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El origen valenciano de la amenaza del Dépor

De Florin a Andone

El delantero más peligroso del Dépor triunfó en el Castellón juvenil tras no cuajar en el Villarreal

Andone, en un partido con el Deportivo. levante-emv

Florin Andone nunca tuvo miedo, o al menos lo disimulaba bastante bien. Ni de niño jugando contra hombres, ni al debutar con 17 años en Segunda B, ni al representar a su país natal en el partido inaugural de la Eurocopa. Con 10 años falleció su padre en un accidente de tráfico. Con 12 años llegó a España procedente de una pequeña aldea cercana a la ciudad de Botosani, en la región moldava, en el norte de Rumanía. Florin creció en Vinaròs junto a su madre, su padrastro y su hermano mayor, en una familia humilde, y con apenas 15 años Santi Forner le hizo debutar en la dura Regional Preferente.

Desde entonces no ha dejado de luchar, contra los rivales, contra los prejuicios, y en ocasiones contra su carácter. Se curtió en el Vinaròs alejado de las comodidades de las grandes canteras. Hasta que no bajó a la Plana no conoció ese otro fútbol, más de academia, más infantil, más ingenuo para alguien como él. En verano de 2010 se incorporó al Castellón tras no cuajar con el Villarreal, que no le ofreció lo que quería, la División de Honor, el escaparate. El impacto de Florin en el Juvenil A albinegro lo explica el capitán de aquel equipo, Álex Felip, ahora en el Saguntino y ex del Getafe y el Elche. «No he visto un jugador más intenso que Florin en la categoría, juega con tantas ganas que a veces hay que controlarlo», dice Felip, capataz de un grupo de chavales que dirigía Ximo Badenes desde el banquillo, y que tenía pinta de vestirse de corto tras acabar un casting para una película de Guy Ritchie.

Ese Castellón macarra y descarado fue el último gran juvenil del ahora desahuciado club albinegro: competía siempre con el cuchillo entre los dientes y preparaba célebres emboscadas, presionando muy arriba a los incautos visitantes en el césped artificial de la ciudad deportiva. Florin era el cuchillo, alfa y omega, pura rabia de aquel grupo salvaje que hablaba latín y que exhibió a un delantero que ya era exactamente igual que ahora. Él empezaba la presión y él terminaba las jugadas. Marcó 11 goles en los primeros 12 partidos y Juan Casuco lo subió al primer equipo. «Sé que estoy aquí para jugar a fútbol y me lo tengo que tomar muy en serio». De rutinas casi espartanas, esas eran sus palabras aquellos días de invierno adolescente. Florin corrió como un pobre para vivir como un rico. «Nunca pasé hambre, pero si hubiera nacido en una familia con dinero, no habría llegado hasta donde he llegado», dijo en La Voz de Galicia.

El padre del mentado Álex Felip lo recogía del complejo educativo Penyeta Roja y lo llevaba a los entrenamientos. Becado por la Diputación, estudiaba un módulo de marketing y comercio y lo tutelaban sus representantes, pero su obsesión era el fútbol. Con 17 años debutó en Segunda B con el Castellón, cuatro ratos, en un vestuario que se consumía entre impagos. Florin, convocado por la sub-18 rumana, ni siquiera cobraba un sueldo. En el verano de 2011 el caos se apoderó del club orellut, que sufrió un descenso administrativo a Tercera, y Florin Andone cruzó el río para vestir de amarillo.

En el Villarreal escaló hasta asomar en el filial, donde se sintió maltratado. En ese peldaño que decanta carreras, le dijeron que no contaban con él, que se buscara una cesión. Su agente le encontró acomodo en el Atlético Baleares, también en el grupo tercero de Segunda División B. A los pocos meses, Florin visitó el Mini Estadi de la Ciutat Esportiva de Miralcamp, y tardó cinco minutos en marcar un gol con aroma a venganza. Lo celebró con visibles gestos hacia el palco, que no pasaron desapercibidos. Ahí acabó su vinculación con el club amarillo. En el Baleares rindió lo suficiente para llamar la atención del Córdoba, que lo reclutó para el filial. En tierras andaluzas dejó de ser Florin para ser Andone. El exvalencianista Miroslav Djukic le hizo debutar en el primer equipo. No pudo evitar el descenso del club blanquiverde, pero superó la veintena de goles en Segunda al año siguiente, con el valenciano José Luis Oltra de entrenador, disputó la Eurocopa con Rumanía y fue traspasado al Deportivo de la Coruña, donde se ha asentado en Primera. Visita esta tarde Mestalla.

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