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Todas, todos, todes: el debate de los pronombres de género no binario

Todos, todas, todes

Que alguien pida que no se le dirijan ni en masculino ni en femenino, sino con el morfema no binario «-e» (en castellano) o «-i» (en catalán), puede resultar chocante y complicado para la mayoría de hablantes. Hace una década, la sorpresa (y la indignación en muchos casos) la provocaba el desdoblamiento («bienvenidos y bienvenidas»), que hoy está casi totalmente asumido. También el uso del femenino génerico («las diputadas del Parlamento», en referencia a toda la cámara) se ha afianzado en algunos ámbitos. Quienes defienden estos usos los consideran formas de lenguaje más inclusivas.

Ártemis López se presenta no como doctorando ni doctoranda sino como «doctorande» en Lingüística por la Universidade de Vigo. Durante la conversación para este artículo, los torpes intentos de la periodista de usar el género no binario hacen que se cuelen femeninos y masculinos por doquier. «No pasa nada, requiere práctica -tranquiliza López-. Es distinto cuando la gente lo intenta que cuando no lo hacen a malas».

Bilingüe en castellano e inglés, se dedica a la traducción y a la interpretación, especialmente de textos de las comunidades queer, trans y no binarias. En su cuenta de Twitter ha desplegado un práctico hilo sobre el uso de nuevos pronombres y otros recursos lingüísticos no binarios en inglés, castellano, gallego/portugués, italiano y francés. 

«No creo que el lenguaje sea ni sexista ni no sexista, lo son las personas y las sociedades -afirma-. Hay personas no binarias que utilizan la e porque ese es su género gramatical y no respetarlo sí que supone un acto de sexismo y transmisoginia».

A rebufo del inglés

En inglés, que no tiene concordancia de género, está muy extendido el uso del pronombre they (que en las escuelas de idiomas se enseña solo como equivalente a 'ellos') para referirse a una persona no binaria. El they/them como singular neutro está documentado desde el siglo XIV, aunque hasta 2019 no se incluyó en los diccionarios de referencia con esta acepción. Además, también se han creado neopronombres como ze/hir, como alternativa a he/she.

En lenguas, como el castellano y el catalán, en las que el género forma parte del ADN gramatical se ha optado por sustituir las terminaciones del masculino y el femenino por la arroba, el asterisco o la x, que no se consideran discriminatorias pero tampoco visibilizan la experiencia no binaria. También se usan los neopronombres, con distinto éxito. Es el caso del ille/iel en francés, el sier/xier en alemán o el hen en sueco. En italiano se debate adoptar la e invertida como terminación neutra.

Persona no binaria: ¿hombre, mujer, ninguna o ambas?

La polémica más reciente sobre lenguaje y género en Catalunya la protagonizó la ‘consellera’ de Igualtat i Feminismes, Tània Verge, que en un acto del Día del Orgullo empleó el pronombre «totis», en lugar de «totes, tots o tothom». Fuera de los colectivos directamente interpelados, este uso volvió a ser motivo de pitorreo. Pero más allá de las burlas e insultos en Twitter hay quien se opone a esta práctica con argumentos lingüísticos.

Seis críticas

La lingüista Carme Junyent es de las pocas académicas que plantea duras críticas sin temor al qué dirán. Su próximo libro se titula ‘Som dones, som lingüistes, som moltes i ja en tenim prou’.

Consultada sobre la polémica del totis, su extensa explicación se puede resumir en seis puntos:

1) «Que un individuo crea que puede inventarse una gramática indica arrogancia y desconocimiento de cómo funcionan las lenguas».

2) «Cuando los cambios se imponen desde el poder no llevan a ninguna parte».

3) «Cambiar el lenguaje no cambia la realidad: en la mayoría de lenguas no hay nada parecido al género y el machismo es universal. En los años 70 hubo un debate y se cambió el nombre de la Escuela de Ingenieros de Barcelona a Escola d'Enginyers. ¿Y cuántas mujeres ingenieras hay? Es como si para acabar con la propiedad privada se decidiera eliminar los posesivos".

4) «El término genérico es el más inclusivo, el masculino incluye al femenino, igual que el singular incluye al plural. En todo caso el problema es llamarlo masculino y femenino, que son categorías arbitrarias.»

5) Las marcas no binarias «son consecuencia directa del desdoblamiento, que obliga a identificarse como hombre o mujer».

6) «Nos fijamos en la lengua pero deberíamos fijarnos en los comportamientos lingüísticos: quién habla, cuánto tiempo, quién interrumpe, a quién se escucha... Perdemos el tiempo en lo superficial y no profundizamos en las cosas".

En conclusión, según Junyent, el uso del totis -o el todes que usa habitualmente la ministra de Igualdad Irene Montero- no solo no fomentaría sino que obstaculizaría la inclusión de género porque al visibilizar a un sector de la población lo estaría estigmatizando más.

12 palabras clave de vocabulario LGTBQA+

De la calle a la norma

"A veces la propuesta de usos lingüísticos alternativos no prospera porque no resulta natural en un momento determinado", admite la profesora de Literatura Inglesa Maria Antònia Oliver, que forma parte de la Comissió d’Igualtat en Polítiques de Gènere de la Universitat Pompeu Fabra. Pero añade: "La ‘consellera’ Verge propone totis no tanto desde una voluntad normativista de introducir un nuevo sufijo o un nuevo término, sino desde el espíritu de crítica al uso discriminatorio del lenguaje".

En 2018 un grupo de especialistas publicó una serie de propuestas para reformar la Constitución. La catedrática de Lingüística General María Luisa Calero se ocupó de redactarla con perspectiva de género, evitando formas como el masculino genérico que considera que discriminan a la mujer. Paralelamente, la exministra Carmen Calvo había pedido a la RAE un informe sobre esta cuestión, pero la respuesta fue negativa: el masculino genérico es de uso mayoritario en la comunidad hispanohablante y por lo tanto no hay motivo para cambiarlo.

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