04 de agosto de 2017
04.08.2017
PAISAJES VALENCIANOS

Els Ports de Morella

La comarca de Els Ports es una tierra agreste y de áspero clima, una expresión de la naturaleza indómita solo modelada por el esfuerzo admirable de sus habitantes

04.08.2017 | 04:15
Els Ports de Morella

"¡Qué espectáculo ofrece aquí la naturaleza!. Colocado un espectador en la cresta del elevado Turmell, donde empiezan las vertientes hacia Vallibona y Vallivana, solamente descubre picos sin límites y barrancos que espantan: la naturaleza se presenta aquí sin que el arte la altere: el tiempo sólo ha desfigurado la forma de los montes." Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia. Antonio J. Cavanilles (1797).

Es la comarca de Els Ports una tierra agreste y de áspero clima, una expresión de la naturaleza indómita solo modelada por el esfuerzo admirable de sus habitantes, que ha dejado una imborrable huella en el paisaje con un sinfín de muros de piedra seca que abancalan y dividen la tierra. Es una tierra de acusados contrastes que el relieve refleja en la altitud de sus cimas y la hondura de sus barrancos, en su amplia extensión y la baja densidad de su población, en sus temperaturas extremas, en fin, entre una tortuosa topografía y el afable carácter de sus gentes, cuyos rostros curtidos por el tiempo encierran a veces unos ojos claros –verdes, azules– que nos llevan a preguntarnos por sus orígenes ancestrales.




Muelas, barrancos y dinosaurios

La comarca se sitúa en la zona donde enlazan el sistema ibérico y la cadena costera catalana y está formada por materiales calizos del Jurásico y del Cretácico inferior, cuando formaba un extenso golfo abierto al SE en el margen occidental del mar de Tetis. En ella encontramos un relieve abrupto formado por dos tipos de formaciones geológicas. El dominio subtabular se caracteriza por las cumbres planas, llamadas muelas, que se extienden también por las vecinas comarcas de L´Alt Maestrat y el Maestrazgo turolense. Las impresionantes muelas de la Garumba y D´en Camaràs (Morella) son dos buenos ejemplos. El sector norte de la comarca se caracteriza por un dominio plegado que puede reconocerse en vistosos sinclinales y anticlinales como los del Riu de les Corces (Morella) y el Bovalar (Cinctorres). Su origen geológico explica que varias de sus poblaciones (Morella, Cinctorres, Portell) atesoren en sus entrañas vestigios de un pasado remoto: las mismas arcillas que hoy sirven para fabricar azulejos cobijan importantes fósiles de dinosaurios, como el Morelladon beltrani.

Las fuerzas de la naturaleza han labrado un terreno montuoso, de elevadas cumbres y profundos barrancos, de rocosas muelas y fértiles vegas. Las cimas más altas se sitúan en el entorno de los 1200-1300 metros, con hitos destacados como los tossals de Folch de Castellfort (1.304 m), Fusters (1.294 m) y Moixacre (1.274 m) y el Carrascar (1.267 m) de Morella, el molló Blanc (1.2161 m) y el Bovalar de Cinctorres (1.259 m) y Torremiró y el Regatxolet (1.259 m) y el tossal Gros (1.253 m) de Morella. En un segundo escalón, en el entorno de los 900 m, se extienden las fértiles vegas del Moll y dels Llivis de Morella, que constituyen una de las más extensas superficies agrícolas de la comarca. Aún por debajo, entre los 700 y 500 m se extienden las vegas de los ríos Cantavella y Calders que se unen al Bergantes en la triple confluencia que da nombre a la población de Forcall. Completan este paisaje impresionantes acantilados como el de la Roca Parda de Cinctorres, que ya describe Cavanilles, desde cuya cumbre en el Collet de la Creu del Gelat (1.232 m) se divisa un espléndido panorama surcado por el majestuoso vuelo de la colonia de buitres que en ella anida.

La hidrología es la viva expresión del carácter fronterizo de Els Ports, de su papel de nexo con los territorios vecinos de Aragón y Cataluña. En su vertiente este se abren paso las cabeceras del Riu Cervol y la rambla de Cervera, que después de cortos cauces desembocan directamente en el Mediterráneo. El resto de la comarca recoge sus aguas en un eje fluvial que, al contrario que el resto de ríos valencianos, arranca desde el sur con la confluencia de las ramblas de Sellumbres y de la Canà y se extiende hacia el norte con los cauces primero del Riu Calders y más adelante del Bergantes, que desemboca en el río Guadalope, afluente del Ebro, a cuya cuenca van a parar la mayor parte de las aguas de la comarca.

En relación con las condiciones climáticas y el relieve, la vegetación está formada por bosques de carrascas, robles y pinos, acompañados en las zonas más húmedas de encinas. Los primeros son los más característicos y se conservan en amplias extensiones en Vallivana (Morella) y Vallibona. Les acompañan enebros y, en los lugares más húmedos, la hiedra. En las zonas degradadas de los carrascales y de fuerte pendiente predomina la coscoja, junto a la que crecen la aulaga, el romero y el espliego, y en las más altas la sabina, acompañada de erizos y artemisa. Los pinares ocupan buena parte de la comarca, en algún caso fruto de repoblaciones forestales hoy bien integradas, que están representados en Pereroles (Morella), el Turmell (Vallibona), el Bovalar (Cinctorres) y en las montañas de Herbers y Sorita. Cuando llega el otoño, los robledales dan un toque de color al paisaje con sus tonos amarillentos, junto al característico rojo del arce, que se completa con otros caducifolios como los sauces, chopos y álamos que crecen en las riberas de los cursos fluviales.

Si hay dos especies animales que han ganado presencia en las últimas décadas en un sorprendente proceso de recuperación, estas son la cabra hispánica, que fue ganando terreno desde Els Ports de Beseit y Tortosa hacia el sur hasta llegar al actual exceso de población, y el buitre, que con su vuelo circular surca incesantemente los cielos de la comarca. Más esquivos, pero no por ello escasos, son los jabalíes, zorros, tejones, conejos y liebres, erizos y ardillas; completan esta muestra de mamíferos las comadrejas, hurones, gatos servales, garduñas y la recientemente introducida nutria. Entre las aves de rapiña, pueden avistarse las águilas calzada y culebrera, el halcón, el ratonero común y el azor, y entre las nocturnas el búho y la lechuza. Las aves migratorias señalan con su llegada el inicio de la primavera, como el vencejo, la abubilla, la tórtola y el cuco. Los abejarucos llenan con su canto y colorido los cielos estivales y los estorninos llegan en otoño.

Paisajes con historia

Conocida con este topónimo al menos desde 1300, la comarca de Els Ports tiene su origen en el territorio del castillo andalusí de Morella conquistado por el noble aragonés Blasco de Alagón en 1231. Cuando este murió hacia 1240, sus propiedades pasaron a manos de la corona, incluida la población de Vilafranca que había fundado en 1239. Fue así como se formaron los términos generales de Morella que perduraron hasta 1691 –cuando las aldeas consiguieron su independencia– y explican el origen histórico de la comarca.

También la Tinença de Benifassà, formada por el conjunto de pueblos que estaban bajo la jurisdicción del monasterio homónimo, estuvo bajo el control de Morella. De esta manera, las poblaciones que históricamente la han integrado son las siguientes: Castellfort, Catí, Cinctorres, Forcall, Herbers, Ortells, la Mata, Morella, Olocau, Palanques, Portell, Sorita, la Todolella, Vallibona, Vilafranca, Villores y Xiva, más las de la Tinença de Benifassà: Bel, el Boixar, el Ballestar, Castell de Cabres, Coratxar y la Pobla de Benifassà. Las divisiones administrativas recientes han incorporado las poblaciones de la Tinença de Benifassà al Baix Maestrat y Vilafranca y Catí a L´Alt Maestrat, mientras que Ortells y Xiva se han adscrito a Morella.

Las montañas de Els Ports cobijan restos de una antigua ocupación humana que se remonta al menos al Mesolítico, hace unos 12.000 años, cuando el paso del Pleistoceno al Holoceno trajo un clima más cálido e hizo de estas tierras un lugar habitable. Los grupos humanos pronto seleccionaron los lugares que reunían unas mejores condiciones para la habitación, y en sus cercanías dejaron la expresión artística de sus ritos; así, del Neolítico se conservan importantes conjuntos de arte rupestre, como el de Morella la Vella, que muestran escenas de caza y de un ancestral enfrentamiento entre arqueros. A partir del III milenio, la edad de los Metales llevó a los grupos humanos a la ocupación de cimas y muelas que ofrecen un amplio dominio visual y buenas condiciones defensivas. Con la primera edad del Hierro, en los siglos VII-VII aC llegaron desde el Bajo Aragón grupos de población que habían recibido influencias célticas y dejaron restos como los de la necrópolis de Sant Joaquim de la Menarella (Forcall). Este mismo sustrato se puede ver en el hidrónimo Bergantes, un verdadero fósil lingüístico de claro origen céltico.

De época ibérica quedan restos de una importante ocupación, uno de cuyos mejores ejemplos puede verse en el yacimiento de la Lloma Comuna (Castellfort). A principios del Imperio romano el asentamiento de la moleta dels Frares (Forcall), conocido en la antigüedad con el topónimo de Lesera, fue privilegiado con la concesión del estatuto municipal y pasó a convertirse en la única ciudad romana de tierras castellonenses. Por ella pasaba un camino que arrancaba de la Vía Augusta y se dirigía hacia Zaragoza. Con la desaparición de esta ciudad, el poblamiento se diseminó y alcanzó cierta importancia en época visigoda, en los siglos VI-VII, de la que se conocen restos en los términos de Cinctorres y Morella. En el periodo andalusí, el Castell de Morella se erigió como la población más importante y el nuevo centro de la comarca, cuando también se edificaron algunas otras fortificaciones como el Castell de Cabres, Olocau y el Fossar dels Moros (Cinctorres).

Los paisajes de Els Ports acogen los ecos de episodios históricos que han marcado estas tierras y han proyectado su imagen hacia el exterior. Entre ellos destaca la reunión que en 1414 mantuvieron en Morella el papa Benedicto XIII, el monarca Fernando I de Aragón y San Vicente Ferrer, con el fin de convencer al primero de que abdicara. También, a la muerte del rey Martín el Humano en 1410, sin descendencia, se enfrentaron por el trono Fernando de Antequera y el Conde de Urgel; pues bien, mientras Morella se inclinó por el castellano, sus aldeas lo hicieron por el catalán, siendo esta la primera manifestación del conflicto multisecular entre esta población y el resto de la comarca.

En el siglo XIX estas tierras se convirtieron en uno de los escenarios de las guerras carlistas, principalmente de la primera (1833-40), de nuevo con el desencuentro entre Morella y el resto de poblaciones. La primera cambió de manos en varias ocasiones y son conocidos numerosos episodios militares protagonizados por personajes como el carlista Cabrera o el general Espartero, que al frente del ejército liberal bombardeó la población en mayo de 1840. Siguió un nuevo brote en 1841-44 protagonizado por el guerrillero de Forcall Tomás Peñarrocha, conocido como el Groc. En el pasado siglo, después de la guerra civil que asoló nuestras tierras, los enfrentamientos entre la guerrilla antifranquista (el maquis) y la Guardia Civil convirtieron la comarca en el escenario de una feroz lucha que aterrorizó a los masoveros y aceleró el éxodo rural.

La tierra y sus gentes

Entre los siglos XVIII y XIX y hasta las primera décadas del XX el crecimiento de la población llevó a aumentar la superficie cultivable, edificando numerosas masías, parcelando y abancalando terrenos difíciles, construyendo una gigantesca obra de piedra seca que hoy constituye un admirable testimonio del ingenio y tesón de sus gentes. Después de la guerra civil, la emigración –sobre todo hacia Cataluña– sumió a esta tierra en un lento pero inexorable proceso de despoblamiento. Hoy en día, en conjunto, los 13 municipios que conforman la comarca ocupan una superficie de 904 km2 y a penas suman 4.700 habitantes, con una densidad de 5,1 habs./km2. Mientras Morella, que se ha erigido en el centro de la comarca y cuenta con servicios y un importante patrimonio histórico, reúne más de la mitad de la población y se mantiene estable, el resto sufre un dramático despoblamiento, con casos extremos como los de la vega del Bergantes, donde la población conjunta de Ortells, Palanques, Sorita y Villores no llega a los 240 habitantes.

A principios del siglo XX algunas poblaciones de la zona experimentaron una incipiente industrialización que solo cuajó y perdura en la vecina Vilafranca. Pero la iniciativa pionera tuvo lugar en Morella, donde el empresario Juan Giner –siguiendo el modelo desarrollado en Cataluña– puso en marcha en 1870 la única colonia industrial de la comarca junto al río Bergantes, dedicada al tejido e hilado, en la que se instaló la primera máquina de vapor de la comarca, que cerró sus puertas en 1926. Además de las instalaciones industriales, contaba con residencia para los trabajadores, escuela e iglesia. Después de ser adquirida por la Generalitat en 1988 y rehabilitada, hoy en día alberga un alojamiento rural y diversas instalaciones.

Históricamente, las comunicaciones no han sido fáciles para Els Ports. Aún a finales del siglo XVIII Cavanilles situaba el único camino carretero en su extremo sur, por el Coll d´Ares. El primer acceso directo desde la costa fue construido en época romana para comunicar la ciudad de Lesera con la Vía Augusta y Zaragoza, en lo que puede considerarse el precedente de la actual carretera N-232. Hasta la segunda mitad del siglo XIX no se emprendió la construcción de una carretera directa desde Sant Mateu, cuando después de la primera guerra carlista se comprobó el difícil acceso de la comarca; el servicio de diligencia entre ambas poblaciones se estableció en 1860. Todavía hoy no está bien resuelto el problema de las comunicaciones y, a la espera de la necesaria conversión de esta carretera en la futura autovía A-68, se acaban de aprobar mejoras puntuales en el Port de Querol.

La piedra seca es la técnica constructiva más sencilla y ampliamente utilizada en el ámbito rural de la comarca para la construcción de bancales y lindes, a los que se unen las casetas de pastor que incorporan la falsa bóveda para sus cubiertas en un alarde de sencillez que evoca tiempos remotos. La cuenca del Bergantes –con Forcall como epicentro– se caracteriza por la utilización de la técnica del tapial en la edificación, que podemos ver aplicada sobre un zócalo de piedra en innumerables construcciones. Su recuperación en las últimas décadas, sobre todo para aplicarla en la restauración de castillos, ha tenido lugar precisamente en esta población.

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