14 de octubre de 2015
14.10.2015

López:«Los mataron porque eran sacerdotes, ése fue su delito»

El obispo Casimiro López presidió ayer la ceremonia de reconocimiento y autentificación de los restos de los tres prelados «asesinados como mártires» durante la Guerra Civil

14.10.2015 | 08:08
López:«Los mataron porque eran sacerdotes, ése fue su delito»

Los tres sacerdotes a los que la Iglesia considera mártires al morir como consecuencia de su fe, ya reposan en la Arciprestal de Nules junto a la imagen del Sagrado Corazón, después de la eucaristía en la que se reconocieron y autentificaron sus restos, en «sufragio del eterno descanso de sus almas esperando que sean beatificados y canonizados», según explicó el obispo, Casimiro López.

La memoria de los sacerdotes no solo estuvo presente en las tres urnas que presidieron el altar durante la misa, sino también en algunos de los elementos que se utilizaron en la celebración, como la casulla que vestía el obispo o el cáliz, que fueron propiedad de uno de ellos, José Mª Torres, y en la presencia de sus familiares, ya que según reseñó Casimiro López, se contaba con la asistencia de la sobrina de uno de ellos, así como con la de las dos forenses que analizaron los restos exhumados.

A los pocos minutos de iniciarse el culto, el delegado diocesano para la causa que tiene como objetivo lograr la beatificación de cientos de sacerdotes, religiosos y monjas que murieron durante la Guerra Civil, se encargó de nombrar a los nueve hombres que «ejercieron su ministerio en Nules» y que murieron en septiembre de 1936 en diferentes puntos de las provincias de Castelló y Valencia: José Mª Gayet Safont, Vicente Quirol Pascual y Vicente Llombart Monforte (los tres cuyos restos han sido identificados), José M.ª Navarro Monforte, José Mª Torres Miralles, Vicente González Esbrí, Santiago Obón Troncho, Vicente Segarra Alguero y Francisco Vernet Margalet.

El obispo afirmó que «todos los testigos consultados son unánimes, los mataron porque eran sacerdotes, ese fue todo el delito que cometieron». Según se relató, algunos murieron fusilados, otros fallecieron en la cuneta de caminos donde se supone que fueron enterrados sus restos, pero casi todos, tal y como el mismo informe forense confirma, «murieron rezando», alguno con un rosario entre las manos, víctimas de una «sangrienta persecución».

Casimiro López quiso resaltar la importancia del acto que se celebró ayer para la comunidad cristiana de la localidad asegurando que «habían ejercido su ministerio de manera ejemplar en Nules, pertenecen a la historia de esta comunidad y no queríamos que permanecieran perdidos en el tiempo».

Los argumentos que hacían referencia a la asociación de su fallecimiento con la muerte y resurrección de Jesucristo fueron constantes, llegando a afirmar que el camino de los tres sacerdotes «mártires fue ser Evangelio vivo y vivido» lo que les permitió «seguir de muy cerca las huellas de Cristo». Además no dudó en señalar que «donde solo había odio supieron poner amor y perdón», ya que según el obispo, todos ellos «perdonaron a sus verdugos», «a pesar de los maltratos y las mofas» a los que les sometieron. Decenas de personas fueron testigos del momento en el que se depositaron las urnas con los restos de los tres sacerdotes en las cajas de madera colocadas en la pared junto a la imagen del Sagrado Corazón, un lugar preferente, ya que es claramente visible desde una de las entradas principales del templo y por encontrarse al lado del altar principal. Junto a ellas se ha colocado una gran placa que reproduce las fotografías de los nueve mártires, con sus nombres, su cargo, su lugar de nacimiento y la fecha de su muerte.

A la espera de la beatificación

Es interesante destacar que estos restos no pueden ser objeto de culto público, al menos hasta que no se decida su beatificación, pero sí que podrá realizarse el culto privado, de hecho desde la Parroquia se confirma que son muchas las personas «que les conocen y piden su intercesión», según explicó el párroco, Esteban Badenes.

Casimiro López finalizó su homilía emplazando a los presentes a «rezar para conseguir el reconocimiento oficial de su martirio», que llegaría en el momento en el que el Papa les declarara beatos.

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