05 de noviembre de 2019
05.11.2019

Cataluña, el mundo del revés

05.11.2019 | 20:13
Cataluña, el mundo del revés

Qué es el mundo del revés, me preguntas? El mundo del revés es, por ejemplo, que el máximo mandatario de una nación, estado, país, comunidad autónoma o similar, ordene una macroinvestigación a las fuerzas del orden público que intentan controlar los disturbios callejeros, en lugar de apoyarles por combatir las acciones violentas que rompen la armonía de las calles.

El mundo del revés es que los altos mandatarios de una comunidad justifiquen y propicien la violencia («las imágenes de violencia ayudan a internacionalizar la propaganda de nuestras reivindicaciones», según Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC) alentando a las masas a que «aprieten» cada vez más, creando un estado de malestar donde un ciudadano con un billete en la mano y todo el derecho del mundo a viajar, no pueda entrar a una estación de ferrocarriles y subir a su tren porque a una masa enfervorecida de individuos encapuchados no les da la gana.
El mundo del revés es que la mitad de los alumnos de una universidad no puedan acudir a clase porque un pelotón de exaltados no concibe que alguien piense de un modo distinto a ellos y les niega, con violencia y amenazas, que ejerzan su derecho a disfrutar de una jornada lectiva normal. Todo ello -y esto confirma el surrealismo de la situación- con el apoyo y el beneplácito de muchos rectores de las universidades catalanas, con la excepción de Jaume Casals, rector de la Pompeu Fabra, quien compareció para manifestar su desacuerdo con el cariz de la huelga estudiantil: «Estamos desarmados respecto a estas actitudes, que son, desde mi punto de vista, intolerables».

¿Te vas haciendo una idea, estimado lector? Todo esto y mucho más es el mundo del revés. Un mundo donde hay gobernantes que parecen gobernar sólo para la mitad de los ciudadanos, ignorando los derechos del resto. Un mundo donde alguien decidió propagar promesas incumplibles que han alentado falsas expectativas y propiciado conductas fanáticas. Promesas que sólo se podrían llevar a la práctica por la vía de la obcecación, sin sometimiento a más ley que una irracional, unilateral, sorda y ciega sinrazón, al imponer su derecho a la independencia con argumentos unilaterales, e incluso por la fuerza y sin medir las consecuencias de unas actuaciones que han convertido lo que antes era una pacífico marco de convivencia, en un volcán político, relativamente dormido durante décadas, hasta que alguien lo ha hecho entre en erupción sin atenerse a razones y eludiendo la lógica del mundo real, todo ello bajo el mando de un honorable líder que sólo es la marioneta de un valientefugado a los Países Bajos en el maletero de un coche.

Este es, señoras y señores, el mundo del revés de una sinrazón surrealista, donde la agitación de las calles, la usurpación de los espacios públicos y el vandalismo, son llevados a cabo por una minoría ruidosa pero capaz de movilizar a masas pacíficas y crédulas que acuden a manifestaciones multitudinarias para reclamar su derecho a algo que se les prometió y que jamás conseguirán, al menos no por la vía que han elegido sus líderes.

Ya para finalizar, recordemos que el pasado 1 de Octubre, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, en un discurso institucional, animó a los CDR a que continuaran con sus actuaciones: «A vosotros, amigos CDR, que apretáis y hacéis bien en apretar» y advirtió que habría una «respuesta» si se condenaba a los dirigentes independentistas encarcelados. Y la respuesta está en las calles.

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