02 de octubre de 2010
02.10.2010

Carmen Martínez Bordiu

Matías Vallés

02.10.2010 | 07:30

El biopic de Tele 5 sobre Carmen Martínez Bordiu —porque el infortunado Alfonso de Borbón no justifica ni un minuto de programación en prime time— ha desenterrado pasiones dormidas en quienes disfrutamos de una jornada entera junto a la familia de la nieta de Franco. La alineación se completaba en aquellos momentos con Jean-Marie Rossi y la infantil Cynthia Rossi Martínez-Bordiu, vivo ejemplo de las prevenciones de Hitchcock a los rodajes con niños. Empezaremos con una revelación sobre el cónyuge inaugural de Carmencita, que vivía en aquellos momentos. «Sería indiscreto decir si quería a mi primer marido cuando me casé con él». Es decir, que no lo quería.
Han pasado veinte años, por lo que algunos protagonistas de esta historia han madurado y otros se han rejuvenecido. El encuentro iba más allá de la simple entrevista, aunque siempre es agradable escuchar que «a mis amigos les exijo que estén permanentemente a mis pies». La gira incluía una visita a la casa volcada sobre el Mediterráneo donde veraneaba la familia, en la urbanización hoy dominada por Pilar de Borbón. También tuve la oportunidad de que mi mano fuera estrujada por Rossi, visiblemente incómodo con la invasión de su intimidad.
En un clamoroso error de reparto, Tele 5 recurrió a una pálida imitación del francés. Falsificaron al anticuario, un metro más alto en todas direcciones que el actor elegido. De él no hubiera dicho nunca la nieta de Franco que «he intentado buscar en mi matrimonio con Jean-Marie la continuidad de la imagen del padre». Mientras Cynthia jugaba con los delfines del parque acuático y nos concedía una tregua, su madre confesaba que «me considero una persona privilegiada y temo que mis hijos también lo sean, que lo tengan todo». Me sorprendió como un ser elementalmente libre, porque «he nacido católica y también moriré católica, pero... ¿entretanto?». Hoy me infunde el respeto a las personas que han sabido engordar con dignidad. Además, utilizaba astutamente la figura del dictador para distanciarse de él. «Cuando vivía mi abuelo, no me veía obligado a hacer cola en los cines». Carmen Martínez Bordiu ensanchó su vertiente frívola para no desperdiciar su inteligencia. Las primeras víctimas de la televisión basura bailable son sus practicantes.

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