15 de marzo de 2018
15.03.2018
Paisajes Valencianos

Los paisajes vitícolas del Alto y Medio Vinalopó

Dos manchas de verdor en un medio árido

15.03.2018 | 12:55
Los paisajes vitícolas del Alto y Medio Vinalopó

"Les serres, disposades de manera paral·lela, s´orienten del sud-oest al nord-est, deixant entremig unes àmplies valls passadissos en els quals s0ha desenvolupat l´activitat humana. Però el factor fonamental del relleu el constitueix el mateix riu, que s´obri un camí a través del plegaments muntanyosos". Ponce G. y Palazón S. "El Vinalopó Mitjà", en Geografia de les comarques valencianes, València, 1993-1999.

"Las tierras alicantinas pueden presumir de una tradición vitivinícola que se remonta cuanto menos al siglo IV antes de Cristo". Piqueras J. "La vid y el vino en Alacant: una síntesis histórica" en La vid y el vino en Alicante, Poveda R. ed. (2009) Canelobre, 54.

Las comarcas de Alto Vinalopó y Medio Vinalopó contienen el segundo paisaje vitícola más importante de la Comunidad Valenciana después del de Requena-Utiel. En él se distinguen dos unidades bien diferenciadas. Una es la del viñedo de vinificación, localizado en las tierras más occidentales de ambas comarcas, cultivado en marco real y en espaldera, caracterizado por la variedad autóctona Monastrell, que da vinos tintos y rosados de alta graduación. La otra es la del viñedo de uva de mesa, cultivado en emparrados y caracterizado por la uva embolsada de las variedades Aledo e Ideal que se consume en Navidad y Noche Vieja.

Un paisaje natural transformado en cultural


Desde un punto de vista meramente físico el valle del Vinalopó está configurado por la confluencia de dos formas del relieve. De una parte está el canal triásico por cuyo centro discurre el río que da nombre a la comarca; de otra existen varias líneas de sierras paralelas entre sí pero perpendiculares a la fosa por cuyos lados se extienden. Así el valle se nos presenta como una sucesión escalonada que baja en gradería desde los 600 metros de altitud en tierras de Villena hasta los 100 metros en la cuenca de Novelda. Cada una de estas cuencas se abre lateralmente dando lugar a corredores transversales que facilitan el sistema dorsal de comunicaciones que, dadas las características topográficas, adopta la forma de una espina de pez.

En el extremo septentrional, donde confluyen las provincias de Albacete, Murcia, Valencia y Alicante, se abre el corredor de Caudete que, procedente de tierras murcianas, atraviesa el término de Villena por la partida de los Alhorines y sigue hacia Fontanars. El topónimo Alhorin, de origen árabe, significa "el granero" y hace referencia a las buenas cualidades de esta partida para el cultivo de cereales, actualmente sustituidos en parte por viñas, almendros y girasoles. Su altitud por encima de los 600 metros y su clima seco y de rasgos continentales retrasa la maduración de su variedad vitícola principal, la Monastrell.

Al sur de este corredor y separado por la sierra de la Solana se abre el pasillo que enlaza Yecla con Beneixama atravesando la cuenca de Villena, donde los viñedos empiezan a alternar con los olivares en las solanas de las sierras y los frutales y cultivos hortícolas en el fondo de las cañadas. Viene luego otra alineación montañosa, la de las sierras de Salinas, la Peñarroja y la Fontanella, que cierran la cuenca de Villena a la altura de Sax y configuran a grandes rasgos los límites entre el alto y el medio Vinalopó.

Al sur de Sax los viñedos desaparecen casi totalmente de la margen izquierda del valle, pero se hacen particularmente intensos en la margen derecha, en la zona conocida como Vinalopó Occidental. En esta unidad, entre la sierras de Salinas por el norte y la de Crevillent por el sur, el terreno aparece plagado de sierras intermedias con extensos piedemontes como los de Don Ciro o el Rodriguillo, que suelen terminar en amplias vaguadas, a veces sin salida al mar, como la laguna de Salinas y los hondos (localmente fondons) de Monòver o del Manyà. El viñedo ocupa aquí grandes extensiones de terreno acompañado en los suelos más pobres por el almendro.

La cuenca de Novelda, en el SE del Vinalopó Mitjà, se halla cerrada por una serie de lomas de escasa elevación que la separan del Camp d´Alacant, y en ella predominan los extensos piedemontes que bajan hasta los cauces del Vinalopó y sus ramblas tributarias. Aquí la mayor parte del terreno ha sido transformado de secano en regadío gracias a decenas de pozos que llenan pequeños embalses artificiales con los que se riegan los viñedos de uva de mesa y los árboles frutales y almendros que han sustituido al viñedo en muchas partidas.

El paisaje natural y cultural está muy influido por un clima seco y cálido que raya los límites de la aridez. Las precipitaciones anuales oscilan entre los 360 mm del Alto Vinalopó, y los 278 de la cuenca de Novelda, pasando por los 328 mm que se registran en el Pinós, en el límite occidental con tierras de Jumilla (Murcia). Las escasas reservas hídricas de la lluvias de primavera están totalmente agotadas antes de que comience el mes de mayo y sólo recurriendo al riego se puede paliar la fuerte sequía que se prolonga hasta las lluvias otoñales, cuando ya ha finalizado la vendimia. Esto quiere decir que la sequía viene a coincidir con el período vegetativo de la vid. Para combatirla los agricultores han estado durante siglos dando dos rejas de arado a la tierra durante el verano, y cavando hoyos alrededor de las cepas para que puedan concentrar la posible agua de lluvia de una tormenta de verano. La otra solución, que ya practican la mayoría de los viticultores, es el riego por goteo de las viñas, lo que ha hecho aumentar notablemente los rendimientos de las mismas, aunque a veces en detrimento de la calidad del vino resultante. La sequedad, en contrapartida, evita muchos esfuerzos y gasto en la lucha contra las plagas como el mildiu y el oídium, al tiempo que permite obtener caldos de mayor graduación que en el resto de comarcas vitícolas valencianas.

El viñedo para vino

El viñedo dedicado a la elaboración de vino ocupa actualmente poco más de 7.700 hectáreas, frente a las 18.000 que ocupaba en 1990. Las causas de esta regresión están en la competencia que presentan otros cultivos más rentables como los frutales y las hortalizas. En algunas zonas marginales el viñedo ha sido sustituido por el almendro, que se adapta mejor a las condiciones de aridez.

Aunque el viñedo es un cultivo presente en estas tierras desde la más remota antigüedad, su proyección como viñedo de masa comercial no empezó a gestarse hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la demanda internacional de vinos y aguardientes, que se exportaban por el puerto de Alicante, hizo que el viñedo se expandiera desde los alrededores de la capital, donde se elaboraba el famoso vino "Fondillón", hacia las tierras del interior, primero por la Cuenca de Novelda y luego por las más alejadas de Villena, Salinas y el Pinós. Esta expansión supuso también la colonización humana de amplias zonas occidentales de los términos de Monòver y Novelda, donde se multiplicaron los caseríos y aldeas, algunas de las cuales, como El Pinós, L´Alguenya, La Romana o Els Fondons, alcanzarían luego la categoría de municipios independientes.

La construcción del ferrocarril Madrid-Alicante en 1858 facilitó el transporte desde las estaciones de Villena, Sax, Monòver y Novelda hasta el puerto de exportación hacia Francia y otros países de Europa en los que las cosechas de vino cayeron estrepitosamente durante toda la segunda mitad del siglo XIX bajo los efectos de plagas de origen americano, especialmente, de la filoxera, que obligó a arrancar todos los viñedos de Europa. La fuerte y sostenida demanda de vinos de mucho color y alta graduación, como eran los de la variedad autóctona Monastrell, convirtieron a la comarca de Vinalopó en una de las más favorecidas de España, haciendo que el viñedo alcanzase en muchos lugares carácter de monocultivo y que las estaciones de ferrocarril se vieran acompañadas de decenas de grandes bodegas de empresarios exportadores, tanto españoles como extranjeros.

Ya en el siglo XX, y aunque también aquí hubo que sustituir muchos viñedos afectados por la filoxera por otros con planta americana, la demanda de los vinos de Monastrell, ya no sólo por el mercado exterior sino también por el de otras regiones de España, impulsó de nuevo las plantaciones de viñedo hasta el punto de que en 1977 se catastraron más de 30.000 hectáreas de viñedo de vinificación, que luego se irían reduciendo hasta las 7.700 actuales, todas ellas acogidas a la D.O. Alicante y su consejo regulador. La elaboración se practica en una docena de bodegas cooperativas, entre las que destaca, por su proyección comercial y sus vinos embotellados, la de BOCOPA, una bodega cooperativa de segundo grado creada en 1987 por varias cooperativas de esta comarca y de la Marina. Hay otra docena de bodegas privadas, algunas de larga tradición como la de Primitivo Quiles y la de Salvador Poveda (hoy Bodegas Monóvar del grupo MGWines) en Monóver, y las de Enrique Mendoza, El Sequé o Bernabé Navarro en Villena.


El viñedo de uva de mesa

Los viñedos dedicados a uva de mesa forman un paisaje muy particular y perfectamente diferenciado del de los viñedos de vinificación. Aunque actualmente se halla muy disminuido con respecto a finales del siglo XX, en que llegó a ocupar más de 10.000 hectáreas, todavía forma una masa relativamente compacta con cerca de 4.800 hectáreas concentradas en los términos de Monforte (1.550), Novelda (1.100), Aspe (717), Agost (470), La Romana (360) y El Fondó de les Neus (223). Se trata de plantaciones exclusivamente de regadío, siempre formando emparrados, algunos en espaldera y otros elevados, en los que se cultivan principalmente uvas de las variedades Aledo e Ideal, acompañadas de otras menos extendidas como la Roseti, la Ohanes, la Moscatel y la Italia. Las dos primeras suman unas 2.200 hectáreas acogidas a la D.O. Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó, con las que se abastece el mercado interior de las tradicionales uvas de la Noche Vieja, cuyo consumo se estima en unos dos millones de toneladas.
La tradición de la uva de mesa en esta comarca se remonta a época musulmana, cuando no solamente servía para su consumo en fresco sino también para hacer uvas pasas que se guardaban para el invierno y cuya exportación constituyó durante siglos una de las principales partidas expedidas por el puerto de Alicante. De ello ya dio cuenta a finales del siglo XV el médico y viajero alemán Jeronimus Münzer, quien durante su estancia en estas tierras fue informado de que en un valle cercano, y cita concretamente a Aspe, los "sarracenos" producían uva pasa que era exportada por toda Europa.

Por lo que respecta a la uva fresca su conservación en las cepas hasta la Navidad e incluso el mes de Marzo ya fue resaltada en 1764 por el ilustrado José Antonio de Valcárcel, quien describe como los agricultores de Xixona plantaban las vides al abrigo de ribazos y paredes, protegidos por árboles de hoja perenne (pinos y sabinas) que las cobijaban cuando los sarmientos perdían su follaje. De esta suerte las uvas se mantenían en las parras hasta Navidad en que eran expedidas a Madrid y otras ciudades. Su transporte se hacía en toneles o tinajas, intercalando las uvas con capas de ceniza, salvado o paja que favorecían la conservación y amortiguaban los ajetreos del viaje. (Valcárcel, 1764).
Pero la gran expansión de la uva de mesa no se produciría hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando las mejoras en los medios de transporte y la recuperación económica de Europa y España convirtió a la uva en una de las frutas más demandadas por los consumidores entre los meses de julio y diciembre. En los alrededores de Alicante, Monforte, Agost y Aspe, donde se habían acondicionado y puesto en riego grandes porciones de terreno para el cultivo de tomates, al finalizar el ciclo de los mismos, se aprovecharon las instalaciones para plantar viñedos de mesa, cultivo mucho más estable. El éxito en el mercado movió a muchos agricultores de la Cuenca de Novelda a pedir créditos a la Caja de Ahorros de Novelda para transformar sus tradicionales campos de secano en emparrados de viña, lo que suponía una fuerte inversión de capital y esfuerzo humano.

Así se fue transformando un paisaje que había sido de secano por otro de regadío, mucho más rentable, que actualmente se reparte entre 700 viticultores y produce cada año del orden de 14 o 15 millones de toneladas, de las que un 60% se destina al mercado interior y el otro 40% se exporta a nuestros socios de Unión Europea, especialmente a Francia y Alemania.

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