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Las imágenes de la Semana Santa se dejan ver puertas adentro

Algunas cofradías improvisan doseles muy modestos para mantender la tradición en Alzira

Los Doseles son uno de los grandes reclamos de la Semana Santa de Alzira. Las restricciones impuestas por la pandemia han impedido exhibirlos este año con la acostumbrada espectacularidad y espíritu competitivo, aunque algunas cofradías (la Santa Cena, la Dolorosa, Jesús Nazareno, María Magdalena, la Soledad y la Santa Faz) no han renunciado a mostrar las imágenes procesionales más o menos ornamentadas en sus locales sociales o en las parroquias que las albergan. El visitante las puede ver desde el exterior o dentro de los templos sin incumplir la normativa Covid.

Los doseles tradicionales combinan diferentes modalidades: los clásicos con ricas telas y adornos florales, los realistas que recrean escenas de la Pasión, y los escenográficos, que añaden efectos para conseguir una sugerente ambientación expositiva. Esos arreglos, de uno u otro signo, son tan apreciados que miles de personas suelen soportar largas colas para admirarlos durante la Semana Santa. Y a la expectación se añade un intenso sentimiento de veneración por parte de los creyentes.

Se trata de una costumbre con antecedentes en el siglo XVII, ya que en una obra de 1663 de Juan Alonso aparecen descritos los Altares confeccionados en edificios religiosos, civiles y domicilios particulares en clara similitud con los actuales Doseles. Documentalmente aparecen en 1797 en el expediente dirigido al Arzobispado de Valencia para la aprobación de los Estatutos de la Cofradía de la Virgen de los Dolores, con una indicación en el punto 16 al traslado «con toda solemnidad en casa del actual clavario ...», que conllevaría algún adorno y, por tanto, una constatación de la existencia de los Doseles entre las cofradías de mayor antigüedad.

Y han venido adaptándose, como en los últimos tiempos ante la reducción de peticiones de cofrades para asumir la Clavaría, lo que viene solucionándose con el incremento de las clavarías colectivas, como las bandas de tambores, o la propia cofradía. Y ahora de nuevo, con la imposibilidad de llevar a cabo los Doseles con el formato habitual por las restricciones sanitarias determinadas por la Covid19, principalmente la del aforo permitido o controles de acceso y trazabilidad, y la suspensión del concurso (que data de1963), las cofradías y hermandades que se deciden a mostrar sus imágenes lo hacen en altares de culto modestos y casi improvisados, quedando de nuevo para mejor ocasión los confeccionados para 2020, que no pudieron abrir puertas y siguen igual.

Éstos, junto a los realizados en estas fechas en las casas a título particular –para los que se ha convocado un nuevo concurso, a la estela del que se impulsó el año pasado-, reafirman por tanto al Dosel como elemento integrador de la Semana Santa alzireña, al tiempo que acentúan los particularismos de las hermandades y cofradías, de manera que mientras siguen evolucionando serán considerados elemento esencial de la misma, sin dejar de cumplir las exigencias de un Bien del Patrimonio Inmaterial, ya que los usos, representaciones, conocimientos y técnicas se transmiten de generación en generación y se interaccionan con la naturaleza y la historia autoinfundándose un sentimiento de identidad y continuidad que contribuye a promover el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana.

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