21 de noviembre de 2015
21.11.2015

Amón-ra en Casablanca

21.11.2015 | 04:15

En la película Casablanca, el mundo se derrumba y Rick e Ilsa se enamoran en París, y se enamoran de tal manera que Ilsa no sabe si lo que escucha son los cañones o los latidos de su corazón. El mundo sigue en caída libre, más acelerada desde el horror del pasado fin de semana en París seguido por el horror de más bombardeos en el castigado Oriente, y nosotros nos enamoramos aún más del fútbol con la excusa del partido entre los partidos, el clásico entre los clásicos, el Real Madrid-Barcelona de todas las temporadas. No sé si lo que escucho son los gritos de pánico de los parisinos, los gritos de odio de los ignorantes asesinos (como dice Charlton Heston en El planeta de los simios: «Yo les maldigo a todos»), los gritos de los que piden venganza o los gritos de los aficionados animando a su equipo. Así es el amor. El mundo se derrumba y nosotros seguimos aquí, hablando de fútbol. No sé si es frívolo enamorarse como Rick e Ilsa en Casablanca o hablar de fútbol como hacemos nosotros en Fútbol es fútbol cuando el mundo se derrumba, pero el Terminator modelo T-850 de la película Terminator 3: la rebelión de las máquinas, interpretado con perfecta cara de palo por Arnold Schwarzenegger, dice que la frivolidad es buena porque alivia la tensión y el miedo a la muerte. Hablar de fútbol, de si Ronaldo está a gusto en el Madrid o no, de si Messi se habrá recuperado de su lesión, de si el sistema de Benítez funciona o sólo da resultados, del hombro de Sergio Ramos o de la sonrisa de Neymar comparada con el rictus de Benzema es una frivolidad, de acuerdo, pero si hasta un ciborg tiene entre sus subrutinas una piscología básica que le advierte del valor de la frivolidad, no es raro que los humanos en general y los futboleros en particular veamos el partido Madrid-Barça como una forma de aliviar la tensión y el miedo a la muerte, al fanatismo, la ignorancia, la locura y las chifladuras metafísicas.

En todo caso, y como un intento de hacer compatible el fútbol y el horror, podríamos proponer que, sólo por un día, los madridistas no sean sólo madridistas y los culés no sean sólo culés, sino que unos y otros se declaren madriculés o culedistas. A los antiguos egipcios les gustaba fusionar en una sola entidad dos divinidades diferentes, y añadiendo el nombre de un dios al de otro se descubría en cada dios un aspecto de su identidad que representaba el otro dios. Si los egipcios podían creer en Amón-Ra o KhonsuShu, no veo por qué los futboleros no podemos disfrutar con el juego del Madridlona o el Barcedrid. Ya digo, sólo por un día. Para que se jodan los fanáticos. En Egipto, la asociación de dos dioses no sólo no afectaba a la autonomía de los dioses afectados sino que cada uno proseguía su existencia en paralelo. Amón seguía siendo Amón y Ra seguía siendo Ra a pesar de Amón-Ra.

Como dice el egiptólogo Pascal Vernus, los dioses egipcios no exigen exclusividad ni son celosos, y da la impresión de que el panteón egipcio se encuentra en un estado de ósmosis constante, indiferente a los conflictos que enfrentan a sus fieles. Seamos egipcios por un día. Que ni Madrid ni Barça exijan exclusividad, que no sean celosos, que se asombren de los conflictos que enfrentan a madridistas con culés. Por un día, sólo por un día, disfrutemos del fútbol sin más. Que los madridistas admitan la belleza del juego del Barça que sale de los pies de Busquets y que los culés se rindan ante la exuberancia goleadora de Ronaldo. Seamos todos, por un día, devotos de Amón-Ra. Luego el fútbol seguirá su camino, como les sucedió a Rick y a Ilsa, pero seguro que volveremos a encontrarnos en el Café de Rick mientras Sam toca en su piano El tiempo pasará. Na-na, na-na, na-na€ Nana, na-na, na-naaaaa€

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