Suscríbete BLACK WEEK

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Primera entrega

Ruta por la España perimetrada: Los camioneros cenan solos

Primeros 343 km de ruta por la España perimetrada: Madrid-Guadalajara-Algora-Zaragoza-Alfajarín

Ruta por la España perimetrada (1): Los camioneros cenan solos.

Ruta por la España perimetrada (1): Los camioneros cenan solos. Fotos y vídeo: José Luis Roca

El toque de queda inquieta a los transportistas y angustia a quienes les sirven cafés

Ianec Ivanco lleva sin comer caliente desde Turín, y ya está a las puertas de Guadalajara. A sus 60 años aguanta bien su guerra con el covid, atrincherado en lo alto de su tráiler colorado.

Desde que cargó en la ciudad italiana, prefiere comer frío en la seguridad de su cabina a aventurarse en el peligro de los bares. Es que "ho paura di covid", dice. En las paradas, si la tentación vence al miedo, entra al bar a pedir como mucho un café para llevar, y se vuelve rápido a la cabina, a sus telefonazos a la familia en Macedonia.

Este conductor teme al covid. En la tierra en la que ha parado a estirar las piernas hay una incidencia acumulada de 460 casos por 100.000. No es mucho todavía, en comparación con la que hallará este diario en una ruta por la España perimetrada, en la que brillan por su ausencia los controles policiales.

Los camiones cruzan de noche en solitario la España perimetrada por culpa de la covid. José Luis Roca

En la vecina Navarra hay mil por cien mil, y gotean las ambulancias sin parar en las Urgencias del Complejo Hospitalario de Pamplona; en Logroño, la gente calma la ansiedad con propóleo y lotería, mientras asiste al cierre general de bares; en Bilbao, jóvenes hartos de mascarilla y descontentos con el toque de queda queman contenedores de noche, cuando les cortan la juerga; y en Castilla y el rebelde Madrid el covid muerde a la atención primaria.

Pero Ivanco opina: "La España, bene; mejor que Francia. Allí pocas mascarillas. Aquí tutto polito". Habla desde su asiento mirando de vez en cuando por los retrovisores, por si diera la casualidad de que quien le pregunta no fuera periodista, sino un conchabado con ladrones de remolques.

El tráiler de Lanec Ivanco es un glóbulo rojo por la arteria A2. Entra por La Jonquera y cruza Catalunya, Aragón, una punta de Castilla-La Mancha y se adentra en el hígado de Madrid por los capilares de los polígonos industriales. Según tragaba kilómetros, los gobiernos autonómicos han ido cerrando territorios para frenar al coronavirus. Él no se entera de mucho, pero lleva un papel que le dieron en Italia, "il permesso di passaggio", a cuidadoso recaudo en una agenda marrón.

El macedonio Ivanko no come caliente desde Turín. Prefiere la seguridad de su cabina. José Luis Roca

El pan nuestro de cada noche

Cuando ya no hay sol se apresuran los camiones en las proximidades de las ciudades de la España perimetrada, porque temen sus conductores que el toque de queda no dé tiempo a los reponedores de las tiendas a descargar.

En un glóbulo blanco enorme, un trailer doble de ocho ejes, llega el valenciano Paco Oltra a la mayor extensión de asfalto del término alcarreño de Algora, donde se levanta el área de servicio 112.

Empadronado en Leganés, con vecindad en la A2, llevando viandas y detergentes de los supermercados Día, el territorio que atraviesa por las noches Oltra es una oscuridad que rompen las rayas de la carretera, los puntos luminosos de los quitamiedos y los letreros led de las gasolineras. Es una negrura que tornan lechosa las luces de cruce. Hay niebla; parece invierno, pero no hace frío en la España perimetrada. Hay niebla y peligro, pero frío aún no, ni se han generalizado aún los catarros. "Los camioneros somos los que menos nos contagiamos -dice Paco- Ni gripe ni covid. Es que pasamos todo el día confinados en el camión".

Paco se apresura a por pan creyendo que el toque de queda cerrará el área de servicio. José Luis Roca

Oltra no lo pasó bien en el confinamiento de primavera. "No había dónde pararse a tomar café ni a lavarse la cara para despejarse -cuenta-. Y donde había, ya no quedaba. Y si había un aseo, cerrado. Ya acabé harto de mear en las ruedas, como un animal".

De camino ha venido oyendo la radio en la cabina de su monstruo de 60.000 kilos, y cada hora ha escuchado cómo va el cierre de las dos castillas, hasta que se ha mosqueado: "Joé, las nueve y media. A parar, que lo mismo me quedo sin pan".

"De una comunidad a otra las normas son un lío", se queja un transportista

decoration

Este chófer de la ruta Madrid-Barcelona ya no quiere que le pase como en marzo, cuando solo ellos, las ambulancias y las fuerzas de seguridad andaban por carreteras, de tan vacías, espectrales. Con lo del toque de queda, se ha barruntado que igual los bares de arcén cierran a las diez, y que no encontraría una barra de pan para cenar. Es que "de una comunidad a otra las normas son un lío".

A Nati, camarera de un bar de carretera, le inqiueta el bar vacío y el riesgo de otro ERTE. José Luis Roca

En el tradicional desorden alimentario del viajero, Paco Oltra apura su segundo cortado antes de la cena. La cafeína es el otro combustible de la A-2. Deja el vaso vacío, pero aún humeante, y dice: "Bueno, me voy con el bicharraco". Antes de recoger la vuelta guiña el ojo a Nati, la camarera rifeña, que, antes de que empezara a venir la parroquia nocturna, miraba melancólicamente al bar vacío con la barbilla apoyada en un puño.

Bocata, Barça y Juve

El área camionera más grande de la A2 está en el callado pueblo de Alfajarín, en las afueras de la capital de Aragón. De camino, los luminosos de la carretera advierten: "Estado de alarma", "Zaragoza confinada" y "Solo viajes imprescindibles".

El Juve-Barça ha llevado a estos transportistas a parar en un área de servicio, donde ven el partido antes de dormir un rato. J. L. Roca

Un evento extraordinario ha atraído a los chóferes como limaduras de hierro al imán de Rausan, el área de servicio que mira para Lleida. En su parking pasarán la noche decenas de camioneros. La tele da un Barça-Juve, y el lento llegar de tranportistas que son las noches de la pandemia hoy es un chorrillo, pero aún insuficiente.

"Antes venían los del Imserso, y los de los autobuses, y más camiones. Ahora trabajamos con un gota a gota", se angustia el camarero Salvador Sánchez entrechocando la porcelana de los platos y tazas blancas que amontona en la barra. Podría hacerlo con los ojos cerrados: ya lleva ahí 31 años.

Un camionero hace la digestión recostado en la silla y ante su mantel de papel, mientras habla con la familia por videoconferencia. A solas, estira el brazo del móvil para que le vea la parentela y, en cuanto se conecta, de una cara sombría pasa a una sonrisa para saludar.

Videollamada con la familia de un furgonetero tras la cena: "Papá, lávate las manos". José Luis Roca

Ni un control

En otra mesa, a más de dos y de tres metros de distancia, el extremeño Fidel López, que nació en Almendralejo hace 57 años y lleva 30 agarrado al volante, rumía la mala leche que se le ha puesto por la tarde en una gasolinera. "Les pregunté dónde tenían el servicio, y me dijeron: "El servicio está cerrado, pero ahí hay una tapia...".

López, uno de los decanos de la A2, con barba y rizos romanos, venía de Francia, ha cargado en Barcelona y Castellbisbal y va para Maia, en las afueras de Oporto. De la costa a la meseta y de nuevo a la costa, subirá y bajará como lo hacen las gráficas del covid entre autonomías.

El camionero Fidel López lamenta que con el confinamientos cada vez sea más difícil encontrar aseos abiertos en las carreteras

decoration

Esta vez ha pasado de los 655 casos por 100.000 en 14 días (o sea, Cataluña) a los 940 (Aragón), y tiene por delante el territorio de los 700 (Castilla y León) hasta que, por Zamora, entre en el Portugal de los 323 casos por cien mil.

Fidel lleva su salvoconducto, "uno para todas las regiones", explica, y cruza los territorios de los edictos de seis boletines oficiales distintos, pero en 670 kilómetros le ha parado la policía una sola vez, en La Jonquera. No le pidieron el papel, pero sí le revisaron las mascarillas. Él no ve el confinamiento político, el cierre perimetral que cuentan los medios: se pasa de región a región sin problema.

Fidel, camionero extremeño: Lo peor del confinamiento es el cierre de los aseos en carretera. José Luis Roca

Salud o economía

En comparación con la montaña de macarrones con carne picada y el cerro de chuletas de cordero y patatas fritas que sirven en el menú del día, es monacal la sopa que se toma Vicente Buisán en un rincón del área de servicio, después de que los pocos clientes hayan dejado ya sus mesas.

A Buisán, zaragozano "cien por cien" que lleva desde los años 90 en el restaurante de Rausan, que ahora dirige, se le nubla el gesto si se le menciona otro posible confinamiento.

La sombra de otro erte planea sobre las mentes de muchos cuando oyen la palabra confinamiento

decoration

Sesenta de los sesenta empleados que forman la plantilla del área de servicio se fueron al erte en marzo y hasta el 25 de mayo. Ahora, del paisaje humano que sin pandemia frecuentaba el local se han esfumado el turista de coche, el turista de autobús, el turista jubilado, el estudiante in itinere, los deportistas de clubes de tercera...

Los directivos como Vicente Buisán tienen puesta su mirada en el segundo trimestre de 2021, "porque todo lo que hay en el calendario desde ahora hasta entonces está perdido", apuesta, y se queda pensando cuando se le pregunta por la disyuntiva entre economía y salud en la que andan los políticos: "Salud, pero hay que buscar una combinación para compatibilizar las dos -cree-. Las medidas que se han tomado son excesivamente genéricas. Se criminaliza a la hostelería, cuando la hostelería es muy variada".

De eso ha conseguido convencer su gremio al poder local. No es lo mismo una estrecha taberna del Tubo de Zaragoza que su espacioso bar de carretera. Los restaurantes como el suyo superan el toque de queda: pueden abrir toda la noche porque abastecen al servicio esencial del transporte. Buisán cuenta cuál fue el último argumento que aflojó la mano del Gobierno de Aragón: "Les dijimos que los camioneros guardan la distancia porque siempre cenan solos, cada uno en su mesa. Y lo entendieron".

Un camionero en el área de servicio de Alfajarín, Zaragoza. José Luis Roca

Un camionero en el área de servicio de Alfajarín, Zaragoza. Vídeo: José Luis Roca

Accede tambien

Ruta por la España perimetrada (2): Lo peor es la incertidumbre

Ruta por la España perimetrada (3): Fuego en el cuerpo y el alma de todos

Ruta por la España perimetrada (4): La noche es de los esenciales

Ruta por la España perimetrada (5): Cuando el virus asedia al hospital

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats