13 de julio de 2012
13.07.2012
Emilio Alfaro

«Los astrónomos hemos nacido de la nada y sabemos ser pobres, pero no miserables»

«El Gran Telescopio de Canarias es una joya de la ciencia española y la Administración no puede tirarlo a la basura por 5 o 6 millones de euros al año que cuesta su mantenimiento»

13.07.2012 | 07:30
Emilio Alfaro, en la sede del Adeit de la Universitat de València, donde se celebra la bienal de la SEA.

La Sociedad Española de Astronomía (SEA) celebra esta semana en Valencia su décima bienal. El cónclave reúne a más de 300 de los 700 socios de esta entidad que representa al 80% de los astrónomos españoles que escrutan el Universo desde España o el extranjero. La cita se celebra bajo la espada de Damocles del «tijeretazo» a la ciencia, un recorte que desde la SEA alertan que puede echar a perder el gran salto vivido por la astronomía española en los últimos 30 años.

En estos malos tiempos para la ciencia más de una vez habrá tenido que lidiar con la pregunta ¿Para qué sirve la astronomía?
Sirve para conocer mejor el Universo y, principalmente, para saciar el hambre de conocimiento que tiene el ser humano. Pero, no hay que olvidar que las sociedades que tienen una economía potente se basan en el conocimiento y la tecnología. Es decir, que sirve para hacernos mejores en el sentido espiritual pero también en el material.
¿Qué conocemos a estas alturas del Universo?
Estamos empezando a conocer las grandes preguntas que nos hacemos sobre el Universo. De hecho, cada vez que descubrimos algo nuevo, muchas veces lo que hallamos es una pregunta, no una respuesta. Así, por ejemplo, el último premio Nobel que hemos tenido fue para tres astrónomos que intentando descubrir cual era la densidad crítica del Universo en masa, que por lo tanto podría desacelerar su expansión, descubrieron que pasaba lo contrario. Este hallazgo lleva a incorporar una nueva incógnita a nuestro problema, la de la energía oscura, que en cierta manera es el nombre de nuestra ignorancia y que ahora tenemos que buscar.
Desde que comenzó a investigar, allá por 1976, hasta hoy, ¿cómo definiría el salto dado por la astronomía española?
Yo diría que sorprendente, y así es como lo entienden nuestros colegas internacionales. La astronomía española está hoy entre los primeros 10 países del mundo en producción científica y en impacto. Todo esto también nos ha permitido tener una colección de instalaciones telescópicas que no tienen ningún país, excepto Chile. Con la diferencia, de que éste último no tiene telescopios propios del tamaño del Gran Telescopio de Canarias, el GTC.
¿Peligra el Gran Telescopio de Canarias con tanto recorte?
El GTC ha sido un éxito, pero obviamente ahora mismo está en una situación en la que la Administración tiene que tomar unas decisiones muy serias. Cualquier gran telescopio suele tener un gasto de operación y mantenimiento del alrededor del 10% del coste de la instalación. Eso, aquí supondría del orden de entre 10 y 15 millones de euros al año. No obstante, es verdad que en España estamos acostumbrados a trabajar con presupuestos más bajos. Lo que si es cierto es que, como mínimo, harían falta entre 5 y 6 millones al año para el mantenimiento de una de las joyas tecnológicas que tenemos en ciencia en España. Creo que la Administración debe de hacer un esfuerzo serio para que esto no se pueda tirar a la basura.
¿Cuál es el «tren» que España no debería dejar pasar
España pertenece, y tardamos mucho tiempo en hacerlo, al consorcio del Observatorio Europeo del Sur (ESO). Esta colaboración internacional ha sido un gran éxito y nos ha permitido a los europeos competir de tú a tú con Estados Unidos. Ahora mismo, el gran reto es la contrucción de lo que se llama un telescopio extremadamente grande (ELT), por el que Europa está compitiendo con EE UU. Eso significa que España, a parte de su cuota, debe poner un dinero para participar en este gran proyecto. Las empresas españolas, después de GTC, son altamente competitivas en la tecnología de espejos segmentados que utilizará el ELT. Así pues, estamos en condiciones ideales para que el retorno industrial que tenga España sea muy superior a la cuota que aportemos como país al nuevo telescopio que se va a construir en Chile. Pero claro, eso implica una toma de decisiones rápidas para entrar en el grupo fundador del consorcio del ELT, porque si entramos después ya se habrá adjudicado el proyecto.
Este momento dulce de la astronomía española llega en época de vacas flacas, ¿cómo lo están viviendo los astrónomos?
La astronomía española sabe que en ahora mismo no podemos vivir en la misma situación que hace cuatro años. De eso somos conscientes. Queremos ayudar con todas nuestras sugerencias y apoyo a la Administración para que tome las decisiones adecuadas, que deben de ser de carácter científico. Podemos vivir con menos dinero, pero lo que no podemos vivir es adelgazando el escaso tejido de personal e investigadores astronómicos. Lo que no podemos tomar es decisiones de amputación cuando el cuerpo está sano. Los astrónomos hemos nacido de la nada y no podemos olvidarnos de que hemos sido pobres, esto ya lo tenemos metido en nuestros genes y sabemos vivir con la pobreza. Es decir, que podemos ser pobres, pero no miserables.

«Con un plan ADO para la astronomía, en 10 años tendríamos candidato al Nobel»
La excelencia conseguida por la astronomía española hace que nuestras universidades generen unos 25 nuevos doctores por año. ¿Estamos alumbrando una generación perdida de astrónomos?
Es verdad que ahora mismo el sistema no va a tener la capacidad de introducir dentro del mismo a todos los doctores que estamos formando. Con esto se podía contar en cierta manera, pero no como política básica, sino como política de crisis. Incluso con todos los doctores que tenemos actualmente no llegamos al número de astrónomos por habitante de que disponen los países que tienen éxito dentro de la astronomía europea. No olvidemos que la posición de relevancia mundial que hemos alcanzado, la hemos logrado con una inversión en I+D+i cuyo porcentaje del PIB es mucho más bajo que la mayoría de países la UE —el decimonoveno lugar de Los 27— y teniendo un numero de astrónomos per cápita muy inferior al de los países de nuestro entorno —seis por cada millón de habitantes, casi la mitad que Francia, Suecia o Finlandia—. Por tanto, yo puedo entender que ahora en una época de crisis nuestros doctores jóvenes a lo mejor tienen que ir a hacer un ´posdoc´ fuera de España por dos, cuatro o cinco años. Pero, no pensemos que nos sobran astrónomos. Está claro que ¡ habrá que hacer una selección, pero siempre por criterios científicos, no por razones administrativas. Es decir, si tenemos un astrónomo de gran nivel, éste debe tener cabida en nuestro sistema investigador, pues de lo contrario eso significaría la muerte en muy pocos años del proceso que en 30 años ha hecho de la astronomía española una de las mejores del mundo.
¿Alguna idea para evitar que la astronomía pase a mejor vida?
Yo siempre he envidiado el proyecto ADO que se organizó para que ganáramos medallas en las Olimpiadas de 1992. Si las grandes empresas españolas hicieran un ADO para la astronomía, yo le aseguro que en 10 años tendríamos muchos proyectos europeos y algún candidato al premio Nobel.

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