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«Se necesita a más profesores que se involucren»

Margarit se preparó durante un año para obtener el bronce en la Olimpiada de Corea y cree que sus maestros fueron «los verdaderos artífices de todo esto»

Ramón Margarit con su medalla olímpica.

Ramón Margarit con su medalla olímpica. levante-emv

¿Qué significa la medalla de bronce en la Olimpiada Internacional de Ciencias de la Tierra?

Es un reconocimiento a los estudiantes que han conseguido una cierta calificación en los exámenes que se hicieron en Corea y un premio al duro trabajo que he hecho durante el año para llegar hasta las Olimpiadas.

¿Podría contarnos su experiencia en Corea? ¿Qué ha aprendido? ¿Qué destacaría?

El equipo español estuvo en Corea del 24 de agosto al 3 de setiembre. Al llegar allí, la organización separó y aisló en distintos hoteles a alumnos y profesores y nos quitó los dispositivos electrónicos. Mientras los profesores revisaban el examen que haríamos, los alumnos de todos los países hicimos excursiones y visitas guiadas. Después vinieron los exámenes, que fueron duros y exigentes. Aprendí mucho, desde la preparación en Madrid durante una semana en junio, cuando se nos habló y enseñó sobre temas avanzados de Ciencias de la Tierra, como oceanografía, atmósfera y clima, planetología y ciencias del espacio y todo ello relacionado con el cambio climático y recursos naturales y nuevas fuentes de energía. Sin embargo, lo que más destacaría es el componente moral que uno aprende al convivir con más de 170 alumnos de 43 países.

¿Cómo ha sido el proceso de selección desde el IES Camp de Morvedre hasta Corea?

La Universidad de Valencia y la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra organizaron la fase territorial, donde este año participaron 170 personas. Quedé el primero en esta selección y ya en la fase nacional, que se celebró en Cáceres con más de 4.000 estudiantes de toda España se seleccionaron a 160, entre los que fui segundo en la prueba teórica y el primero en la práctica. Y de allí fuimos cuatro a la fase internacional.

¿Cómo se comunicaban? ¿Qué valora especialmente de su experiencia?

El idioma oficial era el inglés. Nos separaron en equipos de diferentes países y fue una experiencia increíble, ya que tuvimos que interactuar e investigar juntos. Aprendí muchísimo a trabajar con gente de diferentes países y estoy seguro que es una experiencia que me va a servir muchísimo. Yo trabajé con estudiantes de China, Estados Unidos, Noruega, Rumanía, Macedonia, Ucrania y Nepal.

¿Considera que la educación pública te ha dado las herramientas para ser reconocido internacionalmente?

Mi trayectoria académica ha sido siempre en la escuela pública. Y hay que reconocer, después de hablarlo profundamente con estudiantes de todo el mundo, que tenemos un buen sistema de educación pública, no solo de los mejores de Europa, sino del mundo. Sin embargo, España tiene un grave problema en los idiomas extranjeros. Países tan cercanos como Portugal nos supera muy notablemente en el nivel de inglés. Pero también tenemos profesores excelentes que se involucran en muchos proyectos . En mi caso, mi profesora de instituto Ana Marqués ha sido una gran motivadora e impulsora de mi participación en la Olimpiada. En la universidad, profesores como Miguel Pardo son muy entregados y están encantados de enseñarte cosas nuevas.

¿Qué ha cambiado en usted después de la Olimpiada?

Lo que más me ha marcado ha sido el aprendizaje y crecimiento moral que he adquirido al estar en contacto con un abanico tan grande de culturas y países. Ha cambiado mi forma de ver el mundo. No podemos llegar a comprender todas las tradiciones y costumbres hasta que no se convive y se comparten experiencias con todos ellos. Eso es lo que más ha cambiado en mí y de lo que más he aprendido. Además de no minusvalorar todo lo que he aprendido sobre ciencias de la tierra y cambio climático.

¿Cree que debería proyectarse este tipo de actividades en los centros educativos? ¿Por qué inició el camino hacia la Olimpiada y qué cree que puede aportarle en su carrera académica?

Este tipo de actividades deberían proyectarse, sí. Sin embargo, no todos los alumnos están dispuestos a dedicarle horas de estudio extra en casa y en la universidad. Yo me quedaba de 16 a 20 horas los viernes en las clases de preparación. Además se necesita la figura de los profesores. Ellos son los auténticos artífices de todo esto. Se necesita a más profesores en los institutos que se involucren y muestren más interés en el aprendizaje extracurricular de los alumnos.

En su futuro más inmediato, ¿qué valor o peso específico tendrá esta medalla de bronce?

Me gustaría destacar que el Gobierno de España solamente ofrece 1.000 euros a los ganadores en las distintas Olimpiadas nacionales. Prácticamente no llega ni para cubrir la matrícula del primer año de universidad. A los medallistas no se nos da ningún tipo de ayuda o bonificación, después de toda la selección que pasamos y lo duro que tenemos que estudiar. La gran mayoría de países tiene compensaciones, desde Corea del Sur, que paga cualquier universidad en el mundo para sus ganadores de medalla de oro, Australia, que paga los cuatro años en una universidad, o Rumanía, que da una beca de casi 3.000 euros y un sueldo mensual durante un año. Pero, para mí, lo más importante no es el resultado de la medalla o el premio, sino el proceso de aprendizaje que he tenido.

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