19 de septiembre de 2013
19.09.2013

Musicales desenfadados

19.09.2013 | 05:30

Carles Recio

Compro mi tiempo en el kiosco de la calle Totana. Kike tiene allí relojes y todo tipo de electrónica. Sus padres, Margarita y Enrique, distribuyen prensa desde hace 17 años, pero ahora hay que buscar nuevos campos de negocio. Me gustan sus relojes, modestos pero tan creativos como los colores del peinado de Margarita.El tiempo es el elemento más democrático que existe, es el mismo para todos y cada uno lo usa según lo parece. Cuando lo regalamos, la mayoría de las veces, lo estamos invirtiendo más acertadamente que al restringirlo. Esto se ve claramente en los últimos musicales «voluntaristas» estrenados en Valencia: «Star Desamparados» y «Año Cero»; hechos gratuitamente y sin ánimo de lucro.María Albiñana es la responsable del musical que transforma la Virgen de los Desamparados en vedette de revista del «Talía». Por fin se modernizan las formas. Quizás María no sepa que el precedente más claro de su «Geperudeta» estilo Raffaela Carrá es mi novela «Mater Desertorum» que editó «L´Eixam» de Rafa Arnal en 1988, con una Ampariues que se escapaba de la Basílica enfundada en vaqueros y se iba al barrio del Carmen a ayudar a yonquis y marginados.Los beneficios de la obra van al legado padrejofriano de la Fundación Maides. Inmediatamente pensamos necesario un musical sobre San Vicente Ferrer que ayude al Colegio Imperial, la otra gran obra social valenciana. O un musical sobre el Santo Cáliz, ahora que la alcaldesa quiere convertirlo en icono de la capital. Hay tanto material autóctono para crear cultura moderna que los derroches con eventos importados y carísimos quedan más que en evidencia. «Star Desamparados» conecta con «Añocero», el musical que Assissi Producciones presentó en el «Flumen», también con voluntarismo total por parte de su extenso elenco. Allí la juventud denunciaba todo tipo de injusticias sociales, entre las que no faltaban las sexuales. En este sentido ambos musicales presentan un desenfado total muy en la onda del Papa Francisco o del cura rapero Daniel Pajuelo. Carlos Gómez, guionista y director de «Añocero», acaba de regresar de un campo de cooperación internacional en la selva peruana. Eso es predicar con el ejemplo y lo demás son cuentos. He sido cooperante, y sé lo difícil que es vivir en esos territorios agrestes donde sólo te reconforta la hospitalidad de los autóctonos. He estado en lo más profundo del desierto mexicano, en la selva salvadoreña y en la sabana nicaragüense. Esas estancias de más de un mes en circunstancias adversas, alimentación espartana y nulas comodidades, son paradójicamente los trabajos mejor recompensados. Esas gentes sin nada te lo aportan todo, y es cuando el tiempo adquiere su verdadera dimensión. «Star Desamparados» y «Añocero» son ejemplos de vitalidad social en un momento que todo parece desfallecer. Además su naturalidad para tratar temas que hace algún tiempo hubieran parecido pecaminosos o poco aptos es extraordinaria. El Pare Jofre seduce a la prostituta bailando y no al revés; o una coreógrafa caduca que pega cachetazos en las nalgas a los bailarines ejerciendo un feminismo bien entendido. Sólo podríamos objetarles que debieran haber recurrido más al valenciano, especialmente «Star», cuyo título en lengua propia es mucho más expresivo.Lo peor de estos musicales es su caducidad. Nos regalan un trabajo maravilloso que se evade al mismo tiempo que nace. Como contrapartida la Televisión Valenciana no se digna ni grabarlo. Los llenos son totales, pero estos espectáculos merecen una máxima difusión que no se les otorga. No es justo que tanto esfuerzo se desintegre tan rápidamente, estos musicales de la gratificación nos recordarán siempre que cuando todo se hundía había gente que no se resignaba, gente dispuesta a nadar. Los equipos de María Albiñana y de Carlos Gómez han dado buena prueba de ello.

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