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Mariano Tomás

´Abrí la puerta del juicio Alcàsser para que se viera la realidad´

 13:10  
´Abrí la puerta del juicio Alcàsser para que se viera la realidad´
´Abrí la puerta del juicio Alcàsser para que se viera la realidad´  
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Magistrado y escritor taurino. Han tenido que transcurrir trece años para que el magistrado que presidió el juicio del caso Alcàsser rompa su silencio. Tomás desvela las claves de aquellos dos meses intensos acompañados de un juicio paralelo y precedidos de una campaña mediática orquestada desde algunas televisiones que intentó influir en la decisión del tribunal.

LA GALERÍA DE J. R. SEGUÍ ¿Magistratura o taurología?
Ahora toros. Estoy jubilado.

Dos campos difíciles de entender por su espacio de aproximación o por los polos de su encuentro.
El toro es un arte y lo otro, una profesión. Nací en una familia muy aficionada. Desde pequeño fui a los toros. Escribir sobre tauromaquia, sobre el arte de los toros, me permitió desconectar del trabajo. En mis comienzos como juez fue una válvula de escape. Llegué al mundo taurino gracias también a Ortega y Gasset. En su obra descubrí la taurología, la forma de reflexionar sobre el mundo de los toros desde una perspectiva que no era periodística.

¿Si lo suyo eran los toros, su familia gestionaba la plaza de Hellín y era su mundo, por qué no eligió el sendero de los ruedos?

Porque a todos les llega el momento de elegir una profesión y existía una tradición familiar.

¿Fue sólo por ese motivo y no debido a una vocación?
A la Magistratura se le ha dado una especial importancia cuando se trata de una profesión esencialmente técnica. Se habla mucho de vocaciones, pero la vocación es un ideal. La mayoría de las profesiones vocacionales son bastante decepcionantes. Una cosa es la vida tal y como la imaginamos y otra, como la vivimos.

Resulta algo dura su reflexión cuando tuvo que lidiar con uno de los casos más tórridos y, al mismo tiempo, más manipulados por algunas televisiones como fue el caso Alcàsser.
La Justicia es una responsabilidad que tiene raíles. El juez correcto es aquel que se somete a la ley. Desde el descanso de la responsabilidad, resulta más dificultoso el papel de un periodista que el de un juez. Un periodista no tiene raíles y un juez, sí. Y además, sus enjuiciamientos están normados. Hay periodistas éticos, literarios y otros que inventan.

¿Podría centrar esa idea?
Los periodistas son jueces que llegan rápidamente al público, y yo voy con mucho rail, muy sometido tanto a la ley formal como a la sustantiva, y mi capacidad es distinta; en el periodismo, el subjetivismo parece importante.

¿He de entenderlo como una crítica, después de todo lo que sucedió y el uso interesado que realizaron algunas cadenas de televisión del caso?
Creo en el periodismo como la función que se desarrolla dentro de unos límites objetivos, y en el juez como alguien que ha de ser discreto y pasar desapercibido. En el caso Alcàsser, del que habla usted, di todas las facilidades. Creo que en ese aspecto fue único y modélico.

¿Abrió las ventanas para airear?
Y porque se estaba construyendo una teoría de la oscuridad. Consideré que eran necesarios muchos taquígrafos y mucho bolígrafo. Y eso no gustó, porque el sistema es todo lo contrario. Además, en aquel juicio procedía hacerlo. Nunca había dejado antes que entraran las cámaras a mis vistas, ni nunca he concedido una entrevista. Lo único que quise es que se viera el juicio, que cuanto mayor número de personas lo vieran mejor y luego, que cada uno opinara lo que quisiera aunque la realidad estaba delante de todos.

Abrir las puertas le costó ser vilipendiado por aquellos a los que desenmascaraba y un acto de valentía que no todos respetaron.
No tengo esa sensación. El juicio de Alcàsser para mí era el territorio que ocupaba. Todo lo demás estaba patrocinado por anuncios, por gente que se hizo rica por ese tema. Pero eso no me importaba... eso es la sociedad.

No sé si quiere decir que ha dejado de creer en ella o que aquel caso le provocó a usted mismo un antes y un después y una laguna de decepción en muchos temas sociales y profesionales.
No, no, la sociedad es como es. Hoy en día gustan más las cosas tremebundas y el caso en concreto caía en lo tremebundo y como se anunciaba, pues había dinero, y como había dinero pues aquí estamos. Si suceden estas cosas es porque se tocan temas que a la gente le gustan.

Pero fue realmente duro y el primer caso mediático de la justicia moderna, algo que se repite.
Seguramente sí. Es cierto. Pero el problema que existe hoy es de otra índole, de orden público.

No sé si refiere al caso Malaya o a otros tantos más en los que la banalización de la Justicia, por parte de algunas televisiones, han terminado por crear auténticos monstruos de las pantallas.
Si se despierta un tipo de interés es porque la gente reclama ese tipo de información. Ahora ves cámaras porque los acusados son conocidos, pero en cambio no veo mucho acercamiento de los juicios a la ciudadanía. A la sociedad se le informa, pero no se le muestran las pruebas. Si los temas de la justicia interesan hoy al público es porque quienes cometen delitos son cada vez más conocidos.

En su caso los hicieron.
Se encargaron de hacerlos conocidos durante un año largo. Algunos se dieron cuenta de que aquello podía interesar, se dio la imagen de oscurantismo, de tergiversación cuando, realmente, era un caso horroroso.

¿Le dio muchas vueltas a la cabeza? ¿Llego a convertirse en una obsesión?
La verdad es que lo cogí apenas unos meses antes de que empezara el juicio.

¿Qué pensó cuando cayó en sus manos?
Que se trataba de una asunto de mucha importancia, por el resultado en que se había convertido y porque se estaba tratando de forma mediática de forma incorrecta.

¿Llegó a preocuparle? ¿Le asustó?
Yo no me asusto. Lo que le di fue la lectura de responsabilidad del momento. Me planeó la misma forma de actuar que se tiene en cualquier juicio, porque todos los juicios son importantes para un juez. Yo he tenido casos más importantes y nadie ha escrito nada de ellos.

¿Quiere decir que hay jueces que airean sus casos para que se escriba de ellos?
Siempre hay falta de discreción, ¿no?

Usted cedió a todo y su paciencia fue muy comentada.
Pero fue relativamente bastante fácil porque se pidió la presencia de muchos testigos y se citó a todos: se pidieron muchos peritos, y vinieron todos. Las sesiones transcurrieron de forma normal, pero fue un papelón. No por el tipo judicial sino porque te llegaban noticias de que se hacían comentarios inadecuados. Pero soy de los que creen que uno se tiene que aislar ante asuntos así.

¿Pudo hacerlo sin sobresaltos?
Sí, yo me aislé sencillamente dedicándome sólo al juicio porque hubo un momento que hasta me reconocían por la calle.

¿No vio los innumerables programas televisivos que convirtieron aquello en un serial, ni leyó periódicos durante el tiempo del juicio?
Leí algo de los periódicos, editoriales, pero no profundizaba. Supongo que mi familia sí vería algunas cosas pero con mi padre tampoco hacía comentarios porque él también fue juez.

Al menos, el ruido, la responsabilidad, el maremágnum social cambiaría algunas cosas en su forma de ver la vida.
Desde mi posición, la importancia que tenía el caso, o lo que representaba, era lo horroroso del mismo y comprobar cómo había tanta gente pendiente de un asunto que para mí era normal desde el punto de vista profesional. Mi responsabilidad estaba en favorecer a la Justicia. Procuré evitarlo todo para no intoxicarme. Fue un juicio que duró dos meses, y eso cansa. Se celebró en sesiones de mañana y tarde, y no había mucho tiempo que perder porque lo que buscaban otros era ganar tiempo. Además, el caso generó muchos asuntos que exigían resoluciones que dictar sobre la marcha. Había que trabajar a toda hora y en cada momento.

¿Alguna vez sintió miedo, se consideró amenazado?
No. Bueno... Terminé de redactar la sentencia en julio y yo siempre voy a Bilbao la última semana de ese mes a los toros. Al llegar al hotel, y mientras subía a la habitación, un hombre entró conmigo en el ascensor. Me dijo: "es usted muy valiente". Me asusté. Luego me dijo que era periodista y que me había reconocido. Pero no, no tuve miedo.

Y ahora, desde la distancia, ¿le preocupa que le recuerden como el juez del caso Alcàsser?
Es un hecho, pero no, no me preocupa. Dictamos una sentencia que se ratificó plenamente y que técnicamente era incuestionable. Lo demás fue también una simple cuestión mediática. A uno le toca el caso Alcàsser y a otro... El problema no era ser el juez del caso sino que no se hubiera podido terminar, o que el Tribunal Supremo hubiera anulado la sentencia porque eso sí hubiera producido en los magistrados un aspecto negativo. A nosotros sólo nos movía que la sentencia fuera correspondiente.

¿Tuvo la sensación de ser el juez juzgado?
Que quiere que le diga. Evidentemente. Por eso no podíamos ver nada. Y lo que no podíamos hacer era cerrar las emisoras de televisión, ni creo tampoco que sea algo adecuado hacerlo.

Pero los juicios paralelos son los peores.
Sí, pero lo que no se puede es prohibir opinar sobre un juicio. Todo es juicio paralelo. La gente siempre realiza juicios paralelos de todo, sólo que lo hace en un bar y algunos periodistas delante de una cámara. Eso es inevitable y responde al derecho de Libertad de Expresión. Por eso digo que los jueces lo que tienen que hacer es meterse en lo suyo y trabajar.

¿Qué hacía para evadirse de ese acoso, del propio caso en sí?
Nada en especial. En serio, trabajé mucho. El juez es una persona que tiene una misión muy concreta: la práctica de las pruebas, la valoración de la prueba y la interpretación de la ley que viene dada ya por el Supremo. Si un juez sabe escuchar, sabrá valorar la prueba; si no sabe escuchar...

¿Miró a los ojos a Ricart?
Muchas veces.

¿Y que veía?
Me he pasado la vida viendo gente de este tipo. Y él, cada día, tenía una mirada según cómo le iba el juicio. Pero todas esas cosas, puede ser interesantes para el público, pero no para un juez. Lo que mi trabajo impone es responsabilidad y huir de las interpretaciones maliciosas que pueden acabar perjudicando a la justicia.

¿Vivió algún momento complicado?
Ninguno. El hecho de que entraran las cámaras hizo actuar de otra forma a los que actuaban porque todo estaba a la vista.

¿Tiene algo que decirle a Fernando García?
Nada en absoluto. Incluso le recibí. Me dijo que iba a estar persiguiendo a los autores del crimen toda su vida... bueno

¿Lo más difícil fue redactar la sentencia?
Hubo que revisar muchos papeles. Las técnicas judiciales son complicadas. Lo que hay que pedir a Dios es que en la valoración de la prueba aciertes. El juez no está obligado a acertar. A lo que está obligado es a explicar su decisión con las pruebas que le lleven y valore. Por eso no se pudo tocar la sentencia. Que después aciertes o no, arriba a lo mejor, nos enteramos. Nosotros tuvimos el convencimiento de lo que hicimos.

¿Cuándo durmió más tranquilo?
Desde que acabó el juicio.

¿Ha terminado cansado de la justicia?
La justicia es dura de practicar.

¿En este país más?
En todos los sitios debe de ser por el estilo. Si existe un tema que vende supongo que será igual.

También dependerá de la transcendencia social del caso. No es lo mismo el expolio de un ayuntamiento que un crimen pasional.
Eso está claro. Por eso digo que un juez ha de estar fuera, y lo tiene fácil, porque ha de ajustarse a la ley. Pero sólo puedo hablar de lo que he hecho. Ahora, que otros quieran ésto o aquello, o figurar más o menos... Nunca he sido un juez de aspiraciones. La justicia en sí es suficiente. No se necesita hacer carrera.

¿Hay muchos magistrados preocupados en hacer carrera?
Como en todas las profesiones.

¿Y que me dice de la persecución política a los jueces?
Eso ya es un problema porque en España la Constitución constriñe mucho al juez. Hoy en día la política está metida en todo. No diré cuánto, pero sólo hay que ver cómo se producen los nombramientos. Antes los jueces los elegíamos nosotros.

Estaba pensando también en el tránsito de Garzón, por ejemplo.
No puedo hablar del tema porque está en manos del Supremo, y si lo han encausado, por algo será. En la profesión de juez también se pueden cometer delitos.

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