09 de mayo de 2018
09.05.2018

Códigos éticos y humildad

09.05.2018 | 04:15
Códigos éticos y humildad

Ortega y Gasset,en su histórico ensayo España invertebrada, cuya primera edición data de 1921, da una serie de claves sobre el comportamiento político de la época. Hoy, casi cien años después, seguimos cayendo en los mismos errores. Ortega hablaba de la pena que sentía porque en diarios, sermones, tribunas y mítines se renunciaba por completo en convencer al «infiel» y sólo se hablaba al parroquiano ya convicto. Un siglo después en la Comunitat Valenciana, y en el cap i casal, contamos con unos gobiernos que sólo se dirigen a  los suyos, falta cordialidad, falta humildad y sobra soberbia.

Durante estos días, en la tribuna que me otorga les Corts Valencianes he querido hablar de la dignidad política, esa que la falsa superioridad moral de la izquierda tanto se otorga, salvo cuando les afecta a ella misma. Durante estas semanas ha salido a la luz la dudosa financiación ilegal de PSPV y Bloc en las elecciones de 2007 y 2008. A día de hoy, explicaciones ninguna, y tienen prisa en dar portazo al tema cuanto antes.
Los partidos de Puig, Oltra, Ribó, Morera, Mata, Ferri, Fuset, Grezzi€ jamás han dudado en ejercer como fiscales, como acusación, como jueces e incluso como verdugos. Y hoy se está demostrando que su comportamiento es pura hipocresía. Se les ha llenado la boca hablando de decencia y dignidad, pero ambas se consiguen con el trabajo y el ejemplo, no con mentiras y falsedades oportunistas sin ningún rubor.
Desde la Gestora que presido del Partido Popular de València ciudad desde hace cerca ya de 20 meses, trabajamos día a día desde la humildad, con sencillez y sin protagonismos, trabajando en equipo y desde la cercanía que nos hace conocer los barrios, sus asociaciones y sus tradiciones. Cuando hemos hecho mal las cosas lo hemos reconocido, cuando se ha tenido que pedir perdón se ha pedido y, mientras, nuestros gobernantes miran hacia otro lado. Volviendo a Ortega, nos sigue faltando a día de hoy la cordial efusión del combatiente y nos sobra la arisca soberbia del gobernante.

Nuestro mayor empeño durante estos meses ha sido devolver la dignidad al militante, que es la auténtica piedra angular de cualquier proyecto democrático y por hacer nuestra la palabra regeneración. No entiendo ningún proyecto político desde el personalismo y en el PSPV y Compromís de eso sobra y mucho. Con la actitud que han mostrado estos días, tras destaparse sus vergüenzas, las lecciones de moralina que dan a diario se han caído por su propio peso, por sus acciones y sus mentiras.

Tan sólo ha faltado sobrepasar el ecuador de la legislatura para ver un gobierno autonómico y municipal fracturados, con rivalidades intrínsecas que van a seguir aflorando semana tras semana, donde el único punto de unión es el de conservar el poder a toda costa. Colocar a los suyos, fraccionar contratos, adjudicarlos a dedo y reclamar la acción de la justicia cuando es para sus rivales políticos, nunca para ellos mismos. Consejos doy que para mí no tengo, señores progresistas, esos son los gobiernos del cambio, los del callejón sin salida.

La madurez se consigue exiliando la arrogancia. La altivez que a muchos les confiere el cargo que desempeñan es el primer síntoma de su propia decadencia moral y en tres años hemos sufrido múltiples ejemplos de ellos. La falta de consistencia de las políticas en nuestra ciudad nos lleva a la mediocridad, a la política de endebles titulares y a la falsa apariencia más que a la de la coherencia.

Desde la gestora del PPde València ciudad vamos a continuar trabajando desde la sencillez, queremos ser actores de los cambios que demandan nuestros vecinos. Trabajo responsable y acción protagonista, porqué está en juego nuestra ciudad, la tercera capital de España, que seguro nos merecemos un trato mejor. Le invito estimado lector a levantar la voz conmigo y defender a la València del sentido común, día tras día. Ya hemos perdido mucho tiempo fraccionando nuestra sociedad y nuestros barrios. Aún tenemos tiempo y debemos aprovecharlo.

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