11 de octubre de 2019
11.10.2019

Histerismo y cautela

11.10.2019 | 20:51
Histerismo y cautela

Los jóvenes, por ser jóvenes, son rebeldes respecto a lo que la generación de sus padres les ha transmitido. Siempre ha sido así, porque es lo que toca. Mal estaría que fueran conformistas y anestesiados. Lo imposible, en esta etapa de la vida, ha de verse como posible. El mundo cambia y ha de ser así. Si no hubiese cierta rebeldía, nos estancaríamos en la caverna. El ser humano es un ser de futuro y las cosas no son inmodificables.

La causa del medio ambiente es justa. El afán de lucro (avaricia) y el «ande yo caliente y ríase la gente» (egoísmo sublimado y hedonista) son las causas del desaguisado ambiental. Y quizá convenga más mirar a nuestro modo de vida, que es lo que está en nuestras manos.

Echar la culpa de todo al calentamiento climático y al CO2 no deja de ser un brindis al sol, porque nos exonera de la propia culpa (y no digamos a los gobiernos y grandes corporaciones). Y ¿cuál es nuestra culpa, si se puede saber? Pues sencillamente nuestro modo de vida. Posiblemente algunos de los que se manifestaron con motivo del día de la emergencia climática sean los que hacen un botellón en la playa de la Malvarrosa, dejando devastada la zona, repleta de botellas, plásticos, utensilios desechables, etc., además de ponerse tibios de alcohol. Y si no se es coherente, las cosas declinan y entramos en el sistema formando parte del problema y no de la solución.

Es nuestro estilo de vida el causante del desequilibrio. No se trata de que volvamos a una «agricultura ecológica», azadón en mano. No podemos prescindir de las máquinas, de los abonos, del comercio, del transporte, de los ordenadores€, pero si del modo de usar: en una sociedad del conocimiento y del talento se ha pedir responsabilidad ambiental.

La cuestión central es cómo conseguir una energía barata que no suponga echar CO2 a la atmósfera. Es el meollo. Asunto complicado. Ya tenemos algunos modos de hacerlo, pero hay que implementarlos con costes asumibles; y, en general, los gobiernos, no parecen dispuestos. El ejemplo lo tenemos en nuestro propio país que, hasta fecha reciente, el impuesto al sol hacía inviable el autoabastecimiento.

Hemos de ponernos manos a la obra y revisar nuestro modo de consumo, para que sea responsable. Lo primero, para los estudiantes, estudiar en serio para saber. Lo segundo, consumir menos. Y luego toda una serie de medidas cautelares: porque no se puede pasar, en horas veinticuatro, de las musas al teatro. Está bien manifestarse, pero cuando una causa justa entra en fase histérica pierde fuelle. Nuestro papel es precisamente no perder los papeles.

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