12 de junio de 2018
12.06.2018
40 Años
40 Años

Huerta, cabeza de cartel de Sánchez

12.06.2018 | 04:15

Crucificar y poner a caldo el nombramiento de Màxim Huerta como ministro de Cultura es el análisis rápido y fácil que ha hecho la cultura elitista de este país en las primeras horas de su designación. Una lectura no exenta de motivos razonables, aunque ya se ha quedado vieja y adolece precisamente de esa misma superficialidad achacada al desconcertante nombramiento. Huerta entronca gracias a su perfil de esteta mainstream de pequeños-placeres-de-Instagram y su atractivo mediático y digital (¡un ministro con tuits antimojigatos con fotos de tíos de torsos arquitectónicos!, ¡un ministro con tatuajes!), con un sector importante del electorado que quiere estrujar con todas sus fuerzas Pedro Sánchez, el presidente de un gobierno que busca el mejor cartel para ganar las próximas elecciones. Una estrategia que lleva practicando desde hace años el Primavera Sound y que le ha valido el título de mejor festival indie de España y por extensión de Europa junto al Glastonbury.

La gran cita musical barcelonesa acostumbra a anunciar golpes de efecto populistas, guiños a las grandes masas, junto a grupos exquisitos de minorías y grandes artistas incontestables (metamos aquí a los ministros Nadia Calviño, Josep Borrell o Isabel Celaá, con ellos cero bromas). Este año, la pensadísima y reflexionada boutade del PS fue la de sumar al cartel a Amaia de OT, quien, a pesar de concursar en un talent show de estas características, guarda un perfil mucho más interesante y con contenido que el de David Bisbal. Además de que cae simpática. Como Huerta. Pienso que esta comparación es elocuente y dice mucho de los signos de los nuevos tiempos en la cultura, cuando hasta los sacrosantos Los Planetas (con J convertido en una suerte de profesor de literatura enrollado y enamorado del Romancero gitano) le hacen en una jugada inteligente un guiño al popularísimo trap de Yung Beef en su último disco. Chúpate esa.

Otro punto que puede ser favorable al flamante ministro es el de no pertenecer ahora mismo a ningún lobby económico o industrial de la cultura, ni a ninguno de sus clubes elitistas, aunque sí tenga otro tipo de adscripciones. El caso es que ahora mismo y con la estrategia marcada por Sánchez, servidora no iba a poder explicar en este artículo por qué iba a ser mejor ministro que Huerta un escritor culto de esos que han estado sonando estos últimos días.

En cualquier caso, la cartera de Cultura es mucho más burocrática y técnica de lo que aparenta, tiene más de moqueta de despacho que de alfombra roja. Huerta tiene sobre la mesa asuntos pendientes aunque la agenda del PSOE sea otra. Entre ellos, la esperada Ley de Mecenazgo, una nueva normativa de propiedad intelectual, el IVA reducido, la descentralización de las inversiones o un nuevo Estatuto del Artista. Marrones varios.

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