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Zamora

Un veterinario reclama una indemnización por una grave cornada en el escroto y el ano

El técnico entró en chiqueras al avisarle el empresario de que estaban vacías, pero quedaba un toro que le rompió varias costillas y vértebras

Mauricio Guerrero durante el juicio celebrado ayer en el Juzgado de lo Social 2 de Zamora. S.A.

El azar le rescató de la bravura del toro de más de 400 kilos que se ofuscó con su cuerpo y logró cornearle en tres embestidasEse 31 de agosto de 2021, casi al finalizar el espectáculo de cortes en Benavente, volvió a nacer. Ahora, el veterinario que actuaba como técnico en el festejo reclama, por vía penal, una indemnización por las graves lesiones y secuelas sufridas que le mantuvieron 10 meses de baja para ejercer como funcionario de la Junta de Castilla y León. Las diligencias que continúan tramitándose en el Juzgado tratan de determinar la responsabilidad de la gravísima cogida que estuvo a punto de costarle la vida hace poco más de un año.

Los testigos de las brutales acometidas del astado dieron por muerto al veterinario benaventano, a Mauricio Guerrero, atrapado tras abrirse la puerta de la segunda chiquera. Allí, cuando el facultativo acudía a recoger unas gafas que se le habían caído“entré porque me insistió el empresario en que ya no había ningún toro, tres veces me dijeron que no había ganado. Tenía que franquear tres puertas”. En la segunda, se topó por sorpresa con el animal que acababan de rechazar por exceder en unos días la edad reglamentaria de 4 años estipulada para ese tipo de espectáculos.

Eran las 21.05 horas, el último de la tarde se hallaba aún en el ruedo, cuando Mauricio, con 31 años de profesión, inscrito en el Colegio de Veterinarios, y con 30 como profesional en festejos taurinos, pudo entrever las pezuñas del bovino y a penas le dio tiempo a gritar que quedaba un toro dentro, el que en el mismo instante en que se abrió la segunda puerta “estaba a un metro de mí”, relata.

Precisamente, su pericia le permitió reaccionar con suficiente astucia y rapidez. “Al ver al toro, me tiré al suelo y me cubrí”, pero no pudo impedir las primeras cornadas, ni una segunda embestida brutal en la que el pitón izquierdo le traspasó el escroto, el perineo, llegó al ano y terminar hincado en la fosa isquiática para dañar el nervio ciático, describe el hombre que sufrió heridas de extrema gravedad. La cornada fue de seis centímetros de profundidad. El astado volvió a retirarse no para abandonar su obcecación.

Lejos de cesar en el ataque, el toro bravo “volvió y me siguió dando golpes”. A pesar de la importancia de la cogida, Mauricio no perdió el conocimiento ni se percató de la trascendencia de las heridas hasta que se incorporó por su propio pie“comencé a respirar”, aunque tenía 4 costillas rotasuna contusión pulmonar y otra craneal, y dos vértebras fracturadas que le detectarían a los seis meses de ser cornado.

Además, sufre un pinzamiento del nervio ciático porque las cornadas "me afectaron a la raíz nerviosa". Al levantarse solo percibió que “caía sangre sobre mis zapatos”, y solo fue consciente de que podía morir cuando una sanitaria se le aproximó y se lo llevó a la enfermería para darle los primeros auxilios, derivarle al Hospital Virgen de la Concha, desde donde terminó trasladado a Salamanca para practicarle una cirugía especializada en este tipo de lesione.

A partir de ahí, vivió un infierno que le mantuvo durante meses sin poder sentarse ni siquiera para defecar, explicaba ayer. La fuerza del animal hundió parte del móvil que el veterinario llevaba en el bolsillo izquierdo del pantalón, si bien las mayores huellas han quedado en su cuerpo, limitado para caminar por las importantes secuelas.

Un vacío legal que impide admitir un accidente laboral

El galimatías competencial que envuelve los espectáculos taurinos impidió ayer a la magistrada del Juzgado de lo Social número 2 de Zamora dilucidar si la gravísima cogida que el veterinario benaventano sufrió el 31 de agosto fue accidente laboral qué administración o qué empresa y, por tanto, qué compañía de seguros debería asumir la indemnización.

El juicio que estaba previsto celebrar ayer no pudo ser: la jueza no tenía armas legales para resolver. La Junta de Castilla y León, de la que es funcionario el veterinario, exige por Ley la presencia de estos profesionales en los espectáculos taurinos para el control de los toros que participan.

Sin embargo, el Colegio de Veterinarios determina quién cubre cada evento. Y, por si fuera poco, el ayuntamiento, en este caso el de Benavente, cede o alquila el coso taurino. También participan de este laberíntico entramado la empresa que organiza el evento, la ganadería que proporciona los astados y que transporta los animales.

Habría que dilucidar, pues, si hubo una infracción de medidas de seguridad por parte de alguna de ellas al no asegurarse fehacientemente de que no había un toro en las chiqueras, como exige la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

¿Existe accidente laboral? La respuesta resulta imposible de concretar, puesto que el Inss, la Seguridad Social, “no me permitió darme de alta para realizar la actividad mercantil como veterinario al ser un evento puntual y no por un mínimo de seis meses”.

Al Ayuntamiento facturó 128,84 euros al veterinario por sus servicios, según recoge el informe de la Inspección de Trabajo. Y la Junta cubrió los gastos de la baja médica de agosto de 2021 a abril de 2022.

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