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Los chikos del maíz: "Nuestra música siempre tendrá un compromiso político"

David Simon, creador de series como «The Wire» o «Treme», representa una manera de crear cultura comprometida que no toma al espectador por idiota. Un ejemplo a seguir, y a cantar, para Los Chikos del Maíz.

Nega y Toni Mejías son
Los Chikos del Maíz
. alfred boluda

Nega y Toni Mejías son Los Chikos del Maíz . alfred boluda

El 6 de marzo de 2020 Los Chikos del Maíz presentaban en una abarrotada sala Moon de València su disco ‘Comanchería’ y se permitían algún comentario entre irónico y desconfiado sobre el virus. «Haciendo bromas y a los cuatro días estábamos encerrados en casa», recuerda Toni Mejías, mitad de Ricardo Romero, «Nega», en esta formación valenciana de rap que hoy se sube al escenario de Nits de Vivers. LCDM sacaron del confinamiento el disgusto de ver como su agenda de conciertos se esfumaba pero también las ganas de seguir componiendo canciones que recopilaron en ‘David Simon’, un EP que, tal como explica Mejías, de alguna manera refleja en sus letras y su música «el apagón anímico de estar encerrado y no ver el final». Este año han vuelto a girar para transmitir sus mensajes ácidos y contundentes montados sobre bases cada vez más clásicas ante un público al que agradecen esa militancia que supone pagar una entrada para escuchar a tu banda preferida sin poder moverte de la silla. «Pero espero que sea el último concierto que hagamos en València en estas circunstancias -señala-. Es frustrante ver que en Francia o Reino Unido ya están haciendo festivales sin distancia pero con garantías sanitarias y aquí solo te dejan juntarte con gente y estar de fiesta en los bares».

¿Habrá algún gobierno que baje a la cultura del último vagón institucional?

Pues ya pienso que no. Si hubiera seguido gobernando la derecha, que nunca ha sido amiga de la cultura, sería normal. Pero si este gobierno que dice que es el más progresista de la historia también nos relega de esta manera, ya confío poco. Por eso a nosotros y a otros artistas nos interesa seguir adelante mediante la autogestión, porque si dependemos de ayudas y espacios que nos cedan vamos a ir muy justos.

Como decía McNulty en «The Wire» «pueden masticarte pero tendrán que escupirte».

Nosotros por suerte pudimos hacer la mayoría de las salas antes de que llegara el confinamiento y ahora seguimos haciendo conciertos. La pena es que, mientras hay sectores a los que han ayudado para que nadie se quede atrás, en el de la cultura muchos artistas, salas, promotores y técnicos se han quedado por el camino.

«Vuelven los Chikos como un viejo púgil», cantáis en «David Simon». ¿No os casan tantos años de pelea política sobre el ring?

Cansa cantar sobre ciertas cosas desde hace 16 años y que todo prácticamente siga igual, estar tú solo peleando sin que haya posibilidad de victoria. Pero hay personas, colectivos y organizaciones que llevan más tiempo que nosotros luchando y siguen al pie del cañón. Solo somos una banda de música, qué menos que seguir luchando como ellos. Ojalá que no subiese la luz o no huyese gente de Afganistán y en otro disco podamos hablar del arroz y del amor, pero mientras tanto nuestra manera de hacer música siempre será con un compromiso político.

«Nostálgicos de unos tiempos que nunca existieron». ¿Hay una nostalgia buena y una mala?

Eso lo hablé con el escritor Rafa Lahuerta, la nostalgia es una trampa. Solemos pensar que hubo tiempos mejores pero creo que es mentira. Se ha visto con la polémica de que si nuestros padres vivían o no mejor que nosotros. Algunos sí vivirían mejor, pero en mi caso mi padre estuvo trabajando en el campo desde los 10 años, mi madre también trabajó desde bien joven y no tienen ni una casa en la playa ni ahorros en el banco. Es peligroso hablar de que la vida hace años era más fácil. Eso lo haces para no afrontar la realidad de hoy.

Otro verso del disco: «Todo, yo el primero, se mercantiliza». ¿Se transgrede igual después de darte cuenta de cómo funciona el mundo y la industria musical en particular?

Cuando sabes cómo funcionan las cosas vives en una contradicción más constante que cuando eres inocente y piensas que puedes escapar de ello. En un sistema capitalista no puedes escapar de las contradicciones y algunas cosas que decíamos con 16 años en torno a la industria musical a lo mejor no las hemos cumplido. Pero si quieres vivir de la música y mejorar en sonido, equipos, escenarios y llegar a más gente tienes que entrar en la rueda. Y ojalá hubiera más mensajes como el nuestro en esta industria y menos mensajes capitalistas e individualistas, que son los que más suenan en la radiofórmula.

«David Simon le quitó el romanticismo al pobre» y vosotros se lo quitáis al barrio y os metéis con los raperos que idealizan la calle. ¿Por qué?

Es un poco triste ver como se vende que la vida de radio es auténtica y genial. El barrio tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, hay solidaridad y también racismo. En los barrios hay muchas realidades y muchas son una mierda. Estamos orgullosos de vivir en los barrios, pero sabemos no son la panacea. No tiene nada bonito ser pobre como no lo tiene vender droga, por mucho que algunos lo idealicen en sus canciones. El que vende droga muchas veces es un pobre desgraciado que no puede hacer otra cosa y que seguro que preferiría tener un trabajo bien pagado.

¿No pensabais vosotros viendo «The Wire» que València podría haber sido perfectamente Baltimore?

La verdad es que sí. Es una pena que con las historias que tenemos aquí cueste tanto contarlas. València daría para una serie de varias temporadas como «The Wire» a nivel político, laboral, de barrio... Pero aquí cuesta hacer series realistas. Parece que al cine y a las series españolas les de miedo salir de cuatro estereotipos, sin poner nombres y apellidos, cuando solo con la corrupción del PP en València, por ejemplo, daría mucho para contar. Así está la cultura, la política y los avances sociales en este país, sin avanzar porque a la gente parece que le cuesta alzar la voz pese a todas las cosas que se han hecho en estos 40 años de supuesta democracia.

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