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Elige equipo o club

Elige equipo o club

Elige equipo o club

Una crisis deportiva, corporativa, estructural, que viene de lejos, que no es producto -únicamente- de la obra from Singapur. Una crisis que explica, con mucho histórico para comparar, por qué este equipo funciona al ritmo de los dientes de sierra, rinde de chiripa, se levanta y cae, acarrea una dependencia letal del mejor estado de forma de sus hombres.

Lo llamamos crisis, cuando en realidad queremos hablar de una institución en una era fallida, incapaz de escapar de su propio círculo vicioso y su herencia tóxica, sometida al vaivén de los espejismos.

En un sorprendente giro de los acontecimientos, Mestalla, quizá el estadio más maduro de Europa, ha tenido que posicionarse ante una disyuntiva única: salvar al equipo o al club. La bifurcación bien loca ha dibujado dos mundos aparentemente incompatibles. O Marcelino y Alemany, vistos como la salvaguarda del criterio, a pesar de la sucesión de desaciertos; o el caos tras ellos, la imprevisibilidad del reemplazo a Marcelino, el temor a un recrudecimiento del meritonismo, el riesgo de, qué se yo, acabar viendo a Sean Bai de director deportivo.

La caída deportiva ha hecho crujir la caja de oxígeno que había acumulado Lim durante una temporada. Los despropósitos en la celebración del Centenario y el tono desafiante de la gestión ante los propios aficionados, ha acabado de alimentar el miedo a que el conato de seriedad que supusieron Alemany y Marcelino vuelva a difuminarse (si es que no ha ocurrido ya).

Aquí estamos, eligiendo entre proteger a quienes parecen incapaces de revertir un importante caos deportivo, o decidir iniciar un período inimaginable que pueda conducir al club a un envite imprevisible. Qué extraordinario, aficionados priorizando los beneficios para el club por encima de los beneficios del equipo. Si esto no es un acto de responsabilidad, yo ya no sé. Mestalla se ha transformado en un estadio conservador que teme acabar con lo malo por si llega algo peor.

A esto nos habéis abocado.

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