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Radiografía del debate

Glasgow: la última oportunidad para salvar el planeta

El debate se centrará en tres pilares: evitar que el aumento de las temperaturas supere 1,5 grados de media, idear políticas climáticas más contundentes y dibujar la hoja de ruta para el fin de los combustibles fósiles

El calentamiento derrite tanto hielo que ya deforma la corteza terrestre.

El mundo tiene una última oportunidad de evitar la catástrofe climática y esta es la Cumbre del Clima de Glasgow (COP26). Entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre, gobiernos de todo el mundo debatirán sobre cómo frenar el avance de la crisis climática. Las discusiones se centrarán en tres pilares: evitar que el aumento de las temperaturas supere 1,5 grados de media, idear políticas climáticas más contundentes y dibujar la hoja de ruta para el fin de los combustibles fósiles. El reto, una vez más, será cómo pasar de la teoría a la práctica. De las promesas a los pactos.

La premisa con la que arranca la Cumbre del Clima de Glasgow es que, según denuncian innumerables informes científicos, "hasta ahora no se ha hecho lo suficiente". Ni siquiera el Acuerdo de París, el mayor compromiso climático firmado hasta la fecha, ha conseguido alejar un futuro de calentamiento global extremo. Según constata un reciente informe del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, las emisiones de gases de efecto invernadero deberían caer un 55% antes de 2030 para evitar que el planeta se caliente por encima de 1,5 grados. Pero los acuerdos firmados hasta la fecha tan solo contemplan una reducción de 7,5%, lo que llevaría a un aumento global de las temperaturas de casi tres grados para 2100. 

El termómetro de finales de siglo marcará las negociaciones de una Cumbre del Clima que, tras un año de parón por la pandemia de covid-19, deberá volver a poner sobre la mesa la urgencia de la crisis climática. "El objetivo es limitar el calentamiento global a 1,5 grados. Pero atención, esto no significa que el incremento de 1,5 es nuestra meta; es el techo máximo al que nos podemos permitir llegar si queremos evitar la catástrofe climática", resume Christiana Figueres, ex secretaria ejecutiva de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y actual portavoz de la plataforma Optimismo Global. 

Menos promesas, más ambición

El gran reto de la COP26 será dar con políticas climáticas más ambiciosas, más contundentes y de aplicación inmediata, tal y como reclaman organismos científicos y ecologistas de todo el mundo. Según los acuerdos firmados hasta la fecha, la Unión Europea y 50 países más ya se han comprometido a alcanzar "cero emisiones" en las próximas décadas. Aunque, según denuncian los expertos, "la hoja de ruta para conseguir la neutralidad de emisiones sigue siendo muy ambigua". También preocupa que países como Australia, Rusia o China (que destacan entre los grandes contaminantes del globo) alejen el horizonte de cero emisiones más allá de 2050, pues no está claro si para entonces todavía estaremos a tiempo de esquivar las devastadoras consecuencias de la crisis climática.

Voces contra la crisis climática

"En esta Cumbre está en juego la credibilidad de los líderes políticos de todo el mundo. No podemos permitir que este encuentro acabe, una vez más, con una declaración de intenciones y sin acuerdos concretos. Glasgow tiene que convertirse en un punto de inflexión", argumenta Farhana Yamin, vicepresidenta del Foro de Vulnerables Climáticos. "¿Cuántas promesas y compromisos se han roto hasta ahora? No es una buena noticia ver que, año tras año, los pactos climáticos no se cumplen y nadie hace nada al respecto", comenta la activista climática en vísperas del inicio de la Cumbre del Clima de Glasgow. 

En las próximas dos semanas, la ciudad escocesa se convertirá en el escaparate de un debate clave para el futuro del planeta. El encuentro prevé reunir a más de 20.000 personas de todo el globo; desde jefes de estado y ministros hasta científicos, activistas y observadores. Todo apunta a que las negociaciones de este año serán especialmente espinosas dada la escalada de tensiones entre las potencias más ricas (y contaminantes) del mundo. "Honestidad, claridad y seriedad tienen que ser los ingredientes de las negociaciones de la COP26. La gente está cansada de planes que no se cumplen. Esta reunión tiene que marcar un cambio", afirma Laurence Tubiana, directora general de la Fundación Europea del Clima.

La geopolítica tras el debate

Los temas más conflictivos que, hoy por hoy, están sobre la mesa de debate tienen más que ver con la geopolítica que con la lucha ecologista. Preocupa, por ejemplo, que los planes para poner fin al consumo de combustibles fósiles choquen con las tensiones de un mundo que, en plena crisis energética, ha vuelto a tirar de carbón, petróleo y gas. Según destaca un reciente informe de Naciones Unidas, si seguimos produciendo y consumiendo como hasta ahora, en 2030 tendremos 240% más carbón57% más petróleo y 71% más gas de lo necesario para frenar el calentamiento global extremo. La comunidad científica, de hecho, argumenta que la única senda sostenible a largo plazo es eliminar (y no reducir) el consumo de estos contaminantes

Brecha de emisiones

También se prevé que el debate se encienda en cuanto toque abordar la promesa incumplida de los 100.000 millones de dólares. Doce años después de que los países más ricos del planeta (responsables de hasta el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero) se comprometieran a ayudar al sur global a hacer frente a esta crisis, el objetivo de financiación todavía no se ha cumplido. Esta falta de recursos hace que la crisis climática ponga en jaque a las regiones más pobres del planeta. Según denuncian innumerables informes, en estos momentos los países de renta baja no disponen de fondos suficientes para, por ejemplo, reconstruirse tras el impacto de un fenómeno meteorológico extremo o prepararse para sobrevivir a una sequía extensa. 

Todavía estamos a tiempo

El último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) aporta dos datos clave para entender la urgencia de esta crisis. El primero es que, incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero y los combustibles fósiles cayeran en picado ahora mismo, la crisis climática seguiría avanzando durante décadas. El planeta necesitaría entre 20 y 30 años para estabilizar su atmósfera (y frenar el aumento de los termómetros). El segundo dato clave es que, si queremos evitar que la temperatura suba por encima de 1,5 grados de media, las emisiones de dióxido de carbono tienen que tocar techo en 2025 y llegar a cero antes de la década de los 70. El 'deadline', pues, está mucho más cerca de lo que se preveía hasta ahora.

 La buena noticia, argumentan los expertos, es que todavía estamos a tiempo de alcanzar estos objetivos y esquivar así el aumento extremo de las temperaturas. Eso sí. Hay que empezar ya. Glasgow tiene que convertirse en el principio del fin de la crisis climática. Esta es la última llamada para salvar el planeta

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