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Bolos

Mérito

Con la foto prevista para hoy con Lay Hoon, Rita Barberá hace las paces con el Valencia. Es sabido que la alcaldesa hubiera preferido otra oferta de compra más próxima, geográfica e ideológicamente, para controlar el VCF. Incluso cuando el proceso de venta se les fue de las manos a José Ciscar y Juan Carlos Moragues, desde el ayuntamiento se maniobró en dirección opuesta a la de Peter Lim. Pelillos a la Marina, esa gran reconciliación civil con la mar que Barberá ofreció para mayor gloria de Bertarelli y Ecclestone, con los posteriores disgustos. La edil siempre quiso inaugurar el Nou Mestalla, veremos ahora como queda tras el 24-M. Sería una gran decepción no hacerlo, seguro. Nunca fue futbolera, aunque al final ha descubierto que lo único interesante para la ciudad es el balón. Por eso en una alarde de descuido ha pedido que el Barcelona-Athletic se celebre en el viejo coliseo valencianista, en una invasión de sus dominios, y pasando de los temores de su correligionaria Esperanza Aguirre. La presidenta Hoon, además, le podría recomendar a la alcaldesa su profesor de valenciano, pues la de Singapur ha conseguido en cien días un «accent normatiu» impensable en seis mandatos de la primera regidora. Algo parecido ha alcanzado Roberto Merhi. El piloto de Benicàssim devuelve la pasión sana a los aficionados valencianos a la Fórmula 1, un poco asqueados tras el montaje de aquel circuito de quita y pon en el Puerto, que contribuyó al desastre económico de las cuentas del Consell. Meriton y Merhi tienen mucho mérito de hacer estallar la paz.

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