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Pensamientos de José Pascual
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Blog Pensamientos de José Pascual - José Pascual Prats Besó

José Pascual Prats Besó

Nací en 1962. Soy Ingeniero Industrial superior por la Universidad Politécnica de Valencia. Disfruto enormemente de la compañía de la familia y los amigos, y soy un hombre de costumbres sencillas.

Sobre este blog de Comunitat

Espero que mis artículos aporten a los lectores algunas ideas y temas de conversación.


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  • 27
    Octubre
    2013

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    De algo hemos de comer

    Tanto nuestros antepasados hace miles de años como nosotros ahora, hemos buscado nuestro sustento y el de nuestras familias.  En una sociedad primitiva la búsqueda del sustento es una operación directa:  cazar un animal, recolectar productos comestibles… o ya en una sociedad más avanzada la agricultura y la ganadería.

    Actualmente,  y especialmente con la vida en la ciudad,  la búsqueda del sustento se hace muchas veces de forma indirecta.  Por ejemplo, en un trabajo como el mío una tarea podría ser definir un proceso para el tratamiento de unos datos. Si se trabaja en una empresa que paga un salario por hacer ese tipo de cosas,  una vez al mes y concretamente el día de pago de la nómina, se produce un cambio en la información registrada en el ordenador de la entidad bancaria del asalariado, que resulta que dice que hay un numerito cuyo valor se ha incrementado precisamente en el importe de esa nómina, y como consecuencia de ello a partir de ese preciso instante esta persona tiene más posibilidades de conseguir bienes y servicios para su familia que el día anterior.  Curiosamente y por ese mismo hecho de recibir el salario también se producen cambios en la información registrada en el ordenador de la empresa,  en el de la entidad bancaria con la que trabaje la empresa, en el de la Seguridad Social,  en el de la Agencia Tributaria… todo debidamente relacionado e interconectado. Son procesos de cierta complejidad pero cotidianos al fin en estos tiempos modernos.

    Entonces un dia cualquiera, sabiendo que puedo hacerlo con tranquilidad, saco un rectangulito de plástico que tengo en mi cartera y ¡zas! marcando cuatro números salen de un cachivache empotrado en la pared unos papelitos con los que puedo conseguir el sustento de mi familia,  o incluso en algunos establecimientos puedo no utilizar esos curiosos papelitos de colores,  sino que directamente enseño el rectangulito de plástico junto con otro del mismo tamaño que tiene una foto mía, y después marco los cuatro números mágicos en un teclado, y ¡ya podemos llenar los platos de la mesa o ponernos unos pantalones nuevos! Sorprendente todo esto ¿No?

    Directa o indirectamente el resultado final es similar.  En cualquier época, para poder subsistir es necesario tener ciertas aptitudes y que la Divina Providencia nos permita que ese saber nos sea útil.  Antiguamente había que tener buena forma física, la suficiente habilidad, y que se te presentase un animal delante o poder obtener productos de la tierra directamente,  y hoy en día hay que tener capacidad para desempeñar un trabajo y que alguien esté dispuesto a pagarnos por ello. Mi antepasado persiguió un dia un jabalí hasta abatirlo y yo hoy he hecho unos cálculos matemáticos a partir de unos datos obtenidos de un sistema informático, y al final resulta que los dos tenemos algo que llevarnos a la boca o algo con lo que vestirnos mediante procesos completamente diferentes.

    Dentro de esta crisis, que según dicen sesudos economistas ha llegado ya al punto de inflexión y se va camino de una nueva prosperidad, a pesar de que realmente es un auténtico drama para las personas que llegan a una situación de pobreza en lo que se considera una sociedad avanzada, en España actualmente sigue siendo más fácil conseguir la comida o el vestido que en muchos otros lugares del mundo. Antes de morir de inanición se puede recurrir a sobrantes de supermercados o restaurantes, comedores sociales,  albergues benéficos, parroquias,  ONGs,  algún familiar o amigo, etc.  Sin embargo a fecha de hoy sigue habiendo personas en el mundo, que no son personajes de ficción de una película o una novela,  sino personas de carne y hueso con sentimientos como nosotros, que tienen muchas dificultades para cubrir sus necesidades más elementales.  Como ejemplos que se presentan con certeza (cada uno puede completar esta lista con otras situaciones que se le ocurran) podemos apuntar:

    • Personas de países en conflicto con frecuentes situaciones de hambruna generalizada, que llevan años viviendo en campos de refugiados, con escasas oportunidades para poder prosperar por si mismos y teniendo que depender de la ayuda humanitaria.
    • Personas que viven en países donde los gobiernos ejercen un poder absolutamente abusivo y corrupto,  y que a pesar de tener rentas per cápita similares a las de los países “avanzados” el pueblo vive en absoluta miseria,  mientras unos pocos afines al gobierno viven en un continuo derroche y ostentación de riqueza.
    • Personas que llevaban una vida acomodada y que de la noche a la mañana una catástrofe natural o una guerra los ha dejado sin nada.

    ¿Tenemos la certeza de que ese tipo de noticias siempre se producirá en otro lugar? ¡Que no cunda el pánico! No quiero ser catastrofista, tengamos la Esperanza  de que una vida mejor es posible con toda seguridad,  pero ahora supongamos por un momento que nuestra situación actual empeorase seriamente a causa de una catástrofe natural de gran envergadura o lo que es mucho peor, un conflicto armado de larga duración.  Entonces el rectangulito de plástico que llevo en mi cartera, que no es comestible directamente,  ya no me permitiría obtener sustento, porque los dispositivos sobre los que se puede usar estarían fuera de servicio,  y de poco serviría también mi formación técnica, porque en esa situación trágica posiblemente nadie pagaría por lo que yo sé hacer.  En ese escenario extremo tendría como en el pasado una ventaja para la supervivencia quien supiera obtener la comida directamente,  y yo lo tendría muy difícil porque no tengo ni idea de cómo se ordeña una cabra ni como cultivar hortalizas en un trocito de tierra que no estuviese degradado por la destrucción,  ni tampoco soy un corredor lo suficientemente ágil como para capturar un animal comestible.

    La mayor causa de que haya personas que no puedan cubrir sus necesidades dignamente es la avaricia y el ansia desmesurada de riqueza de algunos, y esta avaricia es independiente de la clase social. Hay empresarios explotadores que atesoran riquezas a base de oprimir a sus trabajadores,  pero también hay empresarios honrados que cada mes hacen un gran esfuerzo de trabajo bien hecho y de uso eficiente de recursos para que se pueda mantener la empresa activa y así pagar las nóminas a sus empleados.  Asimismo,  hay trabajadores cumplidores que se ganan el sueldo de verdad con lo que se genera como fruto de sus tareas, y hay auténticos “listillos” no merecedores de tener un puesto de trabajo como el que tienen, que viven apoltronados con un mínimo desempeño y además son capaces de traicionar a sus propios compañeros para su propio provecho. Hay sindicalistas que desde el fondo de su corazón defienden con fuerza los legítimos derechos de los trabajadores y actúan bajo ese principio,  mientras que otros desde el sindicato buscan solamente el dinero y el poder utilizando a los trabajadores como moneda de cambio. Incluso me atrevo a decir que habrá gobernantes con un auténtico espíritu de servicio que asumen las responsabilidades de su cargo,  aunque también desgraciadamente está comprobado que los hay para los que parece que no tiene límite la búsqueda del propio beneficio aprovechando su posición de poder.

    Por eso,  si en este momento tenemos las necesidades cubiertas, acordémonos de quien no las tiene, cercano o lejano, y hagamos algo concreto y tangible para mejorar esa situación,  porque nuestras circunstancias pueden cambiar repentinamente.  Llegar a la Caridad con mayúsculas (Amor del que nos habla Jesucristo) y no quedarnos en una mera “limosna a los pobrecitos” (aunque desde luego mejor es eso que no hacer nada, aunque no sea tan perfecto) no es tarea fácil,  pero sin llegar a la santidad que requiere la Caridad, por un mero sentido práctico y de justicia elemental hay que darse cuenta de que si cambian las circunstancias que nos rodean de una forma extrema, a lo mejor ese menesteroso que veo todos los días y que duerme en la calle es quien me ayuda a mi a comer,  porque él sabe como sobrevivir en esas circunstancias de no tener nada, donde mi preparación universitaria y experiencia profesional que me han permitido vivir hasta ahora tal vez no sirvieran de mucho.

    Y si no tenemos las necesidades cubiertas no nos avergoncemos de pedir ayuda, aunque desde luego no es fácil ni agradable, porque cualquier persona se puede ver en esa situación y no es nada deshonesto.

    Y entonces… ¿Qué vas a hacer tú? Hoy puedo cenar y mañana Dios dirá.  Si mañana no pudiera tal vez haya algún alma caritativa que me ayude desinteresadamente ¿O tal vez no? Esperemos que si.

     

     

     

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