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MIM y «Soneguera»

17.09.2013 | 02:22

Emili Piera

El MIM llega a la vigésimo cuarta edición cuando la ermita de la Muntanyeta dels Sants, la de los santos Abdón y Senén, cumple cuatro siglos. Los santos «tenen cuixes de futbolista» „lo vio Rafa Ventura Melià„ en uno de los retablos cerámicos de la ermita, el más visible de un conjunto que no llega a excepcional, pero que es muy valioso e incluye lápida de fundación „1613„ escrita en valenciano y que atribuye al «clavari Miquel Cegarra» la construcción del edificio. En esta ermita se lanzan las sucesivas ediciones del MIM. Las entradas ya están a la venta.
Cualquier ciudad del tamaño de Sueca, como Algemesí, incluso más pequeña pero menos afectada por la soneguera que detectó Josep Sorribes, estaba en mejores condiciones que la capital de la Ribera Baixa para crear y mantener el MIM „una muestra de teatro gestual con proyección internacional– pero teníamos al director Abel Guarinos, un tipo constructivo e irónico, conciliador. Y sus excelentes equipos. Un talismán que hace que otras personas bien humoradas, como Josep Cataluña y los dineros «de lo que queda de Bancaja» acudan. Y se han ganado algunos céntimos más aportados por el Ministerio de Cultura y Diputación, de la que se espera que remoce el puente de Fortaleny „arquitectura del acero al estilo Eiffel„ y, abierto de nuevo, sirva, como estaba previsto, a paseantes y ciclistas. Alfonso Rus tiene la palabra.
Todos queremos a Abel y el MIM volverá a triunfar, aunque la ciudad haya perdido hasta el último de sus molinos arroceros. Mientras comíamos, Salvador Vendrell contó que ha aparecido un licor dulce de arroz, pero ha aparecido en Tortosa, no en Sueca que sigue produciendo su cuota de celebridades „el último predilecto ha sido el pintor Conrado „ y que tiene intenso poder de abducción sobre forasteros naturalizados como lo fueron Alfredo Claros, también pintor, y el político y periodista Peris Mencheta que para trazar la carretera a Corbera y Llaurí dijo, según la leyenda: «Allargueu el meu carrer i eixa serà la carretera». Así fue. Tenía dos magníficas hileras de plátanos, pero los talaron.

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