21 de mayo de 2019
21.05.2019

El secreto mejor guardado

21.05.2019 | 19:03
El secreto mejor guardado

Los libros no solo están ahí para los estudiosos; muchas veces, son el consuelo del hombre que entre la tristeza ordena las lágrimas y le quita el polvo a los más ilustres. Hace unos días, por casualidad, entre en una librería de viejo portuguesa. Me llamó la atención la cantidad de libros que estaban ahí dispuestos a ordenarse, pero no lo estaban, la librería en sí era angosta: dos pasillos costosos de atravesar; alguien con buen culo se hubiera quedado al principio del camino.

Naturalmente allí había una persona. Sí, un hombre de apariencia tranquila, que era gesto en movimiento de amabilidad. Supongo que al estar siempre junto a los libros había ordenado el carácter para no molestarlos. Mientras él me miraba, yo le ofrecía mis manos al desorden, y a la vez pensaba en aquellos seres solitarios: los libros. No creo que nada pueda describir mejor la soledad que un libro a ras de suelo. Creo que en el fondo de cada uno está el trabajo de muchos hombres y mujeres que han sido alegoría de nuestra existencia...

Adquirí dos libros, y hace un par de noches, al embarcarme en su lectura, entre uno de ellos encontré una carta. Al verla comprendí que era una reliquia, el papel había advertido el paso del tiempo, y junto a las letras se arrodillaba un tal señor Medeiros; por lo visto un hombre acuciado por los remordimientos y las pasiones.

Mientras iba leyéndola me imaginaba a un hombre de apariencia lívida ofreciendo su testimonio a su padre. Sí, la carta comienza así «querido padre». A través de las líneas se aproxima a su progenitor con total transparencia; con un poco de furia le recrimina haber sido médico y le confiesa que durante su estancia en Guinea tuvo una hija.
En la carta, deduzco, le hace ver que la ventana de la imposición, a veces, se cierra para siempre: «padre en su casa me sentí igual que una fiera enjaulada». Según iba leyéndola me iba sintiendo más confusa: ¿a dónde quería llegar? Daba la sensación de estar viendo una azada remover la tierra... La verdad, al terminar de leerla entendí todo. Entre los libros se guarda la elocuencia de lo ejecutado. Muchas veces son propósito de verdad escrita que nunca llega. Y si llega, llega a destiempo.

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