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Unión Europea

Mujeres al poder: ola de cambio en Bruselas

Tres de las cuatro presidencias de la UE -Comisión Europea, Banco Central Europeo y Parlamento Europeo- están desde esta semana ocupadas por mujeres

De izquierda a derecha y de arriba a abajo Roberta Metsola, Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Emily O’Reilly, Catherine de Bolle y Emer Cooke.

A mediados de 2019 la única mujer que ocupaba uno de los llamados 'topjobs', los altos cargos de la cúpula europea, era la italiana Federica Mogherini, actual rectora del Colegio de Brujas y antecesora de Josep Borrell al frente de la diplomacia de la UE. Dos años y medio después, en tres de las cuatro presidencias de la Unión Europea -Comisión Europea, Banco Central Europeo y Parlamento Europeo- se sientan tres mujeres (conservadoras): la alemana Ursula von der Leyen y la francesa Christine Lagarde, fruto del pacto entre los líderes europeos en julio de 2019, y la maltesa Roberta Metsola, que desde este martes es miembro de este selecto y restringido club tras ser elegida por los eurodiputados.

“Este día será recordado como el día en el que las mujeres inclinaron la balanza y ocuparon dos de los tres altos cargos de la UE por primera vez. Auguro que este momento señala un cambio hacia una representación igual en el futuro”, valora con esperanza la comisaria de igualdad, la socialista Helena Dalli. La ascensión de su compatriota maltesa al puesto más visible y simbólico de la Eurocámara, junto con "el nombramiento de Von der Leyen, Lagarde, el logro de la paridad de género en el colegio de comisarios o el aumento del número de mujeres miembros del Parlamento Europeo" envían, a su juicio, “una señal importante a la sociedad: que la igualdad de género sólo puede lograrse cuando practicamos lo que predicamos”, explica en declaraciones a El Periódico. 

Hasta ahora, nunca habían llegado tantas mujeres al Everest de la política europea. 13 de los 26 miembros del colegio de comisarios del Ejecutivo comunitario -el 48%- son mujeres, con carteras de peso como la política de competencia, que ocupa la vicepresidenta Margrethe Vestager. Además, más de una docena dirigen o lideran agencias y organismos europeos. Es el caso de la Junta Única de Resolución (Elke König), el órgano responsable de la resolución ordenada de bancos en crisis. También de la Defensora del Pueblo europea (Emily O’reilly), cuya tarea es promover una buena administración en el club. Y lo mismo con la recién creada Fiscalía europea (Laura Kovesi), destinada a combatir los delitos contra el presupuesto europeo, o la agencia de cooperación policial Europol (Catherine de Bolle). 

Aunque la lista no es exhaustiva y sigue habiendo más agencias lideradas por hombres, otros organismos con mujeres al frente son la Agencia Europea de Medicamentos (Emer Cooke) o el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (Andrea Ammon), que se han convertido en dos pilares durante la crisis desatada por la pandemia. También está dirigido por una mujer el Comité Económico y Social (Christa Schweng), la Autoridad europea de protección de datos (Andrea Jelinek), la Agencia europea de seguridad marítima (Maja Markovčić), la Oficina de Pesca Europea (Susan Steele), el Instituto Europeo de Igualdad de Género (Carlien Scheele) o la Agencia de asilo de la UE (Nina Gregori).

Mandar: un cambio transformador

Que las mujeres tengan poder es bueno y positivo. Siempre valoro positivamente que tengan visibilidad y que ocupen espacios de poder por varias razones”, celebra la eurodiputada de Podemos y vicepresidenta de la comisión de la mujer en el Parlamento Europeo, Maria Eugenia Rodríguez Palop. En primer lugar, porque denota que desde el punto de vista estético y del discurso “hemos ganado una batalla”. En segundo, porque “las habilidades de las mujeres, independientemente de cómo seas, pienses o el color (político), son transformadoras. Y, por último, pedagógicamente, porque “que niñas y adolescentes vean que las mujeres también pueden triunfar, ser reconocidas y mandar es algo transformador”.

Rodríguez Palop se muestra mucho más cauta en cuanto al impacto que el nombramiento de Metsola pueda tener en las políticas feministas. “Todas sabemos que es una señora especialmente conservadora, antiabortista y que ha tenido unas posiciones como eurodiputada claramente antifeministas. El peligro es que esto sea un maquillaje que al final nos lleve a una situación de retroceso, que es lo que no queremos porque hemos avanzado mucho en la primera parte de la legislatura. Hay que pedirle que se comporte como una presidenta y no incline la balanza del lado antifeminista. Retroceder en la segunda parte de la legislatura sería terrorífico”, apunta.

La ola de cambio que podría alcanzar también a una organización como la OTAN, que en sus 72 años de historia no ha tenido nunca una mujer al frente. El secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, termina mandato en septiembre de 2022 y aunque no se ha abierto todavía el proceso de elección ya han empezado a sonar nombres y quienes reclaman dar pasar el testigo a una mujer. En la lista de candidatos posibles desde el año pasado figuran tres mujeres procedentes de tres países de Europa Central y del Este. Es el caso de la ex presidenta de Lituania, Dalia Gribauskaite, la ex presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, y la ex presidenta de Estonia, Kersti Lakjulaid.

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