05 de julio de 2012
05.07.2012
Teatro

"Aquí todo es mucho más cutre que en EE UU, basta ver las series de televisión"

07.07.2012 | 04:07
Claudia Cos

Formada en Barcelona y EE UU, Claudia Cos, la Cristina de Ventdelplà, forma parte del reparto de 'La cena de los idiotas' en Olympia. Ha intervenido también en series como Los Serrano o RIS, y en películas como [REC]3 Genesis y Xtrems. Ahora prepara el estreno de su primer cortometraje

Usted y Anna Gras-Carreño, ni aparecen en el cartel de La cena de los idiotas. Eso tiene que doler...
La obra está escrita para dos protagonistas masculinos, y el resto de los personajes les realzan. Quiero decir que los protagonistas no brillarían sin la participación del resto del reparto, aunque esté en la sombra. Mi personaje, en concreto, es muy pequeño, pero es en el que se basa todo el conflicto, de manera que, aunque no físicamente, siempre está presente. Tampoco voy a negar que me gustaría estar en primer plano, pero este es un trabajo en equipo y son cosas que ocurren en la profesión, que unas veces estás en primera fila y otras no. En el cartel están Edu Soto y David Fernández (con Santi Ibáñez), que, además de ser grandes actores, son los que venden, y eso es lo que necesita la empresa.

La actriz llega a la entrevista en bici. Es lunes y disfruta de su particular fin de semana. Al contrario que sus compañeros, ella ha decidido quedarse a callejear para conocer mejor Valencia. Pide una clara con limón; la tapa de ensaladilla, ni tocarla.

Claudia Cos es una actriz en progresión, pero goza ya de un tirón de popularidad, especialmente en Cataluña, gracias a su participación en cuatro temporadas de la serie Ventdelplà. También ha realizado intervenciones episódicas en Mar de fons, Los Serrano, SMS, RIS..., y ha participado en películas como Xtrems (Abel Folk y Joan Riedweg) y [REC]3 Génesis (Paco Plaza).

De todos modos, ¿por qué aceptar un papel así. ¿Quizá está en un momento de standby profesional?
No, pero tenía muchas ganas de hacer teatro así. Me ha costado muchísimo, precisamente, porque todo lo que me ha ido saliendo hasta ahora ha sido televisión y cine. Había hecho algunas cositas de teatro [Un Cyrano de Bergerac dirigido por Albert Pueyo en Barcelona, una gira por Irlanda con River Through Time, dirigida por Phillip Hardy], pero no al nivel de esta obra. Para mí, el tener un personaje pequeño en una liga grande ya está bien, es un primer paso. Yo adoro el teatro, y vivir de esto hoy en día ya es para dar las gracias, de manera que entrar en una obra como esta es suficiente, ya vendrán más cosas. Porque, además, los círculos en este sector son muy pequeños, los directores tienden a trabajar siempre con los mismos actores, así que me presenté a probar para esta obra sabiendo que era un papel pequeño y ya me va bien, soy una hormiguita.

¿Qué nos dice para vender La cena de los idiotas?
Que es una obra que vale para todo el mundo y en cualquier tiempo. Es una comedia muy sencillo, pero llevamos ocho meses y no hay ni un solo día en el que el público no haya respondido. Funciona a las mil maravillas.

Ya, pero otra comedia ligera... ¿Nos estamos quedando sin sitio para otro tipo de teatro?
Tal y como están las cosas, la gente necesita reírse, desconectar, y con esta obra eso está garantizado. No se atreven a producir otras cosas porque nadie quiere asumir riesgos, la gente que produce solo ve números, y, la verdad, este tipo de arte y para lo que sirve no tiene nada que ver con los números de la taquilla. También es verdad que se puede hacer que la gente reflexione a través del humor, de la ironía... No todo tienen que ser tragedias griegas.

Además de en el Col.legi de Teatre de Barcelona, usted se ha formado fundamentalmente como actriz en el New York HB Studio (Uta Hagen´s School) y ha trabajado algo allá. ¿En qué nivel estamos en España respecto de los EE UU?
Aquí estamos empezando, cuando ellos han ido y vuelto diez veces. No hay color, ellos son profesionales, mientras que nosotros definimos como profesionales cosas que allí serían amateurs. Empezando porque allí el actor es actor y aquí hay mucho intrusismo y mucha gente que se lo toma todo a la ligera, que es algo que me duele muchísimo. En Estados Unidos estudian, tienen un compromiso con la profesión toda su vida. Es otra cosa, no tiene nada que ver.

¿Por qué cree que sucede eso?
Creo que tiene que ver con la mentalidad, con la estructura de la industria y con los medios. Nosotros tenemos una energía que los americanos no tienen, pero ellos son muy técnicos, muy buenos en su trabajo. Si las escuelas de allá vinieran a España, muchos actores de aquí serían grandísimos, porque ellos sacan grandes actores de la mediocridad, que es lo que más abunda en España. Es cierto que hay algunos magníficos actores porque tienen talento, se lo han currado, han tenido la oportunidad de trabajar continuamente con los mejores..., pero en general... Además, en EE UU hay una cultura de ir al teatro que aquí no existe. Y saben venderlo todo muy bien. Aquí todo es mucho más cutre, basta ver las series de televisión.

Pues casi todo el mundo dice que en España se están haciendo grandísimas series...
Alguna cosa hay, pero la gran mayoría... Hay que invertir más en calidad, porque muchas dan vergüenza. No hablo de trabajos como Aída, Siete vidas..., porque esas emplean determinados códigos en los que sabes que entras si las ves y ya está. Hablo de esos intentos de hacer cosas que se parezcan a las americanas y que al final no son más que malas copias. Haz lo tuyo bien, pero no copies mal lo que hacen los demás. Como profesional, trabajaré donde pueda y lo defenderé a muerte, por supuesto, pero eso no impide ver las cosas.

¿Qué opina del problema de las descargas por internet?
Internet existe, no podemos ignorarlo. Por un lado, hace mucho daño, pero hay que buscar la manera de que nos beneficie a todos en vez de optar solo por prohibiciones. Hay una parte de la industria que se está quedando antigua, porque el consumidor también pide cosas que no le llegan por los circuitos comerciales y es un hecho que internet está en todas partes, las 24 horas del día. No sé qué, pero algo hay que hacer para que todo el mundo se beneficie.

¿Cómo es la Claudia Cos actriz?
Muy técnica y muy exigente. Soy muy meticulosa en el trabajo y sé perfectamente lo que hago en cada momento. No hablo de lo emocional, sino de lo físico, de que soy muy técnica a la hora de preparar los personajes, de la escuela americana. Esa parte creativa me encanta.

¿Y que pasa con las emociones?
Es un proceso de estudio y entendimiento; luego, hago sustituciones: si esto me sucediera a mí, ¿qué? Los sentimientos humanos son iguales en todos, solo cambian las situaciones, es decir, alguien puede sentir dolor por algo que tú no has vivido, pero sí sabes qué es el dolor.

¿Usted sufre cuando trabaja?
Sufro de verdad en una mentira, o sea, hay un sufrimiento real en un marco irreal, aunque en el momento de la interpretación hay que lograr que ese marco sea real para ti.

Una especie de trastorno, de disociación de la personalidad...
Totalmente. Los actores estamos todos zumbados... Bueno, cada maestrillo tiene su librillo. Funciona como una especie de clic. Entras en escena y ese clic te pone en marcha. Ten en cuenta que hay un trabajo previo. Es como conducir: al principio, te vuelves loco para hacer dos cosas a la vez, pero luego todo lo haces automáticamente, sin darte cuenta.

Nos ha hablado de la actriz. ¿Y la mujer, cómo es Claudia mujer y cómo ve este mundo que le ha tocado vivir?
Soy muy positiva, la verdad, y creo que crisis es oportunidad. Depende de nosotros. Eso sí, estamos en un momento en el que igual dentro de poco revienta todo. Yo creo que hay gente que se beneficia de esta situación y manipula las cosas para que se alargue. Si todo sigue así, llegará el día en el que la gente no pueda aguantar más, explotará y se echará a la calle. Me da miedo y no me gusta la violencia, pero en una situación crítica... No entiendo mucho de política, pero sé que nos están robando por todas partes.

¿Cómo ve a la mujer del siglo XXI?
Es una heroína. Hace lo mismo que hacía y además lo que hace el hombre. Somos un sexo superfuerte, la historia habría ido de otro modo hubiésemos tenido más protagonismo desde el principio.

¿Y el hombre?
En su línea, intentando conservar el estatus. No se puede generalizar, pero al hombre le duele ver que una mujer le supera en el mundo laboral, por ejemplo. Hay cambios, hay progreso, pero podría haber más. De todos modos, a mí me hace gracia lo de la igualdad absoluta del hombre la mujer. Debemos tener la misma libertad, los mismos derechos, pero somos diferentes y a mí me gusta que un hombre se comporte como un hombre, no que se feminice, como pide alguna gente.

Su proyecto más inmediato es...
En septiembre estrenaré un corto (Mi miedo, Mia y un beso). Es mi primera experiencia detrás de la cámara, en la que he ido de la mano con un gran director como Jordi Frades. Y ha sido maravilloso, la verdad. El guión también es mío, un cuento sobre un niño que le tiene miedo a todo y una niña que no le teme a nada. Una historia simple, pero profunda y poética, elegante.

¿Siempre quiso dirigir?
No, lo que siempre me ha gustado es contar historias, escribir... Necesito estar siempre en contacto con la creatividad, porque, si no, me pongo mustia.

¿Una reflexión final?
El arte es necesario en la sociedad, es una arma muy potente y poca gente la valora. Hay que usarla; usarla bien, pero usarla.

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