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El equipo quiere

El equipo quiere

El equipo quiere

A pesar de la cruenta tempestad societaria que azota Mestalla desde finales del mes de julio, el equipo llega al parón de noviembre con la apariencia de haber recuperado las constantes vitales. La instantánea del pasado sábado a la conclusión del partido contra el Granada nos devuelve a tiempos dorados. El estadio en pie y los jugadores -a excepción de Kang In, muy confundido otra vez- devolviendo el aplauso al respetable desde el centro del campo. La afición entendió, mediada la segunda parte, que el equipo necesitaba ayuda. Y lo entendió porque los futbolistas, arrastrando el lastre físico de haber jugado el martes contra el Lille y el desgaste emocional que supone perder a nueve efectivos por lesión, se dejaron el alma.

Parejo merece una mención especial. No debe ser sencillo asimilar su doble ausencia en las convocatorias de Robert Moreno sin haber evidenciado previamente un bajón de rendimiento en Mestalla. Lleva dos asistencias y tres goles (cuatro, si contamos el que le anuló Estrada el sábado por la dudosa posición de Maxi) en los últimos siete encuentros. El capitán sigue siendo una pieza diferencial en el Valencia, aunque cada partido que pasa va convenciendo a más indecisos. Verle perseguir balones imposibles y morder en la presión al portero rival como si fuera el Piojo López enamora y enciende a la grada. Era lo que le faltaba a Dani. Si un jugador con su calidad única cambia la horchata por sangre, el personal se rinde a sus pies.

Siguiendo el ejemplo en actitud de Parejo, Gameiro sale a ratitos y se mata a correr. Ferran Torres encara y lo intenta sin descanso juegue quince o noventa minutos. Manu Vallejo mete la pierna y el alma si hace falta en balones divididos contra centrales que le sacan la cabeza. Jaume Costa se desenvuelve en el carril del dos como si solo utilizara la pierna izquierda para bajar del autobús. Gabriel se pelea hoy con Oshimen y mañana con Soldado saliendo indemne en la mayoría de duelos. Y así, todos.

El equipo, en contra de lo que indican precedentes en situaciones similares, no se ha dejado ir. En apenas dos meses, se han quedado sin los dos grandes referentes del vestuario, los responsables de formar la familia que levantó la Copa del Rey en mayo. Marcelino y Mateu ya no están pero queda el legado. Una plantilla profunda, de tremenda calidad, competitiva. Que, además, está evidenciando nobleza y amor propio. El Valencia quiere. Y solo con eso ya tiene mucho ganado. Para empezar, a Mestalla.

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