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Pioneras

"Un país que no mantiene vivas a sus mujeres se hunde"

Justina Aguerre, ginecóloga de Médicos Sin Fronteras, atiende a víctimas de violaciones, complicaciones en el parto o ablación de clítoris en El Congo, Sierra Leona o Yemen

Las mujeres son el pilar de la familia.

Las mujeres son el pilar de la familia. Shutterstock

Justina Aguerre acaba de regresar de la República Democrática del Congo con un sabor agridulce. Esta médico, especialista en ginecología, ha vuelto a aparcar su trabajo durante unos meses para colaborar con Médicos Sin Fronteras (MSF) allí donde es necesaria su ayuda. Irak, Yemen, Etiopía y Sierra Leona son otros de los destinos que ha visitado esta joven de Tolosa. Cada lugar cuenta con su propia idiosincrasia, destaca, pero alerta de la vulnerabilidad de las mujeres como tónica general todos ellos.

En su consulta itinerante atiende a mujeres víctimas de violaciones en El Congo, complicaciones en el parto en Sierra Leona o ablación de clítoris en Yemen y Somalia. "Las mujeres, tanto en Oriente Medio como en África, son el pilar de la familia, de su pueblo y de todo lo que pueda significar desarrollo dentro de una sociedad, por lo que un país que no está mirando por mantener vivas a sus mujeres se está hundiendo por sí mismo", advierte.

-Tu primer viaje fue a Etiopía en 2007.

-Sí, estuve allí seis meses y me di cuenta de que nuestros servicios sanitarios de salud son una joya por lo bien organizados que están y lo bien que funcionan, aunque a veces tengamos quejas. Te das cuenta de qué complejo es a nivel organizativo y en lugares donde hay conflictos, ya sea por guerra o hambruna, quedan desabastecidos. Es un equilibrio que se rompe muy fácil y es muy difícil de reconstruir. Desde encontrar enfermeros, médicos, cirujanos... hasta atraer a la población al hospital. Cuesta que la gente vuelva a confiar en que la estructura sanitaria funciona.

"El Congo tiene un gran problema de violencia sexual. Hay violaciones a pueblos enteros o a mujeres que se desplazan de un pueblo a otro"

-¿Y cuál fue el motivo que te llevó al Congo?

-El Congo tiene un gran problema de violencia sexual. En Majibu, una zona que está pegada a Uganda y Burundi, hay una situación muy conflictiva en las fronteras. Desde el genocidio de Ruanda en los 90, hay mucha guerrilla oculta en la selva y con mucho poder local y una gran lucha de terrenos por las minas y eso hace que sea una zona muy inestable, con difícil acceso para los grupos militares nacionales, que son los que deberían abogar por la población, que está muy aislada.

Las comunicaciones entre diferentes pueblos o comunidades son muy difíciles y los caminos son muy peligrosos. Hay violaciones a pueblos enteros o a mujeres que se desplazan de noche o de un pueblo a otro. Hay mujeres que vienen con historias de dolores o problemas de fertilidad, pero indagando un poco te acaban contando las violaciones que han vivido. El proyecto en esta zona se centra en agresiones sexuales y salud sexual con equipos de medicina de la mujer y mucho apoyo psicológico.

-En MSF denunciáis estas situaciones, pero ¿la propia población lo denuncia o lo tiene interiorizado como algo normal?

-Hay de todo. Hay mujeres que nunca se lo han contado a nadie, se te derrumban en consulta y comienzan a hablar. Y dentro de una misma comunidad te puedes encontrar a varias mujeres que han pasado por lo mismo porque es bastante frecuente. Sobre todo es una cosa más de guerrillas, aunque algunas veces me he encontrado agresiones dentro del matrimonio o dentro de la casa.

Los sistemas de denuncia son complejos, lentos y muchas veces poco resolutivos, porque tener pruebas es muy complicado, y más cuando ha pasado tiempo. Entonces nosotros lo que hacemos es informarlas de cómo pueden hacerlo, pero sobre todo nos preocupamos de su salud mental. Cuando vienen rápidamente hacemos prevención de VIH y de enfermedades de transmisión sexual y cuando hay agresiones físicas tratamos de curarlas.

"Sierra Leona quedó con una sanidad muy quebradiza después del ébola. Ha sido muy difícil borrar la asociación de ir al hospital y morirse"

-En Sierra Leona, ¿qué problemas te has encontrado?

-Es un país que quedó con una sanidad muy quebradiza después del ébola. Perdió muchos médicos y enfermeras que se infectaron intentando tratar a otros pacientes y quedó un sistema sanitario muy debilitado en cuanto a personal y organización. Además quedó mucho miedo a los hospitales. Se asociaba ir al hospital con morirse y ha sido muy difícil borrar esa asociación.

Allí las comunicaciones son muy difíciles. No hay carreteras de asfalto en las comunidades más periféricas. Muchas veces la gente tiene que desplazarse caminando y eso hace que el acceso al hospital sea especialmente difícil, por lo que hay mucha tendencia de parto en domicilio por la matrona del pueblo. Entonces cuando surge una complicación y se dan cuenta de que necesitan ayuda, ir a un hospital es muy complicado. Puedes tardar dos o tres días en llegar y las complicaciones se multiplican. En Sierra Leona veíamos mujeres en situaciones muy graves, con muertes fetales de hace días, hemorragias e infecciones severas, fístulas...

-¿Qué tienen en común países como Irak y Yemen que atraviesan o han atravesado un conflicto armado?

-En Irak y en Yemen hay un nivel de medicina que se acerca más al europeo, pero lo que falla ahí es la infraestructura, que ha sido destruida, y la falta de seguridad para llegar al hospital por la inexistencia o la destrucción de las carreteras o el temor de que te caiga una bomba en el camino.

Las niñas son las más vulnerables en las guerras y otros conflictos.

Cuando estuve en Mosul sólo quedaba uno de los cuatro grandes hospitales que tenía la ciudad antes de la guerra. El sistema sanitario no daba abasto. Trabajábamos en un cuchitril en el que teníamos 35 partos por día. No teníamos paritorio, no teníamos camas suficientes y cada cama era compartida entre dos o tres mujeres al mismo tiempo. Además estas mujeres no querían estar en un hospital porque no se sentían seguras. Vi mujeres que seis horas después de una cesárea se marchaban andando a su casa porque tenían cinco o seis hijos más a los que atender y no podían dejar solos.

Educación sexual

-¿Está extendido el uso del preservativo en estos países?

-Encuentras desde gente que no ha oído hablar jamás de lo que es un preservativo y se lo tienes que explicar desde cero, como en Congo, donde me ha pasado varias veces. Hay que tener en cuenta que el acceso a los preservativos es muy difícil en los pueblos aislados y lo más común es la marcha atrás. Pero además, una vez que las mujeres llegan a su vida fértil, lo habitual es quedarse embarazadas y tener hijos. Hay una necesidad de tener familia y como hay una gran mortalidad tienen muchos para que así alguno sobreviva.

-¿A qué edad comienzan a tener hijos?

-Hay de todo. En general entre los 17 y los 20 años. En las comunidades musulmanas un poco antes y en comunidades más rurales y más cerradas se ven emparejamientos o casamientos de niñas de 14 o 15 años. Una vez que tienen la menstruación se las considera mujeres fértiles.

"En Yemen y Somalia la ablación de clítoris es algo tan cultural y que está tan asumido que una vulva de otra manera les parece fea"

-¿Se ha avanzado algo en cuanto a la concienciación contra la ablación de clítoris?

-Es algo cultural, muy arraigado y aceptado y lleva mucho trabajo, no va a cambiar de un momento para otro. La mayor parte de mutilaciones que he visto son del tipo 1, de los labios, pero en Yemen y en la región somalí sí que vi mucha ablación de clítoris. Muchas veces lo consideran algo estético, aunque culturalmente creen que tiene que estar cerrado para cuando tengan su primera relación. Si una chica de 20 años no se ha sometido a una ablación en su niñez estoy segura de que se la habría hecho después porque es algo tan cultural y que está tan asumido que una vulva de otra manera les parece fea.

-Alrededor de 800 mujeres mueren cada día en el mundo por una complicación en el embarazo o en el parto. ¿Cómo se puede reducir esta tasa de mortalidad?

-Nigeria e India son los países que más muertes maternales tienen, pero proporcionalmente, Sierra Leona es el país líder. El problema es muy complejo. Por un lado, podríamos empezar desde la educación. Una mujer tiene que saber los riesgos que corre en el embarazo y cuándo necesita ayuda. En segundo lugar tiene que tener un acceso más o menos fácil para poder llegar cuando necesite ayuda. Y luego, necesita que exista un hospital y un servicio que le pueda ayudar, con profesionales, materiales y estructura.

Además, hay un punto muy importante pero que a la vez es muy controvertido que es regular los abortos. Muchas de las muertes maternas que se producen se deben a las consecuencias de abortos ilegales, cuando al no tener acceso a un aborto seguro, lo hacen por su cuenta, en un chiringuito.

La realidad es que no existe un acceso fácil o facilitado para hacer un aborto de forma segura, por lo que quien ha tomado la decisión de que no quiere ese embarazo va a abortar de una forma o de otra y mirar hacia otro lado lo único que está haciendo es que mueran más mujeres.

-¿Y cuál es el papel de las mujeres en estos contextos?

-Las mujeres, tanto en Oriente Medio como en África, son el pilar de la familia, de su pueblo y de todo lo que pueda significar desarrollo dentro de una sociedad. De ahí la afectación que ves cuando a una familia se le muere una madre porque cada muerte materna rompe la dinámica económica y organizativa de una familia y se pierde un ladrillo de esa comunidad. Y un país que no está mirando por mantener vivas a sus mujeres es que se está hundiendo por sí mismo.

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