xi de influir en la isla a favor de la reunificación

La bandera china y la taiwanesa con la silueta de un avión militar.

Acumula ya siete décadas el rompecabezas de Taiwán, soberano pero ignorado por el mundo, ejerciendo una independencia que no puede declarar. Sigue en un estado transitorio la isla de 23 millones de habitantes, un país de hecho que no de derecho, frente a la declinante paciencia china por una reunificación que culminaría la travesía en el desierto. Relevará a Estados Unidos en la cúspide económica en menos de una década, extenderá su influencia en el globo y quizá incluso acabarán sus pertinaces ridículos futbolísticos, pero no enterrará el oscuro siglo y medio de colonialismo europeo, imperialismo japonés y otras humillaciones sin Taiwán en su regazo.

La reunificación es tan ineludible como lo fue la alemana y lo será la coreana. Falta saber cuándo y cómo. El desenlace ideal pasaba por la democratización de China pero la salud de hierro del Partido Comunista obliga a pensar en otros escenarios aún desconocidos. Lo único seguro es la urgencia china. Su presidente, Xi Jinping, ha aclarado que el problema no puede delegarse a posteriores generaciones y en Pekín se piensa en 2049 como límite, cuando se cumplirá el centenario de la fundación de la república.

Los tambores de guerra han regresado estos días al estrecho de Formosa tras los 150 vuelos de aviones chinos de principios de octubre sobre la zona de exclusión aérea taiwanesa. Las explicaciones a ese frenesí son variadas. Quizá quiso recordarle a Taiwán las líneas rojas que no debe cruzar o sólo era una exhibición militarista en las vacaciones nacionales. "Influyeron muchos factores pero fue especialmente un mensaje de fuerza no sólo a Taiwán sino a Canadá, Australia, Estados Unidos o Francia para subrayar que no renunciará a su compromiso de reunificación", juzga Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China.

Taipéi ha definido la tensión actual como la peor en 40 años y vaticinado una posible invasión en un lustro mientras el presidente estadounidense, Joe Biden, pareció jubilar la "ambigüedad estratégica" comprometiéndose a su defensa de un ataque chino.

Acostumbrados a las amenazas

La prensa aventura un horizonte bélico pero es recomendable el sosiego porque a todos les beneficia el globo inflado. Coloca a Taiwán en las portadas globales, atrae las simpatías globales y apuntala a su gobierno soberanista. Estados Unidos acentúa el relato del ogro chino que amenaza al mundo libre y justifica los presupuestos desorbitados de defensa y su giro al Pacífico. Y China satisface a la audiencia nacionalista. Los anuncios de invasiones no son raros. A principios del milenio se especulaba con el ataque chino en una década y Taipei lo volvió a anunciar en 2013 para siete años más tarde. Las crisis, habituales cuando gobierna el Partido Democrático Progresista, hace tiempo que dejaron de alterar a los taiwaneses. Sólo un 18% ve posible una guerra en la próxima década, según una reciente encuesta del 'think tank' Intelligentsia Taipei.

"Estamos demasiado acostumbrados a las amenazas militares chinas. Han formado parte de nuestra vida diaria durante décadas y, aunque esta vez alcanzaron las portadas, rápidamente fueron relevadas por los chismes de celebridades y otras noticias de entretenimiento", revela Brian Hioe, escritor y comentarista político, desde Taipei.

La vía china pasa por convencer a los taiwaneses de que bajo su manto serán más prósperos y felices. Ni siquiera en los tiempos más ásperos ha traspasado las líneas rojas que dispararían la hostilidad taiwanesa y arruinarían el regreso amistoso. La seducción no es la mejor vía sino la única. Las bombas no resolverían el problema sino que lo alargarían durante generaciones y entre los defectos del Gobierno chino no se cuenta la idiotez.

El hundimiento del Kuomintang

Ocurre que a China le frustran tantas galanterías estériles y la conquista de la dama se antoja lejana. La rotación bipartidista en el Gobierno taiwanés comprendía al soberanista Partido Democrático Progresista (PDP), derrotado cuando se preocupaba sólo en irritar a China y descuidaba la economía, y el Kuomintang (KMT), al que penalizaba el electorado cuando juzgaba excesiva su sintonía con Pekín. Confiaba China en aprovechar los mandatos de este para aceitar la reunificación pero la alternancia se ha detenido porque el PDP apunta a hegemónico tras dos mandatos y un más que probable tercero mientras el KMT está hundido en una crisis de identidad que le ha relegado a la tercera posición en las últimas encuestas.

La situación es delicada para China. La pasividad frente a las interferencias estadounidenses y los desaires taiwaneses sugerirían un menguado interés por la reunificación pero los puñetazos en la mesa arruinan su cortejo. "Lo más inteligente es fortalecer a los partidos afines a través de la colaboración económica y eso excluye las demostraciones de fuerza militar. Si eso ayuda a sus rivales en la isla, está claro que no es la solución correcta, por más que contente momentáneamente a la opinión pública propia. China está haciendo un gran favor a Tsai Ing-wen (presidente taiwanesa). Deberían dejar los aviones en el aeropuerto", añade Ríos. El peligro para China es que la crisis del KMT pase de coyuntural a estructural y la tensión en el estrecho no estimula su recuperación.

No se vislumbra más receta que la paciencia y la prudencia para dar con la solución de un problema que no parece más cercana hoy que cuando los nacionalistas se refugiaron en la isla tras perder la guerra civil.

Compartir el artículo

stats