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Davos divisa nuevas crisis en el horizonte

La pandemia y la guerra traen efectos de segunda ronda sobre alimentos, energía y deuda

51ª edición del Foro Económico Mundial | ‘activos’

La 51ª edición del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés) finalizó esta semana con la sensación de que la incertidumbre que la invasión rusa de Ucrania ha traído a la geopolítica y a la economía no ha hecho más que empezar.

«El potencial de devastadoras crisis secundarias es alto», se advierte en las conclusiones de la encuesta trimestral que la organización realiza entre economistas jefes de todo el mundo, cuyos últimos resultados fueron publicados este mismo lunes, el mismo día que dio comienzo el Foro de Davos. El informe hace alusión a la «crisis tridimensional», de segunda ronda, sobre alimentos, energía y deuda (pública y privada) a la que se enfrenta el mundo como consecuencia del encadenamiento de la pandemia con la guerra en Ucrania y advierte de que todo ello «podría equivaler a una tormenta perfecta que amenaza con devastar las economías de los países en desarrollo».

Los peores efectos de la crisis energética se esperan para el próximo invierno y las mayores consecuencias de la que puede ser «la mayor hambruna en décadas» -en palabras del canciller alemán, Olaf Scholz- pueden llegar a partir del año que viene. De ahí el poso de pesimismo que ha dejado este Davos, por más que el fundador del WEF, Klaus Schawb, se esforzara por hablar de «sensación de optimismo» el jueves, en la jornada de clausura.

Pedro Sánchez, presidente del gobierno en Davos | ‘activos’

Cumbre capitalista

En su medio siglo de existencia, el Foro de Davos ha ido acompañando (cuando no, impulsando) el proceso de permanente reinvención con el que el capitalismo liberal está logrando sobrevivir por encima de cualquier otro modelo económico. En esta edición, el reto se ha presentado mayúsculo, pues la invasión rusa de Ucrania es interpretada como un ataque al modelo de democracia liberal que está en la base del capitalismo.

La pequeña localidad suiza de Davos, en los Alpes, es el lugar en el que líderes políticos, sociales y económicos de todo el mundo se vienen reuniendo desde hace medio siglo para detectar las grandes tendencias globales y adaptar a ellas las respuestas de los gobernantes y las oportunidades de negocio de las empresas. Y aunque esta edición ha contado con un menor número de asistentes (un total de 2.500) y con una escasa presencia de Estados Unidos o China (y la ausencia total de Rusia), Davos ha vuelto a jugar su papel como lugar de debate y prospección.

«Para nosotros, Davos es muy importante para detectar cuáles son la tendencias mundiales. Nos permite ir adaptándonos a ellas con anticipación», explicaba el directivo de una multinacional española. «Sin embargo me ha faltado escuchar recetas», añadía después.

Los nuevos retos apuntan en la dirección de la crisis alimentaria, la inflación, y la energía. La desglobalización se percibe por los economistas encuestados como «la tendencia más significativa que se observa en estos momentos en la economía mundial»; su consecuencia es la relocalización de procesos productivos en Europa y países desarrollados para evitar la dependencia de terceros países en bienes esenciales. Esta es, precisamente, la tendencia que ha llevado al presidente español, Pedro Sánchez, a entrevistarse con grandes tecnológicas estadounidenses dentro de la carrera europea por atraer millonarias inversiones para el diseño y la fabricación de los microchips que precisa la industria.

Ocho líderes empresariales españoles han participado en esta edición del WEF. Han acudido los presidentes de Telefónica, José María Álvarez-Pallete; de Naturgy, Francisco Reynés; de BBVA, Carlos Torres; de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán y de Ferrovial, Rafael del Pino, así como el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz. En representación del Santander, acudió su vicepresidente ejecutivo José Linares. También participó el CEO y fundador de Citibeats, Iván Caballero.

«Por primera vez después de dos años nos reunimos físicamente, y en los últimos seis años ha pasado un ‘bréxit’, una pandemia y una guerra en Ucrania. Es un Davos después de que muchas de las cosas inesperadas hayan sucedido. Hay muchas preguntas y todos andamos buscando respuestas sobre qué puede implicar todo esto en el futuro», reflexionó Álvarez-Pallete con un grupo de periodistas.

Davos es, además, el lugar donde los directivos pueden programar una ambiciosa agenda de reuniones bilaterales, al más alto nivel, con fondos y bancos de inversión, proveedores, competidores, ministros, presidentes de gobiernos o reguladores. «En un solo día puedes tener más reuniones de alto nivel que en muchos meses, sin necesidad de coger el avión ni atravesar continentes», contaba un asistente, y esto no deja de ser uno de los valores más apreciados por las empresas que acuden a Davos.

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