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La vinculación valenciana de la Duquesa de Alba

"Quan el bé ve d´Almansa, a la duquessa alcança"

El duque de Berwick, jefe militar de Felipe V que indujo a quemar Xàtiva y fue la pieza clave de la derrota «maulet», fue premiado con el nuevo ducado de Llíria y su linaje emparentó con la Casa de Alba

"Quan el bé ve d´Almansa, a la duquessa alcança"

"Quan el bé ve d´Almansa, a la duquessa alcança"

­Si las llanuras de Almansa se convirtieron en cementerio del Reino de Valencia y sus Furs con la desfeta militar del 25 d´Abril de 1707, la victoria borbónica en aquella Guerra de Sucesión explica por qué la decimoctava duquesa de Alba, fallecida ayer, ostentaba el ducado de Llíria y Jérica.

Al ganar la batalla que lo llevaría al trono hispánico, Felipe V quiso condecorar como merecía al general que dirigió a las tropas borbónicas en la decisiva victoria de Almansa: el duque de Berwick, uno de los dos inductores de la orden de quemar Xàtiva en junio de 1707. Hablar del duque de Berwick, de James Fitz-James Stuart, es como mentar al diablo para la historiografía valencianista por su actitud represora hacia el pueblo valenciano. Fue la pieza clave, el artífice militar, de la derrota maulet. Como recompensa, Felipe V pensó en Llíria, una villa real como las grandes del reino (Valencia, Xàtiva, Alzira o Morella), con sus furs, consell y jurats, que el monarca degradó a tierra de señorío jurisdiccional para crear el nuevo ducado de Llíria y Jérica, con Grandeza de España aparejada.

Lo fundó el 30 de septiembre de 1707 y se lo entregó, «como paga, premio y remuneración de vuestros grandes servicios hechos a mi Corona», al duque de Berwick, que en ese instante pasaba a serlo también de Llíria. El historiador edetano Francesc Rozalén afirma que «puede considerarse como una venganza» hacia una villa antiborbónica durante la guerra.

Según recoge Rozalén, la primera visita del duque de Berwick a su Llíria fue el 2 de enero de 1708. Se hospedó en el mejor palacio: Ca la Vila, de estilo renacentista. Un detalle de aquella visita merece la pena ser destacado: el duque de Berwick mandó construir una cocina de estilo francés en el lugar que ocupaba la antigua capilla donde los jurats juraban sus cargos, que fue destruida. Mayor simbolismo, imposible.

El ducado de Llíria pasó a su hijo y luego a su nieto, Jacobo Francisco Fitz-James Stuart y Colón de Portugal, que en 1738 se casó con María Teresa de Silva y Álvarez de Toledo, hija de los duques de Alba. Ahí empezó la relación Llíria-Casa de Alba. Además, lo hizo de una forma sentimental. Entre 1751 y 1753, durante 23 meses, los duques de Llíria se alojaron en Ca la Vila de Llíria por problemas de salud de su esposa. La noble no sólo se recuperó de su enfermedad, sino que logró quedarse embarazada de su primogénito, que nació en Llíria y heredaría los títulos. Tan feliz recuerdo se llevó de la capital del Camp de Túria que cuando mandó al arquitecto Ventura Rodríguez construir su residencia en Madrid, la bautizó como «Palacio de Liria». Este duque fue el primero que quiso ser enterrado en la iglesia de la Asunción de Llíria, en un sepulcro excavado en el centro del coro y cerca del presbiterio.

La unión definitiva de los títulos de Berwick, Llíria y Alba tuvo lugar a la muerte sin descendencia, en 1802, de la decimotercera duquesa de Alba, la Cayetana que pintó Goya. Por herencia, su sobrino Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Fernández de Híjar-Silva, el séptimo duque de Berwick y Llíria, asumió la jefatura de la Casa de Alba y un rastro de títulos de su tía. Fue él quien fijó en el madrileño Palacio de Liria „hasta entonces residencia del duque de Berwick y Llíria„ la sede de la Casa de Alba. Hasta hoy.

En la iglesia de la Asunción de Llíria, afirma el historiador Francesc Rozalén, fueron enterrados cinco duques y una duquesa de Llíria. «Pero todas estas tumbas fueron profanadas durante la Guerra Civil y los restos fueron inhumados en fosas comunes del cementerio de Llíria», apunta. Sin embargo, el mausoleo que construyó el séptimo duque de Llíria para su madre, a la derecha del presbiterio y con el rostro de la duquesa, todavía se conserva.

Venta de las propiedades en 1913

Tras la supresion legal de los señoríos en 1811 „a partir de entonces, el título era sólo simbólico„, los duques de Llíria fueron vendiendo paulatinamente las propiedades que tenían en la población. «Ahora „explica Vicent Sesé, director técnico de Turisme Llíria„ ya no quedan posesiones de la familia. Sólo el simbolismo del título», añade. Sus propiedades durante el siglo XIX fueron administradas por gente como Josep Escig, un abogado liriano. Finalmente, en 1913 la familia vendió la casa procura situada en el Carrer del Ball, sitio desde donde se administraban sus bienes. Para entonces, o quedaba poco o nada. En la actualidad, Ca la Vila „aquel palacio al que llegó el duque de Berwick en 1708„ es propiedad municipal y sede del Ayuntamiento de Llíria. La localidad tiene desde 1897 una calle dedicada al Duc de Llíria. En 1964, la corporación municipal franquista concedió a Cayetana de Alba „la fallecida ayer„ el título de «alcaldesa honoraria» de Llíria. Cayetana acudió en persona, aprovechando su estancia en Valencia. Fue la última visita de un duque de Llíria a su dominio simbólico.

El alcalde de Llíria, Manuel Izquierdo, mostró ayer, en nombre de la ciudad, sus «condolencias» por el fallecimiento de la duquesa. Su primogénito heredará el título. Frente a las exaltaciones y honores, el historiador Rozalén pone distancia con el ducado. Aquel, dice, «fue un tiempo de represión, de empeoramiento de las condiciones económicas de los lirianos, de despersonalización y de pérdida de nuestras libertades políticas y lingüísticas». Aunque se diga que el mal d´Almansa a tots alcança, a algunos „los Berwick y de ahí a los Alba„ les sentó fenomenal.

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