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Para mí, la obra habla sobre alguien que es capaz de enfrentarse a todo, POR SER QUIEN QUIERE SER»

El desenfreno de Safo

Christina Rosenvinge llega este sábado al Sagunt a Escena con «Safo», un montaje poético y musical donde se repasan las diferentes percepciones de la poetisa de Lesbos a través de la historia.

Imagen de la representación

El placer, la pasión, los celos o el paso del tiempo fueron algunos de los temas de los que habló Safo, la mujer eterna de la cultura grecolatina por muchas razones. Temas que han llegado a nuestros días en forma de poesías, alegorías y hasta de chismes. Pero lo cierto es que su sabiduría no ha pasado desapercibida para ninguna generación. «Influyó profundamente en nuestra cultura. Muestra de ello es que Ovidio le dedicó una obra de ficción, protagonizada por ella», explica la dramaturga María Folguera, encargada del texto de ‘Safo’, la pieza que se representa este sábado en el festival Sagunt a Escena, y es una de las más esperadas de la presente edición.

El montaje cuenta con una gran diversidad de referencias plásticas. David Ruano

La obra ha sido ‘tejida’ entre Folguera, la directora escénica Marta Pazos y la artista Christina Rosenvinge, quien no solo interpreta a la poetisa en la obra sino que ha compuesto la música de este espectáculo «híbrido», «ubicado entre géneros teatrales». «Queríamos que ‘Safo’ fuera una pieza multidisciplinar que tuviera muchos componentes visuales, pero también musicales. Esta obra no se puede comparar con otra, bueno sí, a la que firmaron Robert Wilson y Maria Abramovic sobre los sonetos de Shakespeare. Un montaje casi operístico», apunta Folguera, actual directora del Teatro Circo Price de Madrid.

La creación de esta pieza evolucionó a fuego lento, sobre todo, por el proceso de documentación. «Buscamos a otros autores que escribieron sobre ella, como Catulo, Nosis o Erina de Telos, pero también Aurora Luque». Esta poetisa y ensayista almeriense publicó ‘Grecorromanas. Lírica superviviente de la Antigüedad clásica’ (Planeta), donde rescató la figura de varias poetas olvidadas de la cultura clásica.

«Por su lado, Marta Pazos buscó pintores que se habían inspirado en Safo, mientras que Cristina empezó a componer música que iba compartiendo con nosotras. Fue un trabajo colectivo, a seis manos», añade Folguera.

Christina Rosenvinge interpreta a Safo en una obra escrita por María Folguera y dirigida por Marta Pazos

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La pieza parte del encuentro de Safo con las musas. Estas últimas llevan a la poetisa por un viaje en el tiempo, al pasado y al futuro, en el que repasan las diferentes visiones de Safo a través de la historia. «En ese viaje está incluida la controversia, la contradicción, al igual que la Safo que fue leída como la que fue considerada como una ‘mala mujer’. Aunque en realidad, nunca hemos tenido una percepción fija de Safo porque su biografía está plagada de conjeturas. Se dice que fue una sacerdotista, una mujer bisexual... Al final, nos quedamos con una, sino con muchas Safos. Cada una de ellas es una proyección que hemos hecho de un momento de la historia», argumenta la dramaturga, quien considera que la imagen actual de Safo es «feminista», aunque con matices. «Nuestra Safo tiene mucho de feminista, pero ella no era una feminista del siglo XXI, sino una mujer del siglo VII antes de Cristo y por lo tanto muchas cosas que interpretemos de ella actualmente van a ser descontextualizaciones».

No existen muchos datos biográficos sobre ella, y solo se conocen algunos poemas y fragmentos extraídos de citas tardías (tradición indirecta) y de papiros. De hecho, prácticamente todo lo que se sabe de su vida se dedujo de sus poemas. El contenido amoroso de sus poemas propició toda clase de habladurías y rumores sobre su vida.

Poesía cantada

El montaje recorre el universo sáfico a través de lo «imaginado» para crear una obra poética, y por tanto musical. Según Christina Rosenvinge, «los versos de Safo nacieron cantados. No se leían en la intimidad, sino que tenían melodÍa y ritmo y se interpretaban a viva voz -quizás amplificados por un coro- en celebraciones colectivas. Aquellos que los escuchaban, se los aprendían de memoria para reinterpretarlos a su vez, y así corrían por los salones y las sobremesas en forma oral. No se fijaron en forma escrita hasta mucho después de su muerte. Existe un vínculo natural con la canción pop contemporánea. La música de Safo se ha perdido. No se ha podido reconstruir la sonoridad original de esos hits de la antigüedad, son un misterio. Pero es posible zambullirse en el espíritu de sus textos, en ese dulce tormento de no poder agarrar lo deseado, y jugar con algunos elementos de su legado poético y musical: la estrofa sáfica, la lira, el plectro, el modo mixolidio; pero, sobre todo, con la potencia de sus imágenes, y reinterpretarlos desde el pop contemporáneo», explica la artista Premio Nacional de Músicas Actuales en 2018.

La Safo del siglo XXI

«Safo representa actualmente una figura que necesitamos, es la poeta ausente que ha sido perdida, menospreciada, oculta, minorizada, que ahora acogemos con mucha necesidad», añade Folguea, ya que es la poeta de referencia que «habla del deseo sin culpa» y de la «vejez» desde la perspectiva femenina. «Durante el proceso de creación de la obra he tomado conciencia de la escasez de referentes que tenía sobre estos temas. Es fascinante comprobar que una mujer de la Antigüedad tuvo la libertad de hablar sobre el placer, la pasión, los celos y las edades de la mujer con total franqueza y libertad».

Según la dramaturga, leer los poemas de Safo -escribió más de 10.000 pero solo se conserva uno completo- se hizo abrir los ojos sobre la figura de una diosa en concreto, Afrodita. «Para mí, ella era una creación totalmente masculina. Sin embargo, Safo dialoga con ella sobre el amor y el placer», por lo tanto la diosa se convierte en un referente necesario para toda mujer, como el erotismo en cualquier fase de la vida, tal y como reivindica Safo. «Contar actualmente con su legado es valiosísimo, sobre todo, en un momento en el que las mujeres estamos reescribiendo nuestra propia historia», reivindica Folguera.

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