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Erupción en la palma | La respuesta de la ciencia

El volcán de La Palma "salvará vidas" en las futuras erupciones canarias

Un artículo publicado en ‘Science’ pone de relieve la buena actuación de los científicos de las Islas durante la emergencia

Un efectivo de la Unidad Militar de Emergencias (UME) mide los gases que emanan del volcán en la zona de exclusión.

Cuando el volcán de La Palma entró en erupción, la ciencia reaccionó a tiempo. El conocimiento científico estaba lo suficientemente maduro como para evitar muertes y para saber que más pronto que tarde, un volcán emergería en un perímetro concreto de la ladera oeste de Cumbre Vieja. La erupción de Tagoro, en El Hierro, fue un hito definitivo para lograr esta preparación, pues fue ella quien engrasó la maquinaria científica de las Islas. Gracias al volcán submarino, el primero monitorizado en España y en el mundo, se empezó a entender el papel de la sismicidad, la deformación y los gases en Canarias. Un conocimiento que del 11 al 19 de septiembre de 2021 fue clave para evitar que en La Palma sucediera una desgracia humana. Hoy, todos los datos que se están recabando en la erupción, que es posiblemente la más monitorizada del mundo, servirán de referencia mundial y podrán ser utilizadas en Canarias "para salvar vidas" en las futuras erupciones del Archipiélago.

Un reciente artículo de opinión, publicado en la revista Science, pone de manifiesto lo importante que ha sido la preparación de los equipos de vigilancia, tanto del Instituto Geográfico Nacional (IGN) como el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), así como el despliegue de medios que se realizó desde 2017 en La Palma. El autor del artículo, el vulcanólogo, Marc-Antoine Longpré, pone de manifiesto que "con el desastre llegarán las oportunidades" porque, como insiste en que "identificar y diseccionar la reactivación de Cumbre Vieja, desde su inicio, después de cinco décadas de quietud, tendrá un valor tremendo". En este sentido, el científico hace referencia tanto a la futura prevención del vulcanismo en Canarias como a la reevaluación del pasado con los datos actuales.

La información que se sustraiga de la vigilancia volcánica será referente a nivel mundial

Que esta erupción va a ser un revulsivo científico es algo que nadie duda. "De esta erupción vamos a sacar muchísimas información sobre la profundidad de reservorios, cuáles son activos, cómo se relacionan con la deformación y los gases, entre otras cosas", afirma el vulcanólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Pablo Rodríguez. Y es que lo que ahora es una maraña de datos sin demasiado sentido – a veces incluso para los propios científicos –, en un futuro "cuando se pase a limpio" empezará a formar parte del corpus de conocimiento que los canarios tienen sobre su vulcanismo.

Un tipo de actividad que, aunque no es única en el mundo, sí que apenas se ha monitorizado en la historia. Y es que, a excepción del volcán Paricutín, en México, son muy pocos los volcanes monogenéticos que han sido "acribillados" con una cantidad tan inmensa de tecnología como la que tiene alrededor el volcán de La Palma. Stavros Meletlidis, vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), va más allá: "este volcán tendrá más datos incluso que los volcanes más grandes del mundo, porque ha causado muchísima más afección a la población".

Sin embargo, aún hay dudas sobre si esta erupción, que está cerca de convertirse en una referencia mundial, podrá ayudar a resolver cuestiones tan complejas como prever cuánto tiempo estará activo un volcán o cómo de grande va a ser. Para Rodríguez se podrá avanzar en revelar una incógnita como esta si se consigue establecer "un modelo predictivo en el que se integren todos los precursores". Como explica, con un modelo matemático en el que se tengan en cuenta todos los indicadores (como sismicidad, deformación o emisión de gases), así como su interrelación, se podría llegar a dar una estimación fiable. "Necesitamos un compendio de observables, porque ninguno por separado nos da información clara", explica. Para ello, como recuerda, "se necesita más ciencia y más inversión".

Sin embargo, Meletlidis considera que el escenario volcánico actual es algo más intrincado. "Podríamos tener 30 parámetros distintos, pero todos ellos fluctúan independientemente", reseña. El vulcanólogo relaciona el querer modelizar las erupciones de Canarias con intentar "poner orden en el universo". Además, aún hay que trabajar más para poder "descifrar las señales" porque como admite Meletlidis "aún hay cosas que vemos y no entendemos".

"La naturaleza es compleja; siempre vamos a echar algo en falta a la hora de entenderla", recalca Meletledis. Para el científico, se parte de la base de que en las erupciones más frecuentes en Canarias, las monogenéticas, es muy difícil calcular cuánto volumen de magma hay, y este es el indicador indispensable para prever cuándo va a volver a dormirse. "En erupciones monogenéticas como esta, donde hay una conexión con la parte superior del manto, el reservorio es incalculable; es imposible». Lo que está claro es que esta erupción va a ayudar tanto en la festión de riesgo, como en mejorar la tecnología y ciencia aplicada a volcanes, como para construir un conocimiento nuevo sobre los volcanes de Canarias, que será tan importante para el mundo como para la seguridad de las Islas.

Dejar el pasado atrás

Pese a que Marc-Antoine Longpre apuesta por utilizar los datos del volcán para reevaluar el pasado de las islas, especialmente las erupciones históricas, los científicos no lo tienen tan claro. Stavros Meletlidis es radical: "debemos dejar el pasado atrás". Para el vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN) esa información no refleja la realidad actual y hay que "quitárselas de la cabeza". Sobre todo porque no son lo suficientemente objetivas. "Estamos hablando muchas veces de 500 años de actividad, cuando Cumbre Vieja tiene más de 125.000", insiste. Por esta razón, concreta que, a partir de ahora, es mucho más interesante para el Archipiélago tener las últimas dos erupciones (la actual y la de El Hierro) como referencia científica de cómo se comportan los volcanes en Canarias.

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